Por Román Reynoso para Mundo
Norte.
Un nuevo informe de EduLab, el
espacio de investigación del Instituto para el Desarrollo Social Argentino
(IDESA), trazó un paralelo directo entre el mapa futbolístico del Mundial 2026
y el rendimiento académico global. El documento expone las profundas deficiencias
del sistema de formación local al compararlo con las principales naciones del
planeta.
De los 48 países clasificados a
la próxima cita mundialista, 30 disponen de estadísticas comparables en las
pruebas PISA 2022, la última evaluación de la OCDE que mide capacidades en
matemática, lectura y ciencia en alumnos de 15 años. Mientras Japón y Corea del
Sur lideran con holgura este podio educativo, la Argentina se ubica en el tramo
inferior de la medición. Con una calificación promedio de 395 puntos, el
desempeño nacional quedó 83 puntos por debajo de la media de la OCDE, en una
situación de paridad técnica con Brasil.
La comparación trasciende la mera
analogía deportiva y desnuda un rezago estructural. La calidad educativa
funciona como una infraestructura invisible; define de manera directa la
productividad laboral, el desarrollo tecnológico y la movilidad social de las
próximas décadas. Un rendimiento crítico sostenido en el tiempo implica una
pérdida sistemática de capital humano que hipoteca las posibilidades de
crecimiento mucho antes de que las consecuencias se reflejen en los índices
macroeconómicos.
El relevamiento de IDESA evidencia que el debate local suele limitarse a la urgencia presupuestaria o a disputas de gestión coyunturales, omitiendo el análisis técnico de los aprendizajes reales logrados en el aula. En las economías que lideran el desarrollo global, los datos estandarizados de PISA operan como auditorías obligatorias para corregir reformas y reorientar recursos basados en evidencia. En la Argentina, el estancamiento crónico de los indicadores advierte sobre un escenario donde el país pierde competitividad futura sin diseñar respuestas de fondo.
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