Por Román Reynoso para Mundo
Norte
El deterioro del mercado interno
y el impacto directo de la recesión en las estructuras productivas terminaron
por forzar una confluencia que, en otros momentos económicos, resultaba
infrecuente. Más de 300 referentes del entramado pyme, el movimiento obrero y
el sector académico se congregaron en Rosario bajo el lema "Argentina
Produce: Diálogo que Construye", con un diagnóstico unificado: sin
reactivación industrial ni sostenimiento del poder adquisitivo, no hay
viabilidad para las unidades de negocio locales.
La convocatoria, encabezada por
la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la Confederación
General del Trabajo (CGT), la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE) y la
Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA),
dejó al descubierto la fragilidad que atraviesan los comercios y las fábricas.
La advertencia central apuntó a la dinámica de retroalimentación negativa: el
cierre de líneas de producción destruye puestos formales y, de manera
inmediata, anula la demanda que sostiene al comercio minorista.
Desde la conducción sindical, el
secretario general de la CGT, Jorge Sola, planteó la urgencia de articular una
mesa de concertación que hoy el Poder Ejecutivo no promueve. Aunque admitió que
los intereses sectoriales entre capital y trabajo difieren en la puja
distributiva, remarcó la coincidencia en la necesidad de un plan que reactive
la economía real ante la ausencia de iniciativas oficiales para el sector
manufacturero.
El sector metalúrgico y la industria santafesina coincidieron en que el ingreso de divisas derivado de sectores primarios y energéticos como Vaca Muerta, el agro o la minería resulta insuficiente si no se integra a una cadena de valor manufacturera con mano de obra calificada. Si bien las entidades reconocieron la desaceleración inflacionaria, alertaron que la falta de medidas para apuntalar la capacidad instalada condicionará severamente la actividad en la segunda mitad del año.
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