“–Dime, ¡Oh, Escarlata Musa!
¿Quién fue el hechicero más poderoso conocido?
–Su nombre, ¡Oh, Poeta Peregrino!
Fue consumido por el Olvido.”
El Cantar del Poeta Peregrino
2 – El Viejo en el espejo
Ulises Oliva lanzó un
alarido de terror al ver al anciano en vez de su propio reflejo en el espejo.
El espejo tenía un
metro y medio de alto por medio metro de ancho. Su forma era rectangular y el
marco era de madera de roble, pulido, brillante, de un color marrón oscuro. Era
un espejo común y corriente, sin detalles extraños o inscripciones dudosas. Era
una herencia familiar que había quedado en el galpón cuando su Abuelo Luis
había fallecido. Ahora era parte del decorado de la habitación de Ulises.
Aunque ahora, los bordes del espejo se había llenado de signos que parecían
runas brillando con un resplandor entre dorado y azulado, intermitentemente.
El anciano especular
sonrió al escuchar el alarido de terror del muchacho.
–No te asustes, muchacho
–le dijo el anciano.
–¡Que no me asuste! –chilló
Ulises como si fuera una niña –¡Tengo
un viejo en mi espejo!
–Mira mi rostro,
seguro que me reconocerás, Alëssus –dijo el viejo.
Ulises tomó coraje y
miró las facciones del viejo con detenimiento.
–La verdad, no tengo
la más puta idea de quien es usted –contestó el muchacho, aferrando su palo de
escoba con fuerza.
–Soy Khârmy Bân Qâi.
–¿Quién?
–¡Khârmy Bân Qâi, El
Hechicero Más Poderoso del Mundo!
–Y si es tan poderoso,
¿cómo puede ser que yo no lo conozca? Y eso que yo soy el más ferviente
fanático de todos los magos del mundo.
Y Ulises procedió a
señalarla le biblioteca repleta de historietas y libros que estaba justo en la
otra pared de la habitación.
–Me leí todos esos
libros. Nunca, y óigame bien, ¡nunca!, leí nada acerca de Khârmy Bân Qâi. No
hay ni una sola mención de su nombre.
–¿Y
qué me dices de Khêntal Al Khârmor? ¿Conoces su nombre acaso?
–No
me suena. ¿Quién es?
–El
hechicero que me encerró en este espejo.
–Entonces
no puede considerarse “el hechicero más poderoso del mundo”. Primero, nadie lo
conoce, ni yo, y segundo, perdió contra otro mago más fuerte que usted. Y, para
colmo de males, lo encerraron en un espejo. Muy patético lo suyo, Señor “El Hechicero
Más Poderoso del Mundo” –se burló Ulises.
Ulises
vio cómo una lágrima caía por la mejilla derecha del viejo.
–Imagino
que ese es el precio del fracaso –dijo con tristeza el anciano.
Ulises se sintió
culpable. Sus palabras fueron muy crueles.
–No creo que te sirva
de consuelo, Khârmy –dijo Ulises apoyando el palo de escoba en la pared junto
al espejo –, pero, a veces, el mundo se salva por todos esos miles de Guerreros
Secretos que dan su vida heroicamente. Nadie nunca va a saber sus nombres, pero
existieron, y que estemos hoy acá, es gracias a ellos, ¿no?
Khârmy levantó su
mirada y le sonrió.
–Tan joven y con tanta
sabiduría, muchacho.
–Eso me lo dijo mi
viejo. Carlos es el sabio. Yo no sé si me alcance la vida para llegar a ser
alguna vez como él.
–Las ramas crecen
mucho si el tronco es fuerte y firme.
–Carlos es el tronco
más fuerte y firme que conozco.
Ambos se miraron e
intercambiaron sonrisas cómplices.
–Debes tener una vida
muy interesante, joven Alëssus.
–Mi vida no es
justamente una aventura, Viejo, por eso me la paso leyendo encerrado en este
cuarto todo el día. La sociabilidad no es mi fuerte.
Khârmy soltó una
carcajada, y se sintió bien volver a reír después de tantos años de soledad y
encierro.
–Tengo una pregunta, Khârmy
Bân Qâi, ¿cuántos años tiene? Porque parece bastante viejo –preguntó Ulises
inquisitivo.
–¿En qué años estamos?
–1999.
–Nací en 679 de tu
actual calendario, así que son... ¡1320 años!
–¡Mierda! ¡Eso sí que es
ser viejo, eh!
–Sí, pero pasé los últimos 491 años encerrado
en este Maldito Espejo. No es algo
agradable de padecer. Es sumamente
aburrido. La soledad es una forma del Infierno.
–¿Y qué hay ahí
adentro?
–Una infinita
pradera. Y uno o dos árboles cada
tanto. Y casi siempre llueve. Es una Dimensión horrible y deprimente.
–¿Y qué come? ¿Qué toma?
¿Cuánto duerme? ¿Hay día o noche?
–Afortunadamente, no
necesito comer ni beber nada. Aquí
siempre hay crepúsculo, hace frío y está húmedo. Duermo por momentos, pero no por mucho
tiempo. Como podrás imaginar, es muy
difícil medir el tiempo en este lugar.
–¿Y nunca intentó
escapar?
–¿Crees que estaría
encerrado en este horrible lugar si hubiese encontrado la forma de salir de
él? Pero dejemos de lado esta
conversación sobre mí y vayamos a lo importante. Muchacho, he venido a entrenarte.
–¡¡¡¿CÓMO
DICE?!!!
Ulises sintió en esos
momentos un rugido, una respiración ronca y macabra detrás de él. Volvió a temblar mientras giraba la cabeza
hacia atrás, poco a poco. Lanzó un grito
de terror cuando vio a un ser horrible preparado para saltar encima de él. Era
un enorme Hombre Rinoceronte de casi dos metros de altura que vestía una coraza
de metal grisáceo y que con ambos brazos sostenía una enorme hacha de doble
filo.
–¡Gruk, Khármy!
¿Ark Ku Kaak?(1) –dijo entre ronquidos el Hombre Rinoceronte mirando al
viejo dentro del espejo
–Duurak mu úktra mour
dák, ¡E, Rinooko gorr gal!(2) –habló Khârmy en el mismo idioma al ser
antropomórfico.
Ulises estaba mudo de
asombro y miedo. Tomó de nuevo la escoba como garrote.
La
bestia roncó amenazadoramente y saltó sobre el muchacho.
Ulises se paró con firmeza y preparó su garrote improvisado para atacar. El peso de la bestia lo derribó al
suelo. La escoba voló por los aires, El
hombre bestia alzó el hacha para matar al muchacho y éste, con los ojos cerrados,
extendió los brazos hacia delante, como para sacárselo de encima, y gritó:
–¡Xaiâra!(3)
Primero hubo un
destello azulado, como un relámpago, después se escuchó una poderosa
explosión. Cuando Ulises abrió los ojos,
el hombre rinoceronte ya no estaba amenazándolo. En un rincón de su habitación,
el monstruo se encontraba desmayado encima de lo que hasta momentos antes era
su escritorio, con el hacha partida por la mitad.
–¡Excelente, Alëssus! ¡Derrotaste al Rinöko de un solo
golpe! La última vez tardaste casi tres días en derrotar al monstruo –Khârmy
sonrió.
–¡Que carajos pasó, Viejo! –vociferó Ulises asombrado y mirando
sus manos humeantes. Y señaló a la bestia tendida sobre su escritorio –. ¿Y qué
mierda es la cosa esa que está ahí tirada?
–ESO es un Rinöko. O, mejor
dicho, un pequeño homúnculo parecido a un Rinöko.
–¿QUÉ?
–Los Rinökos eran una antigua raza de Guerreros Animales del
África profunda. Si supieron esconderse
bien, supongo que deben existir todavía.
Eran bastante huraños y agresivos, pero no eran malos.
Ulises se miró de nuevo las manos humeantes.
–¿Acabo de tirar un poder? –preguntó mirando al anciano especular.
–Así es, joven Alëssus.
–¿Podés dejar de llamarme Alëssus? ¡Mi nombre es Ulises Oliva!
–Si esa es tu decisión, Ulises Oliva, así será. ¿Empezamos tu entrenamiento?
Ulises hizo unos segundos de silencio. Miró al rinöko, miró al
viejo en el espejo.
–¡Seguro! ¡Ahora soy un Mago! –exclamó Ulises riendo a carcajadas.
Khârmy Bân Qâi sonrió satisfecho.
Ulises interrumpió su risotada
–Ah, Khârmy…
–¿Qué sucede, joven Ulises Oliva?
–¿Quién carajos es Alëssus?
–¿Acaso no es obvio, Ulises Oliva?
Ulises lo miró extrañado y negó con la cabeza.
El anciano le sonrió y lo señaló con el dedo de su mano derecha.
–Aleëssus… ¡eres tú!
Continuará…
VARTAN GÓMEZ
Domingo 16 de Agosto de 2026
