En la historia de la Humanidad ha habido
muchos magos y brujas destacables por su fama y poder. Sargón, Salomón, Odín,
Merlín, Circe, la Madre de Grendel, Wo Kung, Johannes Zatara, entre una larga
lista. Pero de todos ellos, Khêntal Al Khârmor siempre fue el más poderoso.
Tanto es así, que nadie pudo matarlo nunca.
Louis Phillippe Deja Vù, en: Daemonesmortis
1 – Ulises Oliva
Ulises Oliva cumplió dieciséis años y
sus padres le regalaron el libro que él había estado esperando desde hacía
mucho tiempo: L´Histoire de la Magie de Louis Phillippe Deja Vù,
edición en francés original.
Como Carlos, su padre, había pasado
una dura infancia donde él había sido el sostén de toda su familia a muy
temprana edad, nunca había podido estudiar de la manera que le hubiese gustado,
motivo por el que le inculcó a Ulises el amor por la lectura y el aprendizaje.
Ulises se tomó entonces la misión de honrar tanto a su padre como a su madre, “La
Julia”, como Carlos la llamaba con cariño. La Julia era una mujer tan buena y
fiel como esas grandes princesas románticas de los cuentos de hadas que tanto
le gustaban a Ulises. De hecho, fue su madre quien, cuando él era muy pequeño,
le leía los libros de cuentos infantiles con pequeños príncipes y princesas que
llegaban a ser grandes reyes y reinas, con brujas maléficas, magos tenebrosos,
y todo tipo de seres mágicos y sobrenaturales. Esto alimentó mucho la
imaginación de la cabecita del pequeño Ulises.
Ulises muchas veces jugaba a ser un
mago, como el famosísimo Merlín de las leyendas artúricas, ya que el consejero
del Rey de Albión era uno de sus personajes favoritos. Además, siempre
agradeció llevar el nombre de uno de los héroes más famosos de la Guerra de
Troya. Siempre creyó que sus padres eran tan devotos de lo maravilloso y
fantástico como él, por eso la elección de tan mítico nombre. La realidad, en
cambio, era mucho más mundana: Carlos quería ponerle de nombre Carlos,
cómo era tradición de su familia con los primeros hijos. Julia le dijo que no,
y ella optó por el de Ulises, porque era la marca de un jabón que usaba
de chica por su fragancia tan rica. Igual siempre mantuvieron el secreto, no
querían romper la ilusión de su único hijo.
La afición de Ulises por la Magia,
entonces, nació desde muy temprana edad. También se interesaba mucho por los
grandes misterios del mundo, como la Atlántida y los alienígenas ancestrales, y
toda clase de fenómenos inexplicables, como las lluvias de sapos o los
domadores de tormentas. En su cuarto,
Ulises tenía una pequeña biblioteca con libros e historietas de magos y
hechiceros, libros sobre ocultismo y hechos extraordinarios, antologías de
relatos sobrenaturales, novelas de horror cósmico, y mucha literatura de terror
gótico.
En el colegio, sus
compañeros lo despreciaban por sus extraños gustos y porque era un típico
gordito estudioso de la clase. Sus altas calificaciones, en vez de ser objeto
de admiración, eran la causa de burlas constantes. Su mayor trauma era que Marissa Andino, la
chica que le gustaba, la única que lo superaba en calificaciones, era quien más
lo despreciaba y por eso sufría mucho. Sufría en silencio, porque nunca
demostraba su dolor. Su segundo trauma era que lo llamaban “Cabezón”, pero ya
se había acostumbrado a todos esos insultos y burlas. Eso no significaba que
dolieran menos.
Ulises, contento, se
llevó su libro para leer en el colegio.
Durante el primer recreo,
estaba muy emocionado leyendo el prólogo de Deja Vù cuando, de repente,
escuchó:
–¿Y eso que es? –la voz
era armoniosa y angelical.
Ulises levantó la mirada
y la vio. Era Marissa Andino, su amor imposible: rubia, alta, radiante y unos
ojos verdes cristalinos encantadores.
Por primera vez en tres
años, Marissa Andino le hablaba.
Ulises tardó en responder porque no quería
tartamudear. Le mostró la portada del libro a la chica.
–Historia de la Magia,
de Louis Phillippe Deja Vù, ¿lo conocés?
Marissa hizo la peor cara
de asco posible y le espetó:
–¡Por suerte no! Yo tengo
una vida de verdad. No como vos.
Ulises se quedó
estupefacto.
–¡Por qué sos tan rarito! Por eso nadie te quiere y
nadie te habla.
Marissa se fue y se reunió
con el resto de sus amigas, que comenzaron a murmurar y sonreír tras algo que
la chica les dijo. Todas miraron a Ulises y estallaron en carcajadas.
Ulises cerro su libro y
se fue corriendo al baño, a llorar en soledad.
*
–¿Cómo te fue en el cole
hoy, Uli? –le preguntó su madre apenas vio que su hijo entró por la puerta y
tiró su cargada mochila sobre el sillón del comedor.
Ulises mostró una sonrisa
fingida.
–Bien, Julia
–acostumbraba a llamarla por su nombre.
–¿Te sentís bien? Te veo
un poco tristón hoy.
–Me duele un poco la
cabeza, por eso. Hoy nos dieron mucha tarea.
La respuesta no convenció
demasiado a La Julia, quien tenía un sexto sentido de mujer y séptimo de madre.
–Voy a hacer que te creo,
Ulises, pero sabés que no. ¿No me querés contar qué te pasó?
–No me pasó nada, Julia. Tengo
un fuerte dolor de cabeza, nada más. Me voy a tirar un rato a descansar.
–Bueno, Uli, pero no te
vayas a dormir porque en un rato ya va a estar la comida.
Ulises fue hasta su
pieza, que estaba conectada por una galería al fondo de la casa, separada por
un patio trasero grande, donde estaba el césped y la pileta. Cuando Ulises
empezó a formar su biblioteca, Carlos decidió ampliar y remodelar el antiguo
galpón para hacer un espacio personal para su muchacho.
Ulises se recostó y cerró
los ojos.
Pensó en Marissa Andino y
sus crueles palabras.
No pudo evitar derramar
algunas lágrimas de tristeza.
“Qué bueno que no le
mostré que el libro está en francés”, pensó Ulises con una sonrisa tonta, “sino
me hubiera criticado mucho más.”
El muchacho estaba
subsumido en estos pensamientos cuando, de repente, escuchó cerca de él:
–¿Acaso esa chica no sabe
francés, Alëssus?
–¡Qué carajos! –exclamó
Ulises sobresaltado.
Se cayó de la cama.
Por un momento, Ulises
vio todo oscuro.
–¿Te golpeaste muy
fuerte, Alëssus? –la voz era grave y rasposa.
Ulises se levantó, agarró
un palo de escoba que tenía a mano y lo empuño como si fuera un garrote.
–¡Dónde estás! ¡Mirá que llamo a la policía!
¡Sali, flaco! –amenazó.
Inspeccionó con la mirada
cada rincón de su cuarto.
En su habitación sólo estaba él.
Hasta que vio el enorme espejo colgado en la pared.
El viejo espejo del su Abuelo Luis.
–Tanto tiempo, Alëssus
–dijo un anciano saludándolo con su mano.
Un anciano… ¡dentro del
espejo!
Continuará…
VARTAN GÓMEZ
Martes 11 de Agosto de 2026
Próximo capítulo: “El
Viejo en el espejo”.
