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16/04/26

El hombre que ve los sonidos: Héctor Maduri y el fascinante universo de la sinestesia

En una tarde desapacible en el corazón de San Isidro, la radio se convirtió en un portal hacia una dimensión extraordinaria donde los colores tienen aroma, las emociones se pueden palpar en el aire y los sonidos adquieren textura.


Durante la reciente emisión del programa Mundo Norte Magazine por FM Symphony 91.3, el periodista Román Reynoso llevó a sus oyentes a un profundo viaje perceptivo al entrevistar a Héctor Maduri, el primer hombre reconocido oficialmente como sinestésico por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

¿Una condición o un don extraordinario? Con un tono amable y didáctico, Maduri comenzó desmitificando su condición para los oyentes, dejando en claro que no se trata de un trastorno, sino de una configuración biológica distinta. "Por definición, la sinestesia es una variación de todo lo que el ser humano percibe", explicó.



Sin embargo, la verdadera magia radica en cómo experimenta el mundo a cada segundo. Para Maduri, la clave está en el acople involuntario de los sentidos: "No es la interacción de los sentidos que conocemos naturalmente, sino que es el acompañamiento. Se acopla un sentido con otro sentido". Mientras cualquier persona simplemente escucha el sonido de un aplauso, para un sinestésico como él, ese evento auditivo detona instantánea y simultáneamente una experiencia visual, táctil u olfativa.

La empatía profunda y el espejo sensorial A lo largo de la charla, Reynoso ahondó en la capacidad de Maduri para "leer" a las personas, revelando un nivel de empatía que roza lo asombroso. Maduri experimenta lo que la psicología define como "espejo sensorial no táctil". Esto significa que, al observar el sufrimiento físico o el amor en un abrazo ajeno, él lo percibe en su propio ser. A diferencia de la percepción común, su mente proyecta estos estímulos visualmente: "Literalmente terminamos viendo como en una pantallita lo que percibimos".



De la prevención de lesiones al arte de sentir la música

Lejos de ser una mera curiosidad sensorial, Maduri ha encontrado aplicaciones prácticas y extraordinarias para su percepción. En el ámbito del deporte de alto rendimiento, como el tenis o el fútbol, su vista logra identificar posturas incorrectas y la saturación de los músculos antes de que se produzca una lesión severa.

En el plano artístico, su condición también redefine las reglas. Al recibir los estímulos perceptivos predominantemente desde su lado derecho, Maduri se ve obligado a tocar la guitarra al revés. A la hora de cantar, no imita, sino que se sumerge en un océano de estímulos: "Visualizo el color, el sabor, la textura, el aroma. Y a mí capaz que esa letra me lleva a un espacio donde mis sentidos fluyen".

El color de la Argentina: un país en fase de aprendizaje Uno de los momentos más reveladores e íntimos de la entrevista llegó cuando Reynoso indagó sobre cómo percibe Maduri a la República Argentina en medio de la actual crisis socioeconómica. A través de su dinámica Seis macarons y un café —un programa que diseñó junto a su psiquiatra para conectar químicamente con las emociones de los demás—, Maduri visualiza la realidad a través del color.



Para sorpresa de muchos, el sinestésico afirmó que percibe al país pintado de color gris. Lejos de asociarlo con la tristeza o la desolación, Maduri resignificó este tono con profunda esperanza: "El color gris significa para nosotros una condición natural de la lectura, el conocimiento y la amabilidad. ¿Qué está haciendo el pueblo argentino en este momento? Observando, aprendiendo (...) está en una etapa de estudio y eso para nosotros es pensar".

El costo de sentir demasiado Hacia el final del encuentro, quedó expuesta la vulnerabilidad detrás del don. Ser el primer sinestésico oficial representa para él la culminación de una lucha para dar voz a quienes perciben el mundo de manera diferente, lo que le genera "una carga de responsabilidad el hecho de poder despejar las dudas y ser lo más justo posible para poder explicarle a la gente".

Sin embargo, habitar una mente que jamás se apaga tiene un costo altísimo en su vida diaria, obligándolo a evitar ciertos estímulos como el alcohol. Con una honestidad desgarradora, Héctor Maduri concluyó: "Cuando me voy a mi cama es donde tengo mi refugio, pero constantemente mi mente está expuesta a lo que veo y a lo que escucho".

La entrevista de Román Reynoso no solo presentó a un hombre con capacidades perceptivas únicas, sino que nos dejó una lección vital: a veces, para comprender verdaderamente a los demás y al entorno que nos rodea, necesitamos aprender a "ver" más allá de lo evidente y empezar a sentir con todos los sentidos.

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