Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La histórica fábrica de termos,
emblema de la industria nacional desde 1941, frenó la producción local de sus
tradicionales ampollas de vidrio. Tras registrar una caída del 50 por ciento en
sus ventas, la compañía reestructuró su esquema de negocios, redujo su
plantilla y comenzó a importar desde el mercado asiático.
El entramado productivo argentino
suma un nuevo capítulo de reconversión forzada. Lumilagro, la firma que
acompañó el ritual del mate de millones de hogares durante más de ocho décadas,
tomó la drástica decisión de apagar los hornos de su planta ubicada en la
localidad bonaerense de Tortuguitas. El cambio de paradigma, según datos
confirmados por la propia compañía a diversos medios de comunicación, obedece a
una tormenta perfecta: el desplome del consumo interno, el aumento de los
costos operativos y la competencia desleal del contrabando.
En los últimos dos años, la
empresa familiar atravesó un profundo proceso de achique que culminó con la
desvinculación de 170 operarios. En la actualidad, la estructura se sostiene
con apenas 50 trabajadores directos y otros 50 indirectos, un número sumamente
inferior en comparación con los 300 empleados que supieron mantener la fábrica
operativa de manera ininterrumpida durante su etapa de mayor apogeo.
Martín Nadler, director ejecutivo
de Lumilagro y representante de la cuarta generación a cargo de la empresa,
explicó públicamente que el impacto del ingreso ilegal de productos fue letal
para la fabricación nacional. La proliferación de termos de acero de origen
extranjero, muchos de ellos ingresados por vías informales y sin los controles
de toxicidad correspondientes, erosionó rápidamente la participación de la
firma en el mercado local.
Ante este escenario adverso, la
histórica marca optó por importar las ampollas de vidrio y los insumos de acero
desde China, India y Vietnam. Sin embargo, no se trata de un cierre definitivo
de sus instalaciones. La planta de Tortuguitas continúa operativa abocada al
ensamblaje, ya que los cuerpos externos de plástico de los termos y las tareas
de personalización mediante serigrafía se siguen realizando en el país.
Las autoridades de la firma
detallaron que la medida, que permitió una reducción de costos cercana al 15
por ciento, es reversible. Según las palabras del propio Nadler, si vuelve a
ser conveniente fabricar en Argentina, lo volverán a hacer. Esto deja una
puerta abierta a la reactivación productiva en caso de que las variables
macroeconómicas y cambiarias ofrezcan nuevamente un terreno propicio para la
manufactura local.
Mientras tanto, el caso de Lumilagro se erige como un claro termómetro de los desafíos que enfrenta la industria nacional frente a los cambios en el consumo y las fluctuaciones de la economía. Es el retrato de una marca que, para garantizar su supervivencia comercial, debió modificar temporalmente su rasgo más identitario.
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