Por Román Reynoso para Mundo
Norte
El armado territorial de La
Libertad Avanza (LLA) en la provincia de Buenos Aires exhibe fisuras
estructurales que amenazan la representación local del espacio gobernante. La
estrategia de alianzas pragmáticas y el desorden en la confección de listas durante
la campaña de 2023 comenzaron a pasar factura: una seguidilla de renuncias y
pases políticos devolvió formalmente a varios concejales electos a las filas
del Frente Renovador, exponiendo las debilidades de la conducción de Sebastián
Pareja.
El fenómeno se concentra con
fuerza en los municipios del Gran Buenos Aires, donde la incorporación de
dirigentes de segundas y terceras líneas del peronismo tradicional —utilizados
para rellenar casilleros ante la falta de una estructura propia— aceleró las
rupturas por la carencia de una identidad política consolidada.
En San Isidro, la
concejala Débora Ruiz Zeballos formalizó su pase al massismo tras alinearse con
Sebastián Galmarini. Un escenario de mayor impacto institucional se vivió en Quilmes,
donde Ricardo Rij quebró el bloque libertario para fundar la bancada
"Renovación Quilmeña" apenas diez días después de haber sido
designado presidente de la bancada de LLA. En Escobar, Mariana Huber
también abandonó el espacio bajo duras críticas al rumbo político y a la falta
de contención estructural de la conducción provincial. En otros municipios del
conurbano si bien los pases aún no ocurren, algunos ediles de LLA responden
directamente a los oficialismos peronistas.
Las tensiones vigentes
representan el emergente de un diseño electoral cuestionado desde el origen. En
el plano político bonaerense, se mantiene el peso de la filtración del audio
donde Pareja exigía a la militancia acatar "un acuerdo que viene de arriba"
para entregar el primer lugar de la lista de concejales en Tigre a un
candidato ligado de forma directa a Malena Galmarini. Para las bases orgánicas,
aquel episodio constituyó la prueba de un esquema de negociación que desdibujó
la identidad fundacional del partido en el Conurbano.
Al transfuguismo político se suma
el descontrol en los recintos locales. El punto máximo de conflicto
institucional se registró en Berazategui, donde los ediles libertarios
Mario Molver y Jorge Gregorini protagonizaron un enfrentamiento físico en plena
sesión.
Esta acumulación de crisis locales erosionó la posición de Pareja frente al sector de la mesa chica de Balcarce 50 que lidera Santiago Caputo. En las usinas digitales del oficialismo, el irónico apodo de "Mantequilla" asignado al armador bonaerense expone la desconfianza del núcleo duro del gobierno hacia su capacidad para sostener una estructura sólida en el principal distrito electoral del país.
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