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17/06/26

Agro 4.0 en Argentina: por qué las start-ups no logran romper el poder de los gigantes de los insumos

Por Román Reynoso para Mundo Norte

Un relevamiento de la Universidad Austral sobre 114 empresas de agricultura digital en el país revela una realidad incómoda para el ecosistema emprendedor: lejos de desafiar a las multinacionales, la mayoría desarrolla herramientas que terminan absorbidas por el mismo oligopolio que domina el mercado.



Argentina concentra el 23% de las start-ups de agrifoodtech de América Latina y es el tercer exportador neto de alimentos del mundo. El perfil del productor local —promedio de 44 años y con formación universitaria— parece el escenario ideal para una revolución digital. Sin embargo, el mercado de insumos (semillas, fitosanitarios, fertilizantes y maquinaria) sigue siendo un oligopolio cerrado. Cuatro grandes corporaciones —Bayer, Corteva, Syngenta y BASF— controlan la punta de la lanza, y ahora también compran el futuro digital.

El estudio, liderado por los investigadores Julián Arraigada y Pablo Mac Clay, analizó el impacto real de estas nuevas empresas. Los datos son contundentes. El 56,1% de las start-ups de agricultura digital se dedica a brindar soporte para la toma de decisiones, y el 37,7% a la recolección de datos. Apenas un 6,1% desarrolla ajustes de maquinaria o automatización basada en datos.

En la práctica, la inmensa mayoría no fabrica un producto que reemplace a los insumos tradicionales, sino que crea software y sensores que optimizan lo que ya venden los gigantes. Son tecnologías complementarias, no sustitutivas.

Lejos de ver a estas empresas como una amenaza, los grandes laboratorios y semilleros las utilizan como brazos de investigación y desarrollo externo. La estrategia es clara: inversión corporativa, alianzas o adquisición directa. Un ejemplo local es la participación de Syngenta y Yara en el marketplace Agrofy. Las multinacionales pasan de vender productos físicos a ofrecer plataformas integradas de datos, generando un efecto de cautiverio tecnológico para el productor.

Las start-ups tienen la agilidad para innovar, pero carecen de los canales de distribución, el capital y la capilaridad territorial para escalar solas. Terminan necesitando al gigante para llegar al campo.

El informe deja un mensaje de alerta para la política pública. Si no se exigen estándares de interoperabilidad y se frena la concentración de datos en pocas manos, la prometida revolución del agro 4.0 no democratizará el mercado. Simplemente, consolidará aún más el poder de los de siempre.


Roman Reynoso 2026

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