Por Román Reynoso para Mundo Norte
La reciente aprobación de la
modernización laboral en el congreso se presenta como un hito para la
administración actual, con la promesa de dinamizar un mercado de trabajo
estancado. Sin embargo, un análisis riguroso de los datos indica que este paso,
aunque necesario, es apenas un alivio parcial frente a una crisis mucho más
profunda y estructural: el desorden del sistema previsional argentino.
Según un reciente informe del Instituto
para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), basado en cifras de la oficina de
presupuesto del congreso, el gasto público consolidado en el país saltó del
25,4% al 33% del producto bruto interno (pbi) entre los años 2004 y 2024. Lo
alarmante es que el componente previsional explica el 40% de ese incremento
total. En términos llanos, la mayor parte del crecimiento del estado en las
últimas dos décadas se volcó a sostener un sistema jubilatorio que hoy se
muestra financieramente insostenible.
Uno de los errores conceptuales más
frecuentes en el debate público es creer que el aumento del empleo registrado,
impulsado por la reforma laboral, será suficiente para equilibrar las cuentas.
La realidad es más compleja. La reforma apunta principalmente a empresas
medianas y grandes, pero el grueso de la informalidad habita en las pequeñas
unidades productivas, donde la baja productividad hace que incluso con nuevas
leyes el costo de la formalización sea prohibitivo.
El informe de Idesa subraya que el
problema no reside exclusivamente en la falta de ingresos por aportes, sino en
la anarquía del gasto. La expansión descontrolada de las moratorias, que
otorgaron haberes sin contraprestación contributiva, sumada a la proliferación
de regímenes especiales y al déficit de las cajas previsionales provinciales no
transferidas, han creado un gasto inflexible y creciente.
Para ordenar el sistema, no basta con mirar las leyes del trabajo. Se requiere un abordaje federal que vincule de manera directa el monto de los haberes con los aportes realizados durante la vida activa y la expectativa de vida al retiro. Mientras el liderazgo político no asuma la necesidad de un ordenamiento integral que incluya tanto a la nación como a las provincias, la reforma laboral será apenas un parche en un barco que sigue haciendo agua por el lado de la previsión social.
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