La
Magia es una combinación correcta entre palabras, gestos y símbolos.
El
Grimorio de Mathëus El Grïs
3 – Alëssus El Pardo
La figura era imponente. Tenía el tamaño
de un oso. Estaba vestido con una túnica oscura cuya capucha le tapaba el
rostro. Sólo podía vérsele su larga barba gris y sucia y los penetrantes ojos
de color rojo intenso. Era la encarnación misma del poder corrupto de la Magia.
–¿A qué vienes, niño? – le dijo con una
voz cavernosa.
– No sé cómo hiciste para derrotar a mi
Maestro –dijo el muchacho–, pero he venido hasta aquí a terminar lo que Khârmy
Bân Qâi comenzó, Khêntal Al Khârmor.
Bajo su capucha, el Hechicero Oscuro hizo
una mueca similar a una sonrisa.
*
–¿Cómo es eso de que soy ese tal Alëssus que tanto
mencionás? –exclamó Ulises indignado.
–¿Me puedes ver, no es así, Ulises Oliva? –preguntó el
anciano especular.
–Sí, ¿y?
–Pues eso significa que tú eres Alëssus Al Iní,
Ulises Oliva.
–¿Alëssus Al Iní? ¡Qué
nombre más pelotudo! ¿Qué carajo significa?
–Recuérdalo, Ulises Oliva.
Es el Antiguo Idioma de la Magia.
Ulises enarcó una ceja y,
de repente, le dio una puntada en la parte derecha de la sien. Le llevó las
manos a la cabeza y gimió de dolor.
*
Llevaban horas
invocando fuerzas de la naturaleza y todos los poderes arcanos que conocían, y
hasta, incluso, los más extremos, secretos y prohibidos. Ambos seguían firmes
en la batalla. Aunque Khêntal parecía apenas cansado, mientras que a Alëssus le
dolía todo su cuerpo y hasta le estaba costando respirar.
–¡Patético, zorrino del estiércol! –rugió
Khêntal Al Khârmor lanzando una carcajada antinatural desde unos cuatro metros
por encima del bosque–. Pero te concedo que estás soportando más que ese viejo
inútil.
Alëssus, enojado, extendió los brazos
apuntando hacia su rival y apoyó el dorso de la mano derecha sobre la palma de
la izquierda.
–¡Lêisha!(4) – gritó con todas las fuerzas
que salieron de sus pulmones. Una enorme bola de fuego salió disparada de sus
manos.
Impactó de lleno contra un asombrado
Khêntal.
*
–¡Ahora lo recuerdo! ¡Zorro Astuto, El Pardo!
¡Eso significa Alëssus Al Iní! –dijo Ulises mientras el dolor de cabeza
se le iba. Comenzaba a tener un montón de recuerdo de una vida que no era la
suya. Se veía leyendo libros y libros en
extraños idiomas y con símbolos primitivos, extraños, arcanos. Se veía a sí
mismo practicando hechizos de todo tipo. Recordó cómo invocar al fuego, cómo
volar caminado por el viento, cómo hacer fluir el agua a voluntad, cómo hacer
de los árboles sus aliados, cómo volver la tierra un escudo, cómo manipular los
rayos a su antojo, lo recordó todo.
Ulises miró al anciano dentro del espejo y le sonrió.
“Así que también podemos hablar sin hablar, ¿no,
Maestro Khârmy?”, le preguntó el muchacho con su mente.
“Así es, mi querido, Alëssus Al Iní”, respondió el
viejo en el espejo con una sonrisa de satisfacción.
“Maestro Khârmy, puede que en otra vida haya sido
Alëssus Al Iní, y puede que haya heredado ese poder mágico para lo que se viene…”,
dijo Ulises con convicción.
–Pero yo soy Ulises Oliva, nunca te olvides de eso
–volvió a hablar como de costumbre.
–Acepto entonces, tu convicción, Ulises Oliva.
–Igual me gusta cómo suena “El Pardo” –y rio a
carcajadas.
Unos ronquidos se escucharon estruendosamente. Ulises
miró hacia atrás y vio al Rinöko parándose entre esos ruidos que deberían ser
su versión de una carcajada.
–Ik grúnu bak jájaa (5) –dijo el rinóko
señalando al muchacho.
–Mour ufbat ge kuú tansíl na ur utásha (6) –le
dijo Ulises.
El Rinóko señaló a Khârmy.
–Ma ge fafnír. Ok bak mour praáta. (7)
Los tres rieron a carcajadas.
*
Khêntal Al Khârmor
gritaba de miedo y dolor, mientras veía cómo sus pies se iban volviendo raíces
que se enterraban en el suelo quemado. Los huesos de su cuerpo crujían por el
estiramiento, mientras sus brazos crecían y sus dedos se estiraban y se iban ramificando
en más y más dedos de los cuales comenzaban a crecer hojas.
Alëssus Al Iní estaba a
muchos metros lejos de él, brillando con un resplandor dorado, mientras
extendía los brazos hacia los costados, formando una cruz con su cuerpo, y no
paraba de recitar ese último hechizo en el que estaba poniendo lo último que le
quedaba de fuerza, voluntad y vida.
–¡Volveré, Sucio Gusano Mágico!
–gritaba Khêntal mientras sentía cómo su piel se iba volviendo una corteza
llena de estrías–. ¡Derroté a tu Maestro! ¡Nunca lo salvarás! ¡Tu vida se
acaba! ¡Yo soy inmortal! ¡Tú no! ¡Volveré! ¡VOLV
En ese momento, Khêntal Al
Khârmor emitió un agónico rugido que acabó en un silencio mortuorio.
La luz dorada de Alëssus
se extendió por todo el bosque y lo iluminó una última vez como si fuera un sol
en miniatura.
La Luz se apagó.
*
“Che, Rinöko, ¿podés hablar de una manera que se te
entienda?”, preguntó Ulises con su mente al Hombre Rinoceronte.
“Como poder, puedo”, respondió, “pero no me gusta ese
lenguaje feo que usan ustedes los humanos.”
“Listo, no dije nada”, acotó mentalmente Ulises. “A mí
tampoco me gusta ese lenguaje gutural que usas vos. Sigamos hablando de mente a
mente, entonces.”
El Rinöko extendió su grueso pulgar derecho.
–Che, Khârmy, hay algo que me intriga de todo esto.
–¿Acaso tienes dudas de si eres una reencarnación de
mi antiguo aprendiz? Déjame aclararte que, en realidad, existe una Constante
Mágica en ciertas personas, no muchas, alrededor del mundo, que va pasando de
un cuerpo a otro a lo largo de las generaciones. Por eso no existen muchos
hechiceros verdaderos. Además de que la gran mayoría acabaron muertos después
de Gran Guerra de Mathëus El Grïs. Así que no, no eres una reencarnación de
Alëssus Al Iní, como tal, sino que has heredado su Constante Mágica. Por eso
has adquirido sus poderes y seguro tengas destellos de su vida.
Ulises suspiró con pesar. Y dijo:
–Y de su muerte.
*
Con la poca fuerza que le quedaban,
Alëssus Al Iní caminó, tambaleante, hasta el enorme roble en el que se había
convertido Khêntal Al Khârmor.
–No tengo el poder suficiente para salvar
a mi Maestro –le dijo casi en susurros a la forma de la cara que había quedado
grabada en un grito silencioso en la parte del frente del enorme roble–.
Tampoco soy tan poderoso como para acabar con tu vida. Pero espero que, así
como condenaste a mi maestro a un encierro eterno, tú también sufras la agonía
del encierro en estos páramos aislados del mundo. Nadie jamás osará… llegar
hasta Hyperbörea… Este lugar sólo será una leyenda… que nadie creerá…
Alëssus cayó al suelo de rodillas y sonrió
mirando el rosto arbóreo.
–Todos nos olvidarán, Khêntal –susurró
Alëssus con sus últimas fuerzas–. Todos… nos… olvi…
Alëssus se desplomó definitivamente.
Trueno.
Un copo de nieve cayó sobre la mejilla sin
vida de Alëssus Al Iní.
*
–Morir duele –sentenció
Ulises mientras le recorría un escalofrío por la espalda–. ¡Y mucho!
–Nunca me pasó –dijo
Khârmy con una sonrisa pícara.
“A mí no me miren”, pensó
el Rinöko, “yo sólo soy un homúnculo.”
–Igual no me sacaste de mi
duda, Viejo – dijo Ulises –. La verdad me alegro de que no ser una
reencarnación de nadie, por más mago que sea, porque me gusta ser quien soy. Puedo
estar lleno de defectos, pero me gusta ser YO.
–Me parece muy bien,
Ulises Oliva. Pero entonces, ¿cuál es esa duda que te aqueja?
Ulises miró a Khârmy,
después al Rinöko y de nuevo al hechicero.
–Con todo el kilombo que
hicimos, ¿cómo es que nadie todavía vino a ver qué pasó acá?
Después de un breve
silencio, los tres volvieron a reír a carcajadas.
Continuará…
VARTAN GÓMEZ
Miércoles 19 de Agosto de 2026
NOTAS: habrán
notado que esta historia tiene muchas frases y palabras en “lenguaje mágico”.
Al final de toda esta historia voy a poner qué significa cada una de estas
frases. Estos juegos de inventar lenguajes son, obviamente, una influencia
directa de J.R.R.Tolkien. Pero, de todas maneras, era una inquietud que tuve
desde muy chico, incluso desde muchos años antes de leer El Hobbit por
primera vez, así que el estudiante de Letras estuvo siempre latente en mi
interior.
Imagen: Meta IA
