Por
Román Reynoso para Mundo Norte
La cartelera porteña recupera una de esas piezas que, lejos del estruendo comercial, logran calar hondo en la sensibilidad del espectador. Se trata de la segunda temporada de Sería una pena que se marchitaran las plantas, la obra del prestigioso dramaturgo croata Ivor Martinic que, bajo la dirección de Samir Carrillo, vuelve a ocupar los sábados por la noche en la sala de Palermo.
La
propuesta nos sitúa en el epicentro de una ruptura. En un departamento que
funciona como un archivo de lo vivido, una pareja —interpretada por Agustina
Tremari y Mauro J. Pérez, junto a Toto Salinas— transita el
complejo proceso de desarmar una historia compartida. Martinic, un autor que ya
ha demostrado su maestría para capturar la idiosincrasia argentina con éxitos
previos como Mi hijo sólo camina un poco más lento, vuelve a poner el
foco en lo mínimo: las discusiones pequeñas, los recuerdos que se contradicen y
ese símbolo tan doméstico como poderoso de las plantas que esperan no ser
olvidadas.
Lo que
distingue a esta puesta es su capacidad para romper la cuarta pared. Una voz
inesperada interviene en la escena, abriendo grietas en la narrativa y
obligando al público a enfrentarse a preguntas universales: ¿qué sobrevive de
nosotros cuando el amor se termina? ¿cómo se gestiona el olvido?
Con
una duración precisa de 50 minutos, la obra se sostiene en un texto depurado y
una puesta que prioriza la actuación y la atmósfera íntima. Martinic, radicado
en Barcelona pero con un vínculo indestructible con el teatro "off"
de Buenos Aires, confirma con esta pieza por qué es uno de los autores
contemporáneos más premiados y representados en Europa y Latinoamérica.
Las
funciones se realizan los sábados a las 20:30 horas en El Método
Kairós (El Salvador 4530). Las entradas tienen un valor general de $22.000
y pueden adquirirse a través de la plataforma Alternativa Teatral.
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