Cuando
el Señor Hunter decidió ir al bosque para cazar al lobo, el animal ya había
masacrado a casi todo el rebaño de sus ovejas y había asesinado impiadosamente
a gran parte de sus mejores sabuesos.
El lobo siempre atacaba de noche.
En el bosque, él y sus dos hijos tomaron
caminos diferentes para rodear al animal.
El señor Hunter dejó que sus hijos se llevaran
a los pocos sabuesos que les quedaban.
El señor Hunter confiaba en las habilidades de
sus hijos. Les había enseñado todo lo que él había aprendido de su padre y
éste, de su propio padre.
Un simple lobo no podía humillar al clan de
los Hunter.
La luna llena iluminaba los senderos del
bosque.
Un aullido a lo lejos.
El señor Hunter escuchó a los sabuesos pelear
furiosamente. Escuchó disparos.
Silencio.
El señor Hunter corrió
hacia donde había escuchado la pelea.
De pronto, desde la oscuridad, surgió una
enorme bestia que saltó encima del señor Hunter: este le apuntó con su rifle y
disparó.
El señor Hunter cayó al suelo.
Alarido.
El lobo se desplomó. Su costado derecho sangraba
con una profunda herida.
El lobo le aulló a la luna y se alejó cojeando,
perdiéndose en medio de la espesura del bosque.
El lobo escapó de un nuevo disparo del señor
Hunter.
A pesar de ser un excelente rastreador, el
señor Hunter no pudo encontrar ningún rastro de la bestia herida. Era muy
extraño. ¿Qué clase de animal era este lobo?
Intentó encontrar a sus hijos, pero no tuvo
suerte.
Volvió al amanecer a su cabaña.
Al llegar, su esposa y su hijo mayor, con una
profunda herida en el brazo, se encontraban a las puertas del establo y
lloraban abrazados con total desconsuelo.
El señor Hunter, preocupado, se acercó.
Vio el suelo surcado por grandes manchas de
sangre negruzca.
El señor Hunter, horrorizado, lanzó un alarido.
Su hijo menor yacía muerto en el suelo,
rodeado por un charco de sangre negra.
Su costado derecho sangraba con una profunda
herida.
Vartan Gómez
Viernes 24 de Julio de 2026
