Se creó el Ministerio de
Desregulación y Transformación del Estado con el objetivo de simplificar las
intervenciones del Estado. Una transformación prioritaria es la tributaria. La
manera de hacerlo es que los buenos impuestos absorban los malos impuestos para
que el aumento en la competitividad haga crecer la economía.
Un importante factor de
sobrecostos que sufre la producción nacional proviene del sistema impositivo.
Eliminando impuestos que encarecen espuriamente la producción se puede aumentar
la competitividad, sin apelar a una devaluación. El gobierno adhiere a este
diagnóstico, pero argumenta que –para no colisionar con el objetivo del
equilibrio fiscal– la eliminación de los malos impuestos está
supeditada a que la economía crezca y/o el gasto público baje.
Para explorar la consistencia
del planteo oficial resulta pertinente analizar la composición de la
recaudación total. Según el Ministerio de Economía, en el 1° semestre del 2024
se observa que:
- La presión tributaria nacional y
provincial ascendió a 28% del PBI.
- A través de los cuatro impuestos que más
erosionan la competitividad (derechos de exportación, PAIS, Cheque e
Ingresos Brutos) se recauda el 8% del PBI.
- Esto implica que para eliminar estos
cuatro impuestos y no perder recaudación el PBI debería aumentar
un 40%.
También es inconsistente
esperar bajar el gasto público para recién después eliminar los malos impuestos. A
nivel nacional, el gasto público se redujo en el primer semestre del año un
cuarto respecto a igual periodo del año pasado. Seguir bajando el gasto
nacional es necesario y posible, pero será un proceso largo y complejo. En el
caso de las provincias, el impuesto a los Ingresos Brutos financia, en
promedio, el 20% del gasto público primario provincial. Generar semejante
reducción del gasto en el corto plazo y de manera sostenible es inviable en la
mayoría de las provincias. En las provincias, más de la mitad del gasto público
lo explican las remuneraciones de los empleados que administran los servicios
públicos de salud, educación, seguridad, justicia y asistencia social.
Un camino alternativo es que
los buenos impuestos absorban los malos impuestos. Por
ejemplo, el IVA, Ingresos Brutos y tasas municipales tienen en común que los
tres gravan las ventas. Pero el IVA es un impuesto de mejor calidad. Entre
otras razones –que son las que explican de que sea el tributo sobre las ventas
más usado por los países desarrollados– porque perjudica mucho menos la
competitividad de la producción y es más fácil de controlar. Disponiendo que el
IVA absorba Ingresos Brutos y tasas municipales se podría simplificar el
sistema tributario, aumentar los niveles de cumplimiento y mejorar la
competitividad de la producción. Un proceso de este tipo está transitando
Brasil a los fines de eliminar los muy malos impuestos que se aplican sobre las
ventas para sustituirlo por un IVA unificado.
El flamante Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado tiene un rol crucial: impulsar las transformaciones que eviten dilapidar el enorme esfuerzo que viene haciendo la población para estabilizar la economía. Un paso esencial es eliminar los impuestos distorsivos. Esto no se logra esperando que el PBI crezca o el gasto público baje sino estableciendo que los buenos impuestos absorban los malos impuestos.
Portal de Noticias Mundo Norte Instagram: @mundonorte