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18/05/26

El debate estructural: por qué la universidad pública ya no alcanza para garantizar la movilidad social

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La controversia entre el Gobierno nacional y las universidades públicas mantiene en vilo a la opinión pública, centrando la discusión fundamentalmente en el plano presupuestario. Mientras que desde la postura oficial se defiende el equilibrio fiscal y se reclama una mayor transparencia en el control de los recursos del Estado, la comunidad universitaria advierte sobre una asfixia financiera que pone en riesgo el normal funcionamiento de las instituciones. Las masivas movilizaciones registradas en distintos puntos del país evidenciaron que, más allá de las disputas políticas de turno, una parte sustancial de la sociedad se moviliza bajo una premisa histórica: la defensa de la universidad pública como el principal motor de la movilidad social ascendente en la Argentina.



Sin embargo, un reciente análisis pormenorizado del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) plantea un interrogante incómodo pero indispensable para el debate de fondo: ¿hasta qué punto la educación superior conserva hoy esa capacidad integradora? El informe nacional nº 1174 advierte que, independientemente de las discusiones sobre la eficiencia o el financiamiento universitario, el verdadero cuello de botella se encuentra mucho antes de ingresar a los claustros: en las profundas falencias de la educación básica.

Los datos relevados por la Secretaría de Educación en 2024 resultan categóricos. Actualmente, apenas el 59% de los jóvenes argentinos logra concluir sus estudios secundarios a los 18 años. El diagnóstico se vuelve aún más complejo al evaluar la calidad de dicho egreso: de ese porcentaje que termina a término, menos del 18% alcanza niveles de conocimiento satisfactorios o avanzados en áreas clave como lengua y matemática. En términos reales, esto significa que solo el 10% del total de los jóvenes de 18 años finaliza el nivel secundario en tiempo y forma con las competencias cognitivas necesarias para afrontar una carrera de grado.

Dicho de otro modo, 9 de cada 10 jóvenes en el país abandonan la escuela media o egresan con severas deficiencias formativas. Ante este panorama estructural, incluso una universidad pública que operara con los máximos estándares de excelencia institucional tendría un impacto marginal en la movilidad social, dado que la inmensa mayoría de la población estudiantil queda excluida de la posibilidad real de sostener y finalizar los estudios superiores. El informe destaca, además, que la porción de alumnos con la preparación adecuada proviene mayoritariamente de escuelas de gestión privada, pertenecientes a familias que ya forman parte de la clase media.

La decadencia de la educación básica responde a múltiples factores, entre los que IDESA resalta los malos incentivos en la gestión educativa. Los estatutos docentes arcaicos y la marcada rigidez burocrática desalientan a los educadores, al carecer de reconocimientos económicos o profesionales ligados al compromiso y al rendimiento efectivo en el aprendizaje. A esto se suman deficiencias en la infraestructura escolar y una histórica resistencia a la medición y difusión transparente de los resultados educativos.

En el marco de un sistema federal, el documento señala la necesidad de reordenar las competencias. Si bien la responsabilidad directa sobre las escuelas secundarias y primarias recae sobre las provincias, históricamente el Estado nacional intervino de manera distorsiva. En este sentido, el informe califica como un avance la desactivación de la paritaria docente nacional —toda vez que la Nación no es el empleador que abona los salarios de esos maestros—, evitando así el dispendio de recursos y la dilución de las responsabilidades locales.

Finalmente, el análisis sugiere que los esfuerzos nacionales para revertir el deterioro de la escuela básica deberían concentrarse en robustecer la evaluación de los aprendizajes y en modernizar la gestión de las políticas sociales. Específicamente, propone reemplazar la libreta física de la Asignación Universal por Hijo (AUH) por cruces informáticos que agilicen el control y ofrezcan estímulos económicos claros para garantizar la terminalidad escolar de los sectores más vulnerables. La movilidad social, concluye el diagnóstico, no se define exclusivamente en los presupuestos universitarios, sino en la capacidad del Estado para reconstruir los cimientos del sistema educativo formal. 


Roman Reynoso 2026

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