Por Román Reynoso para Mundo
Norte
Un relevamiento de la Universidad
Austral sobre 114 empresas de agricultura digital en el país revela una
realidad incómoda para el ecosistema emprendedor: lejos de desafiar a las
multinacionales, la mayoría desarrolla herramientas que terminan absorbidas por
el mismo oligopolio que domina el mercado.
Argentina concentra el 23% de las
start-ups de agrifoodtech de América Latina y es el tercer exportador neto de
alimentos del mundo. El perfil del productor local —promedio de 44 años y con
formación universitaria— parece el escenario ideal para una revolución digital.
Sin embargo, el mercado de insumos (semillas, fitosanitarios, fertilizantes y
maquinaria) sigue siendo un oligopolio cerrado. Cuatro grandes corporaciones
—Bayer, Corteva, Syngenta y BASF— controlan la punta de la lanza, y ahora
también compran el futuro digital.
El estudio, liderado por los
investigadores Julián Arraigada y Pablo Mac Clay, analizó el impacto real de
estas nuevas empresas. Los datos son contundentes. El 56,1% de las start-ups de
agricultura digital se dedica a brindar soporte para la toma de decisiones, y
el 37,7% a la recolección de datos. Apenas un 6,1% desarrolla ajustes de
maquinaria o automatización basada en datos.
En la práctica, la inmensa
mayoría no fabrica un producto que reemplace a los insumos tradicionales, sino
que crea software y sensores que optimizan lo que ya venden los gigantes. Son
tecnologías complementarias, no sustitutivas.
Lejos de ver a estas empresas
como una amenaza, los grandes laboratorios y semilleros las utilizan como
brazos de investigación y desarrollo externo. La estrategia es clara: inversión
corporativa, alianzas o adquisición directa. Un ejemplo local es la participación
de Syngenta y Yara en el marketplace Agrofy. Las multinacionales pasan de
vender productos físicos a ofrecer plataformas integradas de datos, generando
un efecto de cautiverio tecnológico para el productor.
Las start-ups tienen la agilidad
para innovar, pero carecen de los canales de distribución, el capital y la
capilaridad territorial para escalar solas. Terminan necesitando al gigante
para llegar al campo.
El informe deja un mensaje de
alerta para la política pública. Si no se exigen estándares de
interoperabilidad y se frena la concentración de datos en pocas manos, la
prometida revolución del agro 4.0 no democratizará el mercado. Simplemente,
consolidará aún más el poder de los de siempre.
Instagram: @mundonorte
