Títulos

20/08/26

LA MAGIA DEL AMOR (UNA MISTERIOSA DEL UNIVERSO 12) (Parte 3 de 7)

 



La Magia es una combinación correcta entre palabras, gestos y símbolos.

El Grimorio de Mathëus El Grïs

 

3 – Alëssus El Pardo

 

La figura era imponente. Tenía el tamaño de un oso. Estaba vestido con una túnica oscura cuya capucha le tapaba el rostro. Sólo podía vérsele su larga barba gris y sucia y los penetrantes ojos de color rojo intenso. Era la encarnación misma del poder corrupto de la Magia.

–¿A qué vienes, niño? – le dijo con una voz cavernosa.

– No sé cómo hiciste para derrotar a mi Maestro –dijo el muchacho–, pero he venido hasta aquí a terminar lo que Khârmy Bân Qâi comenzó, Khêntal Al Khârmor.

Bajo su capucha, el Hechicero Oscuro hizo una mueca similar a una sonrisa.

 

*

 

–¿Cómo es eso de que soy ese tal Alëssus que tanto mencionás? –exclamó Ulises indignado.

–¿Me puedes ver, no es así, Ulises Oliva? –preguntó el anciano especular.

–Sí, ¿y?

–Pues eso significa que tú eres Alëssus Al Iní, Ulises Oliva.

         –¿Alëssus Al Iní? ¡Qué nombre más pelotudo! ¿Qué carajo significa?

         –Recuérdalo, Ulises Oliva. Es el Antiguo Idioma de la Magia.

         Ulises enarcó una ceja y, de repente, le dio una puntada en la parte derecha de la sien. Le llevó las manos a la cabeza y gimió de dolor.

 

*

 

         Llevaban horas invocando fuerzas de la naturaleza y todos los poderes arcanos que conocían, y hasta, incluso, los más extremos, secretos y prohibidos. Ambos seguían firmes en la batalla. Aunque Khêntal parecía apenas cansado, mientras que a Alëssus le dolía todo su cuerpo y hasta le estaba costando respirar.

–¡Patético, zorrino del estiércol! –rugió Khêntal Al Khârmor lanzando una carcajada antinatural desde unos cuatro metros por encima del bosque–. Pero te concedo que estás soportando más que ese viejo inútil.

Alëssus, enojado, extendió los brazos apuntando hacia su rival y apoyó el dorso de la mano derecha sobre la palma de la izquierda.

–¡Lêisha!(4) – gritó con todas las fuerzas que salieron de sus pulmones. Una enorme bola de fuego salió disparada de sus manos.

Impactó de lleno contra un asombrado Khêntal.

 

*

 

–¡Ahora lo recuerdo! ¡Zorro Astuto, El Pardo! ¡Eso significa Alëssus Al Iní! –dijo Ulises mientras el dolor de cabeza se le iba. Comenzaba a tener un montón de recuerdo de una vida que no era la suya.  Se veía leyendo libros y libros en extraños idiomas y con símbolos primitivos, extraños, arcanos. Se veía a sí mismo practicando hechizos de todo tipo. Recordó cómo invocar al fuego, cómo volar caminado por el viento, cómo hacer fluir el agua a voluntad, cómo hacer de los árboles sus aliados, cómo volver la tierra un escudo, cómo manipular los rayos a su antojo, lo recordó todo.

Ulises miró al anciano dentro del espejo y le sonrió.

“Así que también podemos hablar sin hablar, ¿no, Maestro Khârmy?”, le preguntó el muchacho con su mente.

“Así es, mi querido, Alëssus Al Iní”, respondió el viejo en el espejo con una sonrisa de satisfacción.

“Maestro Khârmy, puede que en otra vida haya sido Alëssus Al Iní, y puede que haya heredado ese poder mágico para lo que se viene…”, dijo Ulises con convicción.

–Pero yo soy Ulises Oliva, nunca te olvides de eso –volvió a hablar como de costumbre.

–Acepto entonces, tu convicción, Ulises Oliva.

–Igual me gusta cómo suena “El Pardo” –y rio a carcajadas.

Unos ronquidos se escucharon estruendosamente. Ulises miró hacia atrás y vio al Rinöko parándose entre esos ruidos que deberían ser su versión de una carcajada.

Ik grúnu bak jájaa (5) –dijo el rinóko señalando al muchacho.

Mour ufbat ge kuú tansíl na ur utásha (6) –le dijo Ulises.

El Rinóko señaló a Khârmy.

Ma ge fafnír. Ok bak mour praáta. (7)

Los tres rieron a carcajadas.

 

*

 

         Khêntal Al Khârmor gritaba de miedo y dolor, mientras veía cómo sus pies se iban volviendo raíces que se enterraban en el suelo quemado. Los huesos de su cuerpo crujían por el estiramiento, mientras sus brazos crecían y sus dedos se estiraban y se iban ramificando en más y más dedos de los cuales comenzaban a crecer hojas.

         Alëssus Al Iní estaba a muchos metros lejos de él, brillando con un resplandor dorado, mientras extendía los brazos hacia los costados, formando una cruz con su cuerpo, y no paraba de recitar ese último hechizo en el que estaba poniendo lo último que le quedaba de fuerza, voluntad y vida.

         –¡Volveré, Sucio Gusano Mágico! –gritaba Khêntal mientras sentía cómo su piel se iba volviendo una corteza llena de estrías–. ¡Derroté a tu Maestro! ¡Nunca lo salvarás! ¡Tu vida se acaba! ¡Yo soy inmortal! ¡Tú no! ¡Volveré! ¡VOLV

         En ese momento, Khêntal Al Khârmor emitió un agónico rugido que acabó en un silencio mortuorio.  

         La luz dorada de Alëssus se extendió por todo el bosque y lo iluminó una última vez como si fuera un sol en miniatura.

         La Luz se apagó.

 

*

 

“Che, Rinöko, ¿podés hablar de una manera que se te entienda?”, preguntó Ulises con su mente al Hombre Rinoceronte.

“Como poder, puedo”, respondió, “pero no me gusta ese lenguaje feo que usan ustedes los humanos.”

“Listo, no dije nada”, acotó mentalmente Ulises. “A mí tampoco me gusta ese lenguaje gutural que usas vos. Sigamos hablando de mente a mente, entonces.”

El Rinöko extendió su grueso pulgar derecho.

–Che, Khârmy, hay algo que me intriga de todo esto.

–¿Acaso tienes dudas de si eres una reencarnación de mi antiguo aprendiz? Déjame aclararte que, en realidad, existe una Constante Mágica en ciertas personas, no muchas, alrededor del mundo, que va pasando de un cuerpo a otro a lo largo de las generaciones. Por eso no existen muchos hechiceros verdaderos. Además de que la gran mayoría acabaron muertos después de Gran Guerra de Mathëus El Grïs. Así que no, no eres una reencarnación de Alëssus Al Iní, como tal, sino que has heredado su Constante Mágica. Por eso has adquirido sus poderes y seguro tengas destellos de su vida.

Ulises suspiró con pesar. Y dijo:

–Y de su muerte.

 

*

 

Con la poca fuerza que le quedaban, Alëssus Al Iní caminó, tambaleante, hasta el enorme roble en el que se había convertido Khêntal Al Khârmor.

–No tengo el poder suficiente para salvar a mi Maestro –le dijo casi en susurros a la forma de la cara que había quedado grabada en un grito silencioso en la parte del frente del enorme roble–. Tampoco soy tan poderoso como para acabar con tu vida. Pero espero que, así como condenaste a mi maestro a un encierro eterno, tú también sufras la agonía del encierro en estos páramos aislados del mundo. Nadie jamás osará… llegar hasta Hyperbörea… Este lugar sólo será una leyenda… que nadie creerá…

Alëssus cayó al suelo de rodillas y sonrió mirando el rosto arbóreo.

–Todos nos olvidarán, Khêntal –susurró Alëssus con sus últimas fuerzas–. Todos… nos… olvi…

Alëssus se desplomó definitivamente.

Trueno.

Un copo de nieve cayó sobre la mejilla sin vida de Alëssus Al Iní.

 

*

 

         –Morir duele –sentenció Ulises mientras le recorría un escalofrío por la espalda–. ¡Y mucho!

         –Nunca me pasó –dijo Khârmy con una sonrisa pícara.

         “A mí no me miren”, pensó el Rinöko, “yo sólo soy un homúnculo.”

         –Igual no me sacaste de mi duda, Viejo – dijo Ulises –. La verdad me alegro de que no ser una reencarnación de nadie, por más mago que sea, porque me gusta ser quien soy. Puedo estar lleno de defectos, pero me gusta ser YO.

         –Me parece muy bien, Ulises Oliva. Pero entonces, ¿cuál es esa duda que te aqueja?

         Ulises miró a Khârmy, después al Rinöko y de nuevo al hechicero.

         –Con todo el kilombo que hicimos, ¿cómo es que nadie todavía vino a ver qué pasó acá?

         Después de un breve silencio, los tres volvieron a reír a carcajadas.

 

Continuará…

 

 

VARTAN GÓMEZ

Miércoles 19 de Agosto de 2026

 

 

NOTAS: habrán notado que esta historia tiene muchas frases y palabras en “lenguaje mágico”. Al final de toda esta historia voy a poner qué significa cada una de estas frases. Estos juegos de inventar lenguajes son, obviamente, una influencia directa de J.R.R.Tolkien. Pero, de todas maneras, era una inquietud que tuve desde muy chico, incluso desde muchos años antes de leer El Hobbit por primera vez, así que el estudiante de Letras estuvo siempre latente en mi interior.

Imagen: Meta IA

 

Pages