Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La brecha de precios en los
grandes festivales argentinos alcanza un punto de inflexión. Las entradas
generales para Cosquín Rock 2027 se cotizan un 67% por encima de las de
Lollapalooza Argentina, a pesar de ofrecer un día menos de programación. Un
abono general de dos días en el festival cordobés ronda los $575.000, mientras
que la preventa de tres días en San Isidro se sitúa en $345.000, con
promociones que pueden bajar la cifra a $285.000. La disparidad se amplía en
los segmentos VIP: el pase Fanático de Cosquín Rock alcanza los $1.900.000,
casi el doble que el Lolla Lounge ($925.750).
Esta diferencia no responde
únicamente a la grilla artística, sino a la estructura corporativa y de
financiamiento de cada evento. Lollapalooza, producido por DF Entertainment
(con el 51% en manos de la multinacional Live Nation), posee una capacidad de negociación
global que atrae un ecosistema masivo de patrocinadores. Marcas como Coca-Cola,
McDonald's, Santander o Corona absorben una porción significativa de los costos
operativos, subsidiando de facto el precio final de la entrada.
Cosquín Rock, en cambio, opera
bajo la órbita de En Vivo Producciones, liderada por José Palazzo y Marcelo
Oliva. Aunque mantiene una identidad cultural sólida, su base de sponsors
(Quilmes, BBVA, Disney+, Red Bull) es más acotada y con menor inversión por
metro cuadrado en el predio. Al no contar con el mismo colchón financiero
corporativo, el costo de producción se traslada de manera más directa al
bolsillo del espectador. La escala global subsidia la entrada; la producción
local, la traslada al consumidor.
Instagram: @mundonorte
