En una tarde desapacible en el
corazón de San Isidro, la radio se convirtió en un portal hacia una dimensión
extraordinaria donde los colores tienen aroma, las emociones se pueden palpar
en el aire y los sonidos adquieren textura.
Durante la reciente emisión del programa Mundo Norte Magazine por FM Symphony 91.3, el periodista Román Reynoso llevó a sus oyentes a un profundo viaje perceptivo al entrevistar a Héctor Maduri, el primer hombre reconocido oficialmente como sinestésico por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
¿Una condición o un don
extraordinario? Con un tono amable y didáctico, Maduri comenzó
desmitificando su condición para los oyentes, dejando en claro que no se trata
de un trastorno, sino de una configuración biológica distinta. "Por
definición, la sinestesia es una variación de todo lo que el ser humano
percibe", explicó.
Sin embargo, la verdadera magia
radica en cómo experimenta el mundo a cada segundo. Para Maduri, la clave está
en el acople involuntario de los sentidos: "No es la interacción de los
sentidos que conocemos naturalmente, sino que es el acompañamiento. Se acopla
un sentido con otro sentido". Mientras cualquier persona simplemente
escucha el sonido de un aplauso, para un sinestésico como él, ese evento
auditivo detona instantánea y simultáneamente una experiencia visual, táctil u
olfativa.
La empatía profunda y el
espejo sensorial A lo largo de la charla, Reynoso ahondó en la capacidad de
Maduri para "leer" a las personas, revelando un nivel de empatía que
roza lo asombroso. Maduri experimenta lo que la psicología define como "espejo
sensorial no táctil". Esto significa que, al observar el sufrimiento
físico o el amor en un abrazo ajeno, él lo percibe en su propio ser. A
diferencia de la percepción común, su mente proyecta estos estímulos
visualmente: "Literalmente terminamos viendo como en una pantallita lo
que percibimos".
De la prevención de lesiones
al arte de sentir la música
Lejos de ser una mera curiosidad
sensorial, Maduri ha encontrado aplicaciones prácticas y extraordinarias para
su percepción. En el ámbito del deporte de alto rendimiento, como el tenis o el
fútbol, su vista logra identificar posturas incorrectas y la saturación de
los músculos antes de que se produzca una lesión severa.
En el plano artístico, su
condición también redefine las reglas. Al recibir los estímulos perceptivos
predominantemente desde su lado derecho, Maduri se ve obligado a tocar la
guitarra al revés. A la hora de cantar, no imita, sino que se sumerge en un océano
de estímulos: "Visualizo el color, el sabor, la textura, el aroma. Y a
mí capaz que esa letra me lleva a un espacio donde mis sentidos fluyen".
El color de la Argentina: un
país en fase de aprendizaje Uno de los momentos más reveladores e íntimos
de la entrevista llegó cuando Reynoso indagó sobre cómo percibe Maduri a la
República Argentina en medio de la actual crisis socioeconómica. A través de su
dinámica Seis macarons y un café —un programa que diseñó junto a su
psiquiatra para conectar químicamente con las emociones de los demás—, Maduri
visualiza la realidad a través del color.
Para sorpresa de muchos, el
sinestésico afirmó que percibe al país pintado de color gris. Lejos de
asociarlo con la tristeza o la desolación, Maduri resignificó este tono con
profunda esperanza: "El color gris significa para nosotros una
condición natural de la lectura, el conocimiento y la amabilidad. ¿Qué está
haciendo el pueblo argentino en este momento? Observando, aprendiendo (...)
está en una etapa de estudio y eso para nosotros es pensar".
El costo de sentir demasiado
Hacia el final del encuentro, quedó expuesta la vulnerabilidad detrás del don.
Ser el primer sinestésico oficial representa para él la culminación de una
lucha para dar voz a quienes perciben el mundo de manera diferente, lo que le
genera "una carga de responsabilidad el hecho de poder despejar las
dudas y ser lo más justo posible para poder explicarle a la gente".
Sin embargo, habitar una mente
que jamás se apaga tiene un costo altísimo en su vida diaria, obligándolo a
evitar ciertos estímulos como el alcohol. Con una honestidad desgarradora,
Héctor Maduri concluyó: "Cuando me voy a mi cama es donde tengo mi
refugio, pero constantemente mi mente está expuesta a lo que veo y a lo que
escucho".
La entrevista de Román Reynoso no
solo presentó a un hombre con capacidades perceptivas únicas, sino que nos dejó
una lección vital: a veces, para comprender verdaderamente a los demás y al
entorno que nos rodea, necesitamos aprender a "ver" más allá de lo
evidente y empezar a sentir con todos los sentidos.
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