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04/08/26

"Alas sin fe" por Hugo Rossi

  


Ayer estuve deambulando hasta altas horas de la noche; de cornisa en cornisa, por los edificios más altos de la ciudad.

Apenas comenzó a despuntar el amanecer, me calcé las patas de flamenco, que siempre llevo en el maletín y me fui corriendo con grandes zancadas a ¿Invernar? en mi caño preferido, oscuro y fresco.

Hoy me levanté temprano, me puse la piel de plomo y de un tiro me ubiqué en el espacio libre que había en el cargador.

Anduve por Bosnia, Irak, África del sur, pasé por Chicago y el Bronx; por la selva colombiana, por el cuartel de policía de la Provincia de Buenos Aires y recalé un instante en una oficina de la C.I.A. que no pude identificar.

Dormí la siesta en el bolsillo de un gabán, debajo de un árbol de Central Park y seguí por medio oriente hasta caer desmayado, totalmente extenuado y en paz.

Para mañana tenía pensado un capullo, pero ¿Quién sabe?, también puede ser una vulva o una gota de almíbar, una bombacha de seda o una pluma de avestruz. No sé, algo que sea suave y delicado.

Siempre hago planes y al final me aparezco con un domingo siete.

Como aquella vez del pajarito que terminó en un bombardero; o la vez que planeé ser zanahoria y acabé siendo glande, en un set de filmación de película pornográfica.

Así que mejor no pensar demasiado y dejarse llevar por el instinto.

Cuando supe de esta rara habilidad de trasmigrar, me entusiasmó pensar que tenía entre mis manos la posibilidad de ser “todo”.

No preví la genialidad de mis congéneres.

Todos los días, los chicos inventan cosas nuevas y no tengo el tiempo suficiente. Ya sé que, en todo caso, podría encarnarme en un elefante (cosa que anteriormente hice) y vivir como trescientos años, pero aún así no bastaría. Además, no me resulta nada divertido pasar a ser un paquidermo hasta el fin de mis días.

Lo fui todo, o casi todo, desde ameba a trasatlántico, desde piedra caliza a prostituta de la isla Maciel. Fui astronauta, fuego, lágrima, computadora, sol y barrilete; nube, ángel y hongo de explosión atómica. Fui libro, fui bandera, mosca y bosta, dictador, pederasta y discapacitado con síndrome de Down.

Poseí un imperio por un día y estuve veinte horas encerrado en un ataúd, adentro de un cadáver.

Nunca nada se me negó. Si hasta una vez, sin que vos lo notaras, saboreé tus genitales adheridos a tu ropa interior y en otra ocasión, la más inolvidable por cierto, por un par de minutos, fui el mismísimo Dios.

Pensándolo bien, hay algo que me falta, lo único creo, pero no pierdo las esperanzas de lograrlo antes del fin, parece tan simple y sin embargo...

¡ser, un tipo feliz.!

 

 

Hugo Rossi


Créditos de imagen: Arte digital by Kimut

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