Por Román
Reynoso para Mundo Norte
Un reciente
informe elaborado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa)
pone de manifiesto una realidad preocupante para la salud pública nacional: el
33% de los menores de edad en el país no cuenta con el calendario de vacunación
al día. Esta brecha en la inmunización no solo representa un riesgo individual
para los niños no protegidos, sino que debilita la inmunidad colectiva,
abriendo la puerta al resurgimiento de enfermedades que se consideraban
controladas o incluso erradicadas.
El análisis
de la entidad destaca que, a pesar de que la Argentina cuenta con uno de los
calendarios de vacunación más completos y gratuitos del mundo, el acceso
efectivo y la cumplimentación de las dosis obligatorias enfrentan obstáculos
críticos. El dato del tercio de la población infantil desprotegida revela una
falla estructural que trasciende las fronteras de la situación económica
individual, apuntando directamente a la gestión y coordinación de los sistemas
de salud.
Según el
informe de Idesa, el problema no radica exclusivamente en la disponibilidad de
los insumos, sino en la logística de llegada y el seguimiento de los pacientes.
La fragmentación del sistema sanitario argentino, donde conviven niveles
nacionales, provinciales y municipales con criterios de gestión a veces
disímiles, dificulta que las vacunas lleguen en tiempo y forma a los sectores
más vulnerables y que se realice un control exhaustivo de cada libreta
sanitaria.
La falta de
cobertura completa es un fenómeno multicausal. Entre los factores señalados se
encuentran la desinformación, las dificultades de acceso geográfico o de
horarios en los centros de salud para las familias trabajadoras, y una merma en
las campañas de concientización sostenidas en el tiempo. Esta situación se vio
agravada durante los años de pandemia, periodo en el cual los controles de
rutina y las aplicaciones de calendario sufrieron una caída drástica que aún no
se ha logrado revertir totalmente.
Los expertos advierten que la vacunación es la herramienta de salud pública más costo-efectiva. Cada niño con esquema incompleto es un eslabón débil en la cadena de prevención contra enfermedades como el sarampión, la poliomielitis o la tos convulsa. Resulta imperativo que el Estado, en todos sus niveles, optimice los mecanismos de trazabilidad y facilite la proximidad de los vacunatorios a la comunidad para garantizar que el derecho a la salud no quede solo en el papel de una normativa vigente.
Instagram: @mundonorte
