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18/08/26

LA MAGIA DEL AMOR (UNA MISTERIOSA DEL UNIVERSO 12) (Parte 2 de 7) por Vartan Gómez

“–Dime, ¡Oh, Escarlata Musa!

¿Quién fue el hechicero más poderoso conocido?

–Su nombre, ¡Oh, Poeta Peregrino!

Fue consumido por el Olvido.”

El Cantar del Poeta Peregrino


 


2 – El Viejo en el espejo

 

Ulises Oliva lanzó un alarido de terror al ver al anciano en vez de su propio reflejo en el espejo.

El espejo tenía un metro y medio de alto por medio metro de ancho. Su forma era rectangular y el marco era de madera de roble, pulido, brillante, de un color marrón oscuro. Era un espejo común y corriente, sin detalles extraños o inscripciones dudosas. Era una herencia familiar que había quedado en el galpón cuando su Abuelo Luis había fallecido. Ahora era parte del decorado de la habitación de Ulises. Aunque ahora, los bordes del espejo se había llenado de signos que parecían runas brillando con un resplandor entre dorado y azulado, intermitentemente.

El anciano especular sonrió al escuchar el alarido de terror del muchacho.   

–No te asustes, muchacho –le dijo el anciano.

–¡Que no me asuste! –chilló Ulises como si fuera una niña –¡Tengo un viejo en mi espejo!    

–Mira mi rostro, seguro que me reconocerás, Alëssus –dijo el viejo. 

Ulises tomó coraje y miró las facciones del viejo con detenimiento.

–La verdad, no tengo la más puta idea de quien es usted –contestó el muchacho, aferrando su palo de escoba con fuerza.

–Soy Khârmy Bân Qâi.

–¿Quién?

–¡Khârmy Bân Qâi, El Hechicero Más Poderoso del Mundo!

–Y si es tan poderoso, ¿cómo puede ser que yo no lo conozca? Y eso que yo soy el más ferviente fanático de todos los magos del mundo.

Y Ulises procedió a señalarla le biblioteca repleta de historietas y libros que estaba justo en la otra pared de la habitación.

–Me leí todos esos libros. Nunca, y óigame bien, ¡nunca!, leí nada acerca de Khârmy Bân Qâi. No hay ni una sola mención de su nombre.

         –¿Y qué me dices de Khêntal Al Khârmor? ¿Conoces su nombre acaso?

         –No me suena. ¿Quién es?

         –El hechicero que me encerró en este espejo.

         –Entonces no puede considerarse “el hechicero más poderoso del mundo”. Primero, nadie lo conoce, ni yo, y segundo, perdió contra otro mago más fuerte que usted. Y, para colmo de males, lo encerraron en un espejo. Muy patético lo suyo, Señor “El Hechicero Más Poderoso del Mundo” –se burló Ulises.

         Ulises vio cómo una lágrima caía por la mejilla derecha del viejo.

         –Imagino que ese es el precio del fracaso –dijo con tristeza el anciano.

Ulises se sintió culpable. Sus palabras fueron muy crueles.

–No creo que te sirva de consuelo, Khârmy –dijo Ulises apoyando el palo de escoba en la pared junto al espejo –, pero, a veces, el mundo se salva por todos esos miles de Guerreros Secretos que dan su vida heroicamente. Nadie nunca va a saber sus nombres, pero existieron, y que estemos hoy acá, es gracias a ellos, ¿no?

Khârmy levantó su mirada y le sonrió.

–Tan joven y con tanta sabiduría, muchacho.

–Eso me lo dijo mi viejo. Carlos es el sabio. Yo no sé si me alcance la vida para llegar a ser alguna vez como él.

–Las ramas crecen mucho si el tronco es fuerte y firme.

–Carlos es el tronco más fuerte y firme que conozco.

Ambos se miraron e intercambiaron sonrisas cómplices.

–Debes tener una vida muy interesante, joven Alëssus.

–Mi vida no es justamente una aventura, Viejo, por eso me la paso leyendo encerrado en este cuarto todo el día. La sociabilidad no es mi fuerte.

Khârmy soltó una carcajada, y se sintió bien volver a reír después de tantos años de soledad y encierro.

–Tengo una pregunta, Khârmy Bân Qâi, ¿cuántos años tiene? Porque parece bastante viejo –preguntó Ulises inquisitivo.

–¿En qué años estamos?

–1999.

–Nací en 679 de tu actual calendario, así que son... ¡1320 años!

–¡Mierda! ¡Eso sí que es ser viejo, eh!

 –Sí, pero pasé los últimos 491 años encerrado en este Maldito Espejo.  No es algo agradable de padecer.  Es sumamente aburrido. La soledad es una forma del Infierno.

–¿Y qué hay ahí adentro?

–Una infinita pradera.  Y uno o dos árboles cada tanto.  Y casi siempre llueve.  Es una Dimensión horrible y deprimente.

–¿Y qué come? ¿Qué toma? ¿Cuánto duerme? ¿Hay día o noche?

–Afortunadamente, no necesito comer ni beber nada.  Aquí siempre hay crepúsculo, hace frío y está húmedo.  Duermo por momentos, pero no por mucho tiempo.  Como podrás imaginar, es muy difícil medir el tiempo en este lugar.

–¿Y nunca intentó escapar?

–¿Crees que estaría encerrado en este horrible lugar si hubiese encontrado la forma de salir de él?  Pero dejemos de lado esta conversación sobre mí y vayamos a lo importante.   Muchacho, he venido a entrenarte.

–¡¡¡¿CÓMO DICE?!!!        

Ulises sintió en esos momentos un rugido, una respiración ronca y macabra detrás de él.  Volvió a temblar mientras giraba la cabeza hacia atrás, poco a poco.  Lanzó un grito de terror cuando vio a un ser horrible preparado para saltar encima de él. Era un enorme Hombre Rinoceronte de casi dos metros de altura que vestía una coraza de metal grisáceo y que con ambos brazos sostenía una enorme hacha de doble filo.

¡Gruk, Khármy! ¿Ark Ku Kaak?(1) –dijo entre ronquidos el Hombre Rinoceronte mirando al viejo dentro del espejo

Duurak mu úktra mour dák, ¡E, Rinooko gorr gal!(2) –habló Khârmy en el mismo idioma al ser antropomórfico.

Ulises estaba mudo de asombro y miedo. Tomó de nuevo la escoba como garrote.

         La bestia roncó amenazadoramente y saltó sobre el muchacho.

         Ulises se paró con firmeza y preparó su garrote improvisado para atacar.  El peso de la bestia lo derribó al suelo.  La escoba voló por los aires, El hombre bestia alzó el hacha para matar al muchacho y éste, con los ojos cerrados, extendió los brazos hacia delante, como para sacárselo de encima, y gritó:

         ¡Xaiâra!(3)

Primero hubo un destello azulado, como un relámpago, después se escuchó una poderosa explosión.  Cuando Ulises abrió los ojos, el hombre rinoceronte ya no estaba amenazándolo. En un rincón de su habitación, el monstruo se encontraba desmayado encima de lo que hasta momentos antes era su escritorio, con el hacha partida por la mitad.

–¡Excelente, Alëssus! ¡Derrotaste al Rinöko de un solo golpe! La última vez tardaste casi tres días en derrotar al monstruo –Khârmy sonrió.

–¡Que carajos pasó, Viejo! –vociferó Ulises asombrado y mirando sus manos humeantes. Y señaló a la bestia tendida sobre su escritorio –. ¿Y qué mierda es la cosa esa que está ahí tirada?

–ESO es un Rinöko.  O, mejor dicho, un pequeño homúnculo parecido a un Rinöko.

–¿QUÉ?

–Los Rinökos eran una antigua raza de Guerreros Animales del África profunda.  Si supieron esconderse bien, supongo que deben existir todavía.  Eran bastante huraños y agresivos, pero no eran malos.

Ulises se miró de nuevo las manos humeantes.

–¿Acabo de tirar un poder? –preguntó mirando al anciano especular.

–Así es, joven Alëssus.

–¿Podés dejar de llamarme Alëssus? ¡Mi nombre es Ulises Oliva!  

–Si esa es tu decisión, Ulises Oliva, así será.  ¿Empezamos tu entrenamiento?

Ulises hizo unos segundos de silencio. Miró al rinöko, miró al viejo en el espejo.

–¡Seguro! ¡Ahora soy un Mago! –exclamó Ulises riendo a carcajadas.

Khârmy Bân Qâi sonrió satisfecho.

Ulises interrumpió su risotada

–Ah, Khârmy…

–¿Qué sucede, joven Ulises Oliva?

–¿Quién carajos es Alëssus?

–¿Acaso no es obvio, Ulises Oliva?

Ulises lo miró extrañado y negó con la cabeza.

El anciano le sonrió y lo señaló con el dedo de su mano derecha.

–Aleëssus… ¡eres tú!

 

Continuará…

 

 

VARTAN GÓMEZ

Domingo 16 de Agosto de 2026

 

  

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