Ella estaba allí, desamparada, con el alma atada,
la boca amordazada y el cuerpo inmóvil.
Escuchaba sonidos de otras Mujeres,
susurros quebrados,
vientres latiendo en silencio,
gritos apagados contra paredes cómplices.
Había lodo, grietas más profundas que la piedra.
Había cuerpos convertidos en territorio y olvido.
Los monstruos salieron aquella noche.
Vinieron por ella, por su alma.
El lecho no era descanso ni el fuego calor.
El infierno era un método, la violencia, rutina y la vida reducida a resistencia.
Los alambres de púa no estaban por coincidencia,
tampoco el silencio, el secuestro, ni la repetición del horror.
Sus ojos grises estaban perdidos mientras la Muerte
miraba... esperaba... y reclamaba.
Claudia Mammolite
Créditos de la imagen: Acrílico titulado "Desangrando" autora Clode
