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03/08/26

ARGELIA (Versión Original)

A Argelia

A los Pibes




–¡Tarta sos un pelotudo! –le gritó Tincho cuando vieron caer la pelota en la casa frente a la plazoleta.

–Siempre lo mismo, vos, Tarta, ¿eh? –exclamó Tino mirándolo con bronca.

–¡Vavavayansese aaaaa cagar! –les gritó el Tarta extendiéndoles a cada uno una mano levantada con el dedo mayor extendido.

–Andá a buscar la pelota, Tarta –le dijo Tincho devolviéndole el gesto.

–Sí, loco, hacete cargo –acotó Tino.

El Tarta refunfuñó y dijo:

–¡Vavavamos totodos, loco! Aaacompáñenmeme! ¡No sean puputos! –les gritó el Tarta, también enojado.

–Eh, loco, ¿vos te mandás la cagada y para colmo te hacés el ofendido? –le dijo Tincho.

El Tarta lo miró con los ojos entrecerrados, con el ceño fruncido, y les hizo el gesto para que lo acompañaran.

–Decí que somos buenos amigos –dijo Tino –, asi que dale, vamos todos –y miró a Tincho con resignación.

Los tres cruzaron la calle.

Eran las tres y pico de la tarde, así que los únicos que estaban al calor del sol de la siesta eran ellos tres.

La plazoleta la habían encontrado un par de semanas atrás, y, como en su barrio ya los habían echado de todos lados por ponerse a jugar a la pelota a la hora de la siesta, decidieron ir a esa plazoleta solitaria y tranquila.

–Llamá vos, Tarta –dijo Tino.

–No, dejá –interrumpió Tincho –. Mejor llamo yo sino vamos a estar toda la tarde hasta que este articule.

–¡Foforro! –lo insultó el Tarta.

Tincho golpeó las manos.

Nada.

Volvió a golpear más fuerte.

Nada.

Tino se sumó.

–¡Señora! –llamó.

Nada.

–Si no sale nadie me vas a comprar una pelota nueva, Tarta – lo miró Tincho con bronca.

El Tarta miró para otro lado.

Esta vez, volvieron a intentar golpeando las manos los tres juntos mientras Tino gritaba con todas sus fuerzas: “¡Señora!”.

Esta vez, comenzó a escucharse unos ladridos.

Los chicos vieron que corrieron fugazmente la cortina de una de las ventanas. No pudieron ver quién los veía.

Salió entonces una señora de unos setenta años, y detrás de ella se escabulló un perrito parecido a un caniche pero no de pura raza, de color gris oscuro. El perrito comenzó a ladrarles con fuerza, por lo que los chicos se alejaron de la reja.

–Si, chicos. ¿Qué necesitan? –preguntó la señora.

–Disculpe la molestia, señora –dijo cortésmente Tino –. ¿Podría alcanzarnos la pelota que se nos cayó en su jardín?

La señora salió al patio y miró hacia ambos lados. Luego los miró.

–Yo no veo ninguna pelota, chicos. ¿No quieren pasar a buscarla?

–Si no es mucha molestia, señora –dijo Tincho.

–¿No es mamamalo el peperrito? –preguntó el Tarta.

–¿Zahira? No, para nada. Ladra mucho, sí, pero es muy cariñosa –dijo la señora –. No tienen por qué tenerle miedo. No los va a morder.

– No parece –murmuró Tincho.

–Callate, boludo, a ver si la cagás –le dijo Tino por lo bajo.

La señora se acercó y abrió la puerta del muro de entrada.

La señora levantó a Zahira entre sus brazos.

Los chicos entraron. La perra les gruñía, desconfiada.

Los chicos pidieron permiso y se repartieron por el jardín del frente, buscando la pelota con asiduidad.

No tuvieron éxito.

–Capaz cayo en el patio del fondo –dijo la señora –. ¿Quieren pasar a ver?

Los tres se miraron y después miraron a la señora y asintieron.

La señora abrió la puerta de la casa y los hizo pasar.

El interior de la casa era confortable y con un decorado muy delicado y con tonos pastel.

–Qué linda casa que tiene, señora – dijo Tino.

–Gracias, nene – dijo la señora sonriente –. Pueden llamarme Argelia.

–¿Aaargegelia?

–¿Ese no es el nombre de un país? –preguntó Tino.

–Creo que sí –dijo Argelia –, pero no sé dónde queda.

–Es un país de África –informó Tincho.

–Ay, seguro vos sos el inteligente del grupo, ¿no? –dijo Argelia.

–La vara no está muy alta, señora – respondió Tincho.

Argelia rio.

–Me parecía. Sos el único que usa anteojos –dijo Argelia afablemente.  

–Uso anteojos porque soy medio ciego, señora –acotó Tincho.

Argelia volvió a reír.

Zahira volvió a gruñir.

–Puede uno de ustedes ir al fondo a buscar la pelota, chicos – dijo Argelia señalando una puerta que daba al fondo.

–Voy yo, Argelia –dijo Tino.

–Dale, nene.

Tino cruzó la puerta y la cerró tras de sí.

Argelia acarició a Zahira en la cabeza, que dejó de gruñir apenas se cerró la puerta tras de Tino.

–¿De quién es la pelota que tiraron, chicos? – preguntó Argelia con una voz susurrante.

–¿Qué pepepelota?

–La que fue a buscar Tino.

–¿Quién es Tino? –preguntó extrañado Tincho.

Argelia sonrió.

Al Tarta le pareció que la perrita de la señora hacía una mueca extraña, como si fuera una sonrisa.

–¿Saben sus padres que vinieron a jugar por acá? – preguntó Argelia maliciosa, en unos susurros medio siniestros.

–No. Nununca lesles dididijimos a nananadie.

–Perrfekto –susurró Argelia.

Zahira giró la cabeza hacia su dueña.

Tincho se horrorizó al ver que la perra giraba la cabeza ciento ochenta grados. Quiso gritar, pero no pudo. Miró al Tarta, que tampoco se movía de su lugar.

Argelia bajó a Zahira y la puso en el piso. La perrita se acercó al Tarta. Argelia se acercó a Tincho.

Tincho quería correr, pero estaba inmóvil.

Argelia, con una sonrisa amplia, que le deformaba toda la cara en una mueca antinatural y que mostraba unos dientes viejos y amarillentos, tomó con sus manos las mejillas de Tincho, lo que hizo que no pudiera ver más a su amigo, que estaba más atrás que él.

Escuchó a Zahira gruñir. Luego escuchó que emitía otro sonido, otro ruido, que nunca había escuchado en su vida. Era una mezcla de graznido, mugido y ronquido.

–¡No! ¡No! ¡Tincho! ¡Ayudáme! ¡AYUDAM

Tincho comenzó a llorar, aunque no pudiera gritar.

Las manos de Argelia estaban heladas, como si no estuviera viva.

Toda la situación le daba miedo, pero lo que a Tincho le dio verdadero horror, un horror atávico e inevitable, fue que el Tarta no hubiese tartamudeado.

Argelia tenía ojos verdes, unos ojos verdes oscuros que se perdían entre sus ojos caídos y las arrugas de su cara.

–No te preocupes, nene –dijo Argelia, mientras sus ojos verdes se tornaban negros sin pupilas–. Nadie los va a extrañar. Nadie los va a recordar.

Las lágrimas de horror rodaban por las mejillas de Tincho.

Poco a poco, las uñas de Argelia se iban clavando en la garganta del inmóvil muchacho.

–Y sí, nene, Argelia es un país de África –dijo, al tiempo que su sonrisa se volvía más y más amplia.

Tincho quería cerrar los ojos, pero no podía.

Detrás de él, escuchaba el sonido de carne, carne siendo devorada.

Los ojos abismales miraron a Tincho, su garganta sangraba. No podía respirar. Su cuerpo se estaba congelando.

–Pero Argelia es un nombre antiguo –dijo ella con voz susurrante mientras su mandíbula inferior comenzaba a desencajarse, como si fuera la mandíbula de una serpiente.

Y, de pronto, Tincho escuchó la voz de Argelia, ¡pero en su mente!

“Un nombre muy muy muy antiguo…”

 

 

VARTAN GÓMEZ

Domingo 12 de Abril de 2026

 

Nota: Esta es la versión original del cuento, por eso no tiene asignado un universo en particular y por eso la fecha al final. Hay distintas versiones de esta misma historia en universos específicos, como el 12 o el 14. VG.

 

Foto: Mi perrita Zahira, o mejor dicho la perrita de mi tía Juana, cuando estaba más obesa, hace unos años. Los ojos brillantes fue un efecto de la cámara al sacar la foto, nada de retoque digital. El retoque lo hice para encuadrar la imagen y darle más contraste. Aunque, dada la cantidad de veces que Zahira lastimó a mi mamá, Argelia, razón por la cual ahora vive exiliada en otra casa, no le quito la parte monstruosa de nuestra querida mascota. VG.

  

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