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28/06/26

Créditos académicos: las universidades argentinas corren contra el reloj de 2027

Por Román Reynoso para Mundo Norte

Las universidades argentinas dejaron atrás la lógica de contar solo horas de clase. Avanzan hacia un sistema que también mide cuánto tiempo de estudio autónomo necesita un alumno para aprender, y tienen como límite enero de 2027 para reorganizar sus carreras bajo ese esquema.



Se trata del Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU), aprobado en octubre de 2023 y formalizado en abril de 2025 con el aval conjunto del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y el Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP). La reforma atravesó dos gestiones nacionales distintas sin perder consenso, algo poco frecuente en la política universitaria argentina.



El cambio central es el Crédito de Referencia del Estudiante (CRE): cada crédito equivale a 25 horas de trabajo académico, sumando tanto las horas de interacción docente —presenciales o virtuales— como el tiempo que el estudiante dedica a leer, hacer trabajos prácticos y prepararse para exámenes. Hasta ahora, ese segundo componente no se contabilizaba.



La implementación ya tiene avances concretos. Un relevamiento del Consejo Federal de Decanas y Decanos de Ingeniería (Confedi) detectó que el 86,5% de las instituciones de esa red ya inició el proceso, y más de la mitad cuenta con normativa institucional específica. La UTN, por ejemplo, fijó 60 créditos anuales —1500 horas— como promedio para sus carreras del artículo 42.

El obstáculo que repiten todos los especialistas consultados es el mismo: ¿cómo medir el trabajo autónomo? Marcelo De Vincenzi, presidente del Confedi, distingue tres tipos de materias según la autonomía que exigen: las introductorias, las de transferencia y las de integración, cada una con una demanda de trabajo independiente muy distinta. No hay fórmula única que las resuelva.



Ahí aparece el riesgo que marca Marcelo Rabossi, de la Universidad Di Tella: que el sistema se aplique de forma meramente declarativa, sin datos reales de carga horaria. Mónica Marquina (Conicet, UBA, UNTREF) agrega otra advertencia: si la reforma se limita a "traducir" planes existentes sin revisarlos en profundidad, el problema de fondo —carreras que duran mucho más de lo previsto— queda intacto.

El especialista en educación superior Norberto Fernández Lamarra, de la UNTREF, lo plantea como oportunidad antes que como trámite: la posibilidad de repensar por qué tantos estudiantes alargan sus trayectorias o abandonan sin recibirse. Coincide con Carlos Muñiz, de la UCA, en que el cambio debe revisar contenidos y metodologías, no solo reacomodar números.

En el plano institucional, la adaptación ya está en marcha en la UNC (15 facultades), la UNLP (17 facultades), la UNSAM, la UNR, la UNCuyo, la UNL, la UNLaM y también en universidades privadas como la UCA y la Universidad Austral, que incorporó estudios comparados internacionales para calibrar sus estimaciones de trabajo autónomo.

El debate llega en un contexto particular: la agenda universitaria estuvo dominada los últimos dos años por el conflicto presupuestario, que esta semana tuvo un capítulo nuevo con el fallo de la Corte Suprema a favor de la ley de financiamiento universitario. El SACAU es una de las pocas reformas estructurales que logró avanzar pese a esa emergencia.


Roman Reynoso 2026

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