Títulos

12/08/26

LA MAGIA DEL AMOR (UNA MISTERIOSA DEL UNIVERSO 12) (Parte 1 de 7) por Vartan Gómez

En la historia de la Humanidad ha habido muchos magos y brujas destacables por su fama y poder. Sargón, Salomón, Odín, Merlín, Circe, la Madre de Grendel, Wo Kung, Johannes Zatara, entre una larga lista. Pero de todos ellos, Khêntal Al Khârmor siempre fue el más poderoso. Tanto es así, que nadie pudo matarlo nunca.

Louis Phillippe Deja Vù, en: Daemonesmortis



 

1 – Ulises Oliva

 

Ulises Oliva cumplió dieciséis años y sus padres le regalaron el libro que él había estado esperando desde hacía mucho tiempo: L´Histoire de la Magie de Louis Phillippe Deja Vù, edición en francés original.

Como Carlos, su padre, había pasado una dura infancia donde él había sido el sostén de toda su familia a muy temprana edad, nunca había podido estudiar de la manera que le hubiese gustado, motivo por el que le inculcó a Ulises el amor por la lectura y el aprendizaje. Ulises se tomó entonces la misión de honrar tanto a su padre como a su madre, “La Julia”, como Carlos la llamaba con cariño. La Julia era una mujer tan buena y fiel como esas grandes princesas románticas de los cuentos de hadas que tanto le gustaban a Ulises. De hecho, fue su madre quien, cuando él era muy pequeño, le leía los libros de cuentos infantiles con pequeños príncipes y princesas que llegaban a ser grandes reyes y reinas, con brujas maléficas, magos tenebrosos, y todo tipo de seres mágicos y sobrenaturales. Esto alimentó mucho la imaginación de la cabecita del pequeño Ulises.

Ulises muchas veces jugaba a ser un mago, como el famosísimo Merlín de las leyendas artúricas, ya que el consejero del Rey de Albión era uno de sus personajes favoritos. Además, siempre agradeció llevar el nombre de uno de los héroes más famosos de la Guerra de Troya. Siempre creyó que sus padres eran tan devotos de lo maravilloso y fantástico como él, por eso la elección de tan mítico nombre. La realidad, en cambio, era mucho más mundana: Carlos quería ponerle de nombre Carlos, cómo era tradición de su familia con los primeros hijos. Julia le dijo que no, y ella optó por el de Ulises, porque era la marca de un jabón que usaba de chica por su fragancia tan rica. Igual siempre mantuvieron el secreto, no querían romper la ilusión de su único hijo.

La afición de Ulises por la Magia, entonces, nació desde muy temprana edad. También se interesaba mucho por los grandes misterios del mundo, como la Atlántida y los alienígenas ancestrales, y toda clase de fenómenos inexplicables, como las lluvias de sapos o los domadores de tormentas.  En su cuarto, Ulises tenía una pequeña biblioteca con libros e historietas de magos y hechiceros, libros sobre ocultismo y hechos extraordinarios, antologías de relatos sobrenaturales, novelas de horror cósmico, y mucha literatura de terror gótico.

         En el colegio, sus compañeros lo despreciaban por sus extraños gustos y porque era un típico gordito estudioso de la clase. Sus altas calificaciones, en vez de ser objeto de admiración, eran la causa de burlas constantes.  Su mayor trauma era que Marissa Andino, la chica que le gustaba, la única que lo superaba en calificaciones, era quien más lo despreciaba y por eso sufría mucho. Sufría en silencio, porque nunca demostraba su dolor. Su segundo trauma era que lo llamaban “Cabezón”, pero ya se había acostumbrado a todos esos insultos y burlas. Eso no significaba que dolieran menos.

         Ulises, contento, se llevó su libro para leer en el colegio.

         Durante el primer recreo, estaba muy emocionado leyendo el prólogo de Deja Vù cuando, de repente, escuchó:

         –¿Y eso que es? –la voz era armoniosa y angelical.

         Ulises levantó la mirada y la vio. Era Marissa Andino, su amor imposible: rubia, alta, radiante y unos ojos verdes cristalinos encantadores.

         Por primera vez en tres años, Marissa Andino le hablaba.

Ulises tardó en responder porque no quería tartamudear. Le mostró la portada del libro a la chica.

         –Historia de la Magia, de Louis Phillippe Deja Vù, ¿lo conocés?

         Marissa hizo la peor cara de asco posible y le espetó:

         –¡Por suerte no! Yo tengo una vida de verdad. No como vos.

         Ulises se quedó estupefacto.

–¡Por qué sos tan rarito! Por eso nadie te quiere y nadie te habla.

         Marissa se fue y se reunió con el resto de sus amigas, que comenzaron a murmurar y sonreír tras algo que la chica les dijo. Todas miraron a Ulises y estallaron en carcajadas.

         Ulises cerro su libro y se fue corriendo al baño, a llorar en soledad.  

 

*

 

         –¿Cómo te fue en el cole hoy, Uli? –le preguntó su madre apenas vio que su hijo entró por la puerta y tiró su cargada mochila sobre el sillón del comedor.

         Ulises mostró una sonrisa fingida.

         –Bien, Julia –acostumbraba a llamarla por su nombre.

         –¿Te sentís bien? Te veo un poco tristón hoy.

         –Me duele un poco la cabeza, por eso. Hoy nos dieron mucha tarea.

         La respuesta no convenció demasiado a La Julia, quien tenía un sexto sentido de mujer y séptimo de madre.

         –Voy a hacer que te creo, Ulises, pero sabés que no. ¿No me querés contar qué te pasó?

         –No me pasó nada, Julia. Tengo un fuerte dolor de cabeza, nada más. Me voy a tirar un rato a descansar.

         –Bueno, Uli, pero no te vayas a dormir porque en un rato ya va a estar la comida.

         Ulises fue hasta su pieza, que estaba conectada por una galería al fondo de la casa, separada por un patio trasero grande, donde estaba el césped y la pileta. Cuando Ulises empezó a formar su biblioteca, Carlos decidió ampliar y remodelar el antiguo galpón para hacer un espacio personal para su muchacho.

         Ulises se recostó y cerró los ojos.

         Pensó en Marissa Andino y sus crueles palabras.

         No pudo evitar derramar algunas lágrimas de tristeza.

         “Qué bueno que no le mostré que el libro está en francés”, pensó Ulises con una sonrisa tonta, “sino me hubiera criticado mucho más.”

         El muchacho estaba subsumido en estos pensamientos cuando, de repente, escuchó cerca de él:

         –¿Acaso esa chica no sabe francés, Alëssus?

         –¡Qué carajos! –exclamó Ulises sobresaltado.

Se cayó de la cama.

         Por un momento, Ulises vio todo oscuro.

         –¿Te golpeaste muy fuerte, Alëssus? –la voz era grave y rasposa.

         Ulises se levantó, agarró un palo de escoba que tenía a mano y lo empuño como si fuera un garrote.

          –¡Dónde estás! ¡Mirá que llamo a la policía! ¡Sali, flaco! –amenazó.

         Inspeccionó con la mirada cada rincón de su cuarto.

En su habitación sólo estaba él.

Hasta que vio el enorme espejo colgado en la pared.

El viejo espejo del su Abuelo Luis.

         –Tanto tiempo, Alëssus –dijo un anciano saludándolo con su mano.

         Un anciano… ¡dentro del espejo!

 

Continuará…

 

 

VARTAN GÓMEZ

Martes 11 de Agosto de 2026

 

 

         Próximo capítulo: “El Viejo en el espejo”.

  

Pages