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12/08/26

De Shopping por Hugo Rossi



De Shopping

Mágicamente, las puertas se arrodillan ante una horda de dioses en paseo.

El cielo se vuelve laberinto y los pesebres de la modernidad, ávidos de dioses, se prostituyen por unos pocos pesos.

Un maniquí se ahorca en la vidriera, mientras el frío artificial, le erecta los pezones, a una mocosa escapada del Saint Michael British Institute.

La promotora de los celulares te aborda con su inmoral anemia y unas nalgas fluctuantes entre la religiosidad y la pornografía.

En un patio que no es patio ni nada, un maremoto de olores y fragancias, se te enrosca de una en la pelambre, te susurra indecencias al oído y te perfora los dientes y el bolsillo, con grasientos embates resistidos.

Las escaleras parecen perros rabiosos desbocados, los changos, te morfan los talones y las disculpas son solo una utopía.

Hay una guardería para tirar molestias y una sala de espera para desesperados.

Los sonidos, se desbandan como avispas celosas, arremeten furiosos contra los pobres tímpanos mal acostumbrados. –“Por favor, al Dios fulano, presentarse urgentemente en el sector obnubilidades” “repito”….

Las calamidades se olvidan en el living del cielo, los electrodomésticos son los nuevos patronos, apóstoles de mica y de pantalla plana; cuarenta pulgadas de tilinguería, cincuenta programas inescrupulosos y crueles destinos con doble garantía de imbecibilidad.

Mingitorios de luxe para el orín de siempre, grifería de cromo para la misma mugre.

Los dioses, se olvidan por un rato de absolver pecados, le sobornan los ojos con tetas y delicias, levitan escombros, como globos rellenos de música ambiental.

A las veintidós, el mandadios comulga; es hora de cerrar el cielo. Los dioses paseanderos entran en rebeldía, apresuran los pasos descastados y laxos, hacia la periferia.

Las sonrisas, se guardan en las cajas vacías, las bocas, se despintan de luminosidades.

Las puertas se desplazan y el infierno adyacente, nos respira en la cara el sopor y la angustia, la realidad, se asoma con su color a nada.

Dejamos de ser dioses, somos seres de espanto que escuchan la proclama; con letras indelebles, contundentes y escasas, nos clavan la consigna. “Bienvenidos a casa”

HUGO ROSSI 

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