Por Román Reynoso para Mundo Norte.
Diego Santilli desembarca en la
Jefatura de Gabinete con un margen de maniobra estrictamente condicionado por
la polarización estructural. Según el Monitor de Opinión Pública de la
consultora Zentrix de mayo de 2026, elaborado sobre una muestra nacional de
1.315 casos, el ministro coordinador inicia su gestión con una imagen negativa
del 50,6% y una positiva del 36,7%. Si bien estos números representan un alivio
técnico frente al crítico 73,6% de negatividad con el que se despidió Manuel
Adorni, el desglose de los datos revela que Santilli carece de la
transversalidad que el Gobierno de La Libertad Avanza (LLA) podría haber
proyectado al reclutarlo de las filas del PRO.
Un activo condicionado por el sesgo
del votante
El origen político de Santilli no
ablanda el núcleo duro de la oposición ni altera la fisonomía del mapa de
opiniones. Su inserción en el Gabinete funciona, a ojos de la opinión pública,
como una asimilación pura al ecosistema libertario:
- Votantes de Milei (Balotaje 2023): El
65,4% evalúa positivamente al nuevo jefe de ministros.
- Votantes de Massa: La
negatividad trepa de forma casi unánime al 90,6%.
- Fidelidad partidaria 2025: Entre
el electorado legislativo de LLA, la aprobación es del 80,5%, mientras que
entre los votantes opositores la desaprobación se clava en el 80,3%.
Incluso en la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires (CABA), bastión histórico de su fuerza de origen, el rechazo a su
figura se consolida en el 50,3% frente a un 36% de percepción positiva. El
sesgo de la opinión pública se traslada también a la estructura demográfica y
social. El perfil de apoyo a Santilli se concentra en hombres (39% de
positiva), mayores de 60 años (41,1%) y estratos de ingresos altos (50,5%) y
medios (47,9%). En la vereda opuesta, el segmento joven de 18 a 39 años
registra un 50,2% de imagen negativa, una cifra que se agudiza dramáticamente
en las clases bajas, donde el rechazo alcanza el 62,8% y la valoración positiva
se hunde al 25,4%.
Dos países, dos agendas: la grieta
del bolsillo
El verdadero desafío de gestión
para la Jefatura de Gabinete no radica únicamente en revertir indicadores de
imagen, sino en articular respuestas ante demandas sociales profundamente
divergentes. La encuesta expone una fractura expuesta en las prioridades
económicas cotidianas de los argentinos según su alineación política:
Tabla comparativa: Percepciones y
realidades socioeconómicas (Zentrix, mayo 2026)
|
Dimensión de Análisis |
Votantes La Libertad
Avanza (2025) |
Votantes de la Oposición
(2025) |
|
Principales Preocupaciones |
Deudas (53,2%), Corrupción
(46,7%), Incertidumbre económica (35,5%) |
Incertidumbre económica (59,4%),
Ingresos/Salarios (52,6%), Corrupción (51,6%) |
|
Límite de ingresos cotidianos |
El 52,5% llega como máximo al día
20 del mes. |
El 73% llega como máximo al día
20 del mes. |
|
¿El salario le gana a la
inflación? |
Sí: 25,8% | No: 66,2% |
Sí: 0,9% | No: 98,7% |
|
Capacidad de Ahorro Activa |
El 18,5% llega a fin de mes y
logra ahorrar. |
Apenas el 3,9% llega a fin de mes
y logra ahorrar. |
El único punto de convergencia
estadística entre oficialistas y opositores aparece en la preocupación por la
corrupción, situada por encima del 46% en ambos universos. Fuera de ese ítem,
las agendas colisionan: el votante del Gobierno demanda un ordenamiento
macroeconómico vinculado al manejo de la deuda, mientras que el sector opositor
exige de forma prioritaria el sostenimiento del poder de compra y los salarios
básicos.
Santilli asume la coordinación de
un Gobierno cuya base de sustentación muestra signos claros de fatiga de
bolsillo —donde más de la mitad de sus propios votantes no alcanza a cubrir el
mes completo— pero que retiene un margen de optimismo y capacidad de ahorro
considerablemente superior al de la oposición. El margen de error del informe
técnico ( para un nivel de confianza del 95%) ratifica
la solidez de estas distancias. El nuevo jefe de Gabinete hereda una botonera
ministerial desgastada por la gestión previa y un escenario social donde las
soluciones macroeconómicas desatienden la urgencia del consumo diario de los
sectores más vulnerables.
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