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13/03/26

Lumilagro apaga sus hornos en Tortuguitas y se reconvierte al modelo importador

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La histórica fábrica de termos, emblema de la industria nacional desde 1941, frenó la producción local de sus tradicionales ampollas de vidrio. Tras registrar una caída del 50 por ciento en sus ventas, la compañía reestructuró su esquema de negocios, redujo su plantilla y comenzó a importar desde el mercado asiático.



El entramado productivo argentino suma un nuevo capítulo de reconversión forzada. Lumilagro, la firma que acompañó el ritual del mate de millones de hogares durante más de ocho décadas, tomó la drástica decisión de apagar los hornos de su planta ubicada en la localidad bonaerense de Tortuguitas. El cambio de paradigma, según datos confirmados por la propia compañía a diversos medios de comunicación, obedece a una tormenta perfecta: el desplome del consumo interno, el aumento de los costos operativos y la competencia desleal del contrabando.

En los últimos dos años, la empresa familiar atravesó un profundo proceso de achique que culminó con la desvinculación de 170 operarios. En la actualidad, la estructura se sostiene con apenas 50 trabajadores directos y otros 50 indirectos, un número sumamente inferior en comparación con los 300 empleados que supieron mantener la fábrica operativa de manera ininterrumpida durante su etapa de mayor apogeo.

Martín Nadler, director ejecutivo de Lumilagro y representante de la cuarta generación a cargo de la empresa, explicó públicamente que el impacto del ingreso ilegal de productos fue letal para la fabricación nacional. La proliferación de termos de acero de origen extranjero, muchos de ellos ingresados por vías informales y sin los controles de toxicidad correspondientes, erosionó rápidamente la participación de la firma en el mercado local.

Ante este escenario adverso, la histórica marca optó por importar las ampollas de vidrio y los insumos de acero desde China, India y Vietnam. Sin embargo, no se trata de un cierre definitivo de sus instalaciones. La planta de Tortuguitas continúa operativa abocada al ensamblaje, ya que los cuerpos externos de plástico de los termos y las tareas de personalización mediante serigrafía se siguen realizando en el país.

Las autoridades de la firma detallaron que la medida, que permitió una reducción de costos cercana al 15 por ciento, es reversible. Según las palabras del propio Nadler, si vuelve a ser conveniente fabricar en Argentina, lo volverán a hacer. Esto deja una puerta abierta a la reactivación productiva en caso de que las variables macroeconómicas y cambiarias ofrezcan nuevamente un terreno propicio para la manufactura local.

Mientras tanto, el caso de Lumilagro se erige como un claro termómetro de los desafíos que enfrenta la industria nacional frente a los cambios en el consumo y las fluctuaciones de la economía. Es el retrato de una marca que, para garantizar su supervivencia comercial, debió modificar temporalmente su rasgo más identitario. 


Roman Reynoso 2026

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