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10/09/26

Claves para desarmar el egocentrismo laboral y poner freno a la manipulación en la oficina y en WhatsApp

Por Román Reynoso para Mundo Norte

El desgaste cotidiano dentro de los equipos de trabajo suele tener un denominador común: personalidades que fagocitan el esfuerzo ajeno, monopolizan el debate y desvían cualquier responsabilidad ante el error. Según un informe publicado por TN Salud, especialistas en gestión corporativa y psicología advierten que la dinámica del colaborador autorreferencial carcome la productividad y destruye el clima interno. Sin embargo, en el terreno de las relaciones laborales se suma una variable crítica: cuando estas conductas son ejercidas por mujeres con rasgos egocéntricos, el patrón suele complejizarse con mecanismos de victimización estratégica y la apelación recurrente a la condición de género para blindarse frente a auditorías o señalamientos técnicos.



Este comportamiento ya no se limita al espacio físico de la oficina: se traslada con idéntica intensidad a los grupos de WhatsApp laborales. En las plataformas de mensajería instantánea, la persona egocéntrica satura los hilos de conversación, impone su agenda a cualquier hora, capitaliza capturas de pantalla para autoelogiarse y reacciona a los señalamientos laborales exponiéndose públicamente como supuesta víctima de persecución. Al quedar los intercambios expuestos ante todo el grupo, la apelación a la condición de género en el chat opera como un intento de linchamiento moral hacia quien formula una crítica operativa, buscando disciplinar al resto de los integrantes a través de la intimidación social.

El diagnóstico de base que exponen especialistas como Iris Reyna Sánchez Aizcorbe, referente en Gestión Corporativa, y la psicóloga Aimee Daramus, coincide en señalar la toxicidad del perfil: interrupción sistemática, apropiación indebida de logros colectivos y una marcada intolerancia a cualquier devolución que no sea complaciente. El problema escala cuando, ante la evaluación objetiva de resultados, el profesional egocéntrico apela a un relato exculpatorio. En ese plano, se observa con frecuencia cómo determinadas figuras intentan transformar una simple corrección de desempeño en un supuesto ataque motivado por cuestiones de género, neutralizando el reclamo legítimo de pares y directivos bajo la acusación velada de sesgo o discriminación.

Este blindaje discursivo, lejos de responder a problemáticas estructurales legítimas, funciona como una cortina de humo para evadir la rendición de cuentas. Como apunta el psicólogo Sebastián Girona respecto al patrón neurológico de quienes son autorreferenciales, la estructura de fondo permanece inalterable; lo que varía es la táctica defensiva. Convertir el reclamo laboral en una narrativa de persecución personal o de género anula el debate técnico y fuerza al entorno a transitar con cautela excesiva para no incurrir en falsas controversias.

Frente a este escenario, tanto en la convivencia presencial como en los canales digitales, los expertos subrayan cuatro líneas de acción concretas para mitigar el daño:

1. Fijar límites taxativos: Cortar de plano los desvíos narrativos sin entrar en discusiones dialécticas ni justificaciones innecesarias, limitando estrictamente el uso de WhatsApp a cuestiones operativas y dentro del horario pautado.

2. Documentación estricta de hechos: Respaldar tareas, plazos e intercambios mediante registros verificables, correos formales o actas. Los datos y las métricas eliminan la subjetividad del relato y neutralizan la manipulación en los chats.

3. Desactivar la validación constante: Evitar alimentar la necesidad de protagonismo del perfil egocéntrico, no responder a provocaciones o monólogos en los grupos y centrar la atención exclusivamente en los objetivos del área.

4. Construir redes de apoyo profesional: Generar acuerdos claros con el resto del equipo para sostener criterios comunes de evaluación y respuesta ante desbordes en canales compartidos.

La gestión de recursos humanos exige rigor operativo. Despojar a los conflictos laborales de manipulaciones discursivas —dentro y fuera de las pantallas— es el único camino para resguardar el talento genuino y garantizar que los resultados respondan al mérito profesional, sin coartadas.


Roman Reynoso 2026

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