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22/08/26

LA MAGIA DEL AMOR (UNA MISTERIOSA DEL UNIVERSO 12) (Parte 4 de 7) por Vartan Gómez



“–Hay cosas peores que La Muerte,

¡Oh, impasible Poeta Peregrino!

–Y qué puede ser más terrible que La Muerte

¡Oh, susurrante Escarlata Musa!

–El Olvido, Peregrino, ¡El Olvido!”

El Cantar del Poeta Peregrino

 

4 – Máscaras

 

         –Óinkk na grúk (8) –dijo Ulises sonriendo.

         –Ka múmu (9) –le respondió el Rinöko frunciendo el hocico en un gesto parecido a una sonrisa.

         –Creo que es suficiente por hoy, Ulises –le dijo Khârmy al muchacho.

         –El Nariz de Cuerno estuve resistente hoy –dijo Ulises, mientras se sacaba la remera sucia, sudada y rota, para ir a bañarse. 

         –Chógg (10) –hizo el homúnculo una reverencia inclinando la cabeza. Luego emitió un resplandor dorado y, tras un tenue sonido de trueno, cayó sobre la cama transformado en un peluche con forma de rinoceronte de ojos grandes, de cuerpo rechoncho y bonito, y con un enorme cuernito amarillo en el hocico.  

         –Levantá la barrera, Khârmy –le dijo el muchacho al viejo en el espejo mientras tomaba su toallón de Boca Juniors. 

         Khârmy hizo el cuarto gesto de Dhünn y la barrera que sellaba la habitación de Ulises del exterior fue desapareciendo con un leve zumbido, no audible para el humano común.

         Los entrenamientos de Ulises llevaban semanas. El muchacho aprendía con mucha rapidez, en una mezcla de recuerdos y el aprendizaje de nuevos hechizos.

         Khârmy Bân Qâi suspiró con resignación y tristeza.

         “¿Se acerca el momento, no, Viejo?”, pensó el rinoceronte de peluche.

         El anciano no dijo nada, pero sus ojos se llenaron de lágrimas.

 

*

 

         Ulises leía con pasión el Le Compendium du mal de Louis Phillipe Deja Vù, en una mala traducción de Jorge Burgos. Estaba bajo el amparo de un enorme sauce llorón de la Plaza Ubaldo Whipmann. El día estaba fresco y nublado. Había algo de viento, pero el muchacho estaba tan compenetrado en la lectura que eso no le molestaba para nada. La lectura era interesante.  Deja Vù escribía sobre los “Parásitos Abisales”.

 

Los Parásitos Abisales o Al Gadhûl son entidades incorpóreas que habitan en una dimensión particular, que algunos identifican como Nervâth.  Acostumbran a alimentarse de las personas con personalidades débiles, o de personas enfermas, o en estado comatoso. A lo largo de la historia, existen muchos registros de los Al Gadhûl, principalmente entre los cronistas del Cercano y Medio Oriente, quienes realizaron exhaustivos rituales con el fin de combatir a estos parásitos invisibles. Dentro de las crónicas arábigas, se han mencionado la existencia de una jerarquía de los Al Gadhûl, cuyos jefes principales han recibido nombres variados, pero, cotejando docenas de documentos y superando ciertas contradicciones, se ha podido establecer una nomenclatura regular para ellos.   Uno de los Parásitos Abisales más conocidos es

 

         En ese momento, su lectura fue interrumpida por un fuerte sollozo. Ulises reconoció un aroma que le había encantado desde la primera vez que había entrado por sus fosas nasales, casi tres años atrás.

         Ulises cerró el libro, lo guardó en su mochila, se levantó y caminó unos cuantos metros hasta llegar al origen del sollozo.

         Ahí estaba ella, sola, sentada en un banco de madera, con las manos en la cara. Estaba hermosa como siempre. Era elegante. Se acercó a ella y se sentó a su lado.

         –Marissa, ¿qué te pasa? –le preguntó con timidez.

         Marissa Andino apartó sus manos para ver a su interlocutor. Lo miró de reojo, con sus ojos rojos y llenos de lágrimas.

         –¿Qué te importa? –respondió bruscamente y volvió a taparse la cara con las manos.

A pesar de tener la nariz llena de mocos, a Ulises ella le seguía pareciendo humanamente divina. Se quedó un rato más en silencio, sin sabe qué decir, mientras veía que Marissa esnifaba conteniendo el llanto. Entonces sacó un pañuelo que tenía en el bolsillo y se lo pasó a la chica.

–Tomá, Marissa.

–¡Me querés dejar de molestar, chabón! –arremetió la chica tomando el pañuelo, lo arrugó y lo lanzó bien lejos.

–Quería ayudarte.

–¡No quiero tu ayuda, tarado! ¡Andate de acá!

Ulises se paró, caminó hasta el pañuelo, lo levantó, lo sacudió un poco para sacarle la tierra, lo limpió con la mano, lo dobló, volvió a acercarse a la chica, se paró frente a ella y le ofreció el pañuelo una vez más.

–No sé por qué sos tan maleducada conmigo. Yo nunca te hice nada. Es más, ni siquiera hablamos, y eso que somos compañeros desde hace tres años.  ¿Por qué me tratás mal?

La chica lo miró con sus ojos llorosos.

Ulises le sonrió. Era un sueño. Ella era su sueño.

Marissa le arrebató de las manos el pañuelo y se sonó la nariz.

Ulises volvió a sentarse junto a ella.

–No hace falta que me cuentes nada, Marissa. Tenés razón, ni siquiera me conocés. Yo no te conozco tampoco. No me debés nada. Mala mía por intentar ser agradable.

Marissa volvió a sonarse la nariz, se limpió bien y le ofreció de nuevo el pañuelo al chico.

–Gracias –le dijo casi en un susurro.

Ulises la miró, le sonrió de manera tonta y le dijo:

–¡De nada! Quedátelo. Siempre llevo al menos tres pañuelos en la mochila. Mi mamá siempre me dice que no salga de casa sin pañuelos.

–Bueno, gracias de nuevo – Marissa se guardó el pañuelo en el bolsillo de su jean –. Tu mamá parece una mujer interesante. Así debe ser con todos tus hermanos, ¿no?

Ulises suspiró.

–Soy hijo único. Aunque siempre me hubiera gustado tener un hermanito. Alguien con quien compartir las cosas y pelearnos un poco.

–Te puedo asegurar que te envidio. Tener hermanos es un infierno.

–¿Por? ¿Cuántos hermanos tenés? 

–Soy la mayor de cinco hermanos. Primera y única mujer.

–Terminás siendo la madre de todos, ¿no?

–Mi mamá es la mayor de once. Y tuvo que cuidar a la gran mayoría. Por algo se casó joven.

–¡Pobrecita! Ahora creo que tu mamá me cae mejor.

–Deberías conocerla a La Julia. Es la mejor mamá del mundo.

–¿La Julia? ¿Por qué la llamás así a tu mamá? Parece que fuera una vecina chusma en vez de tu mamá.

–Así la llama mi papá y a mí se me pegó. A ella no le molesta, no te preocupes.

–A ustedes les parece que no les molesta. ¿Le preguntaste alguna vez? ¿O asumís que sólo por ser su hijo te perdona todo?

         Ulises se quedó pensando.

         –Nunca se me hubiera ocurrido pensar eso. ¿Vos creés que le moleste?

         –A las mujeres nos molestan muchísimas cosas, pero acostumbramos a callarnos la boca. Nadie nos escucha. Nadie nos entiende. Y callar nos evita más problemas.

         Ulises pensó que ese era el momento justo para usar su telepatía recién aprendida. Era cuestión de hacer el Sexto Gesto de Barnás. Así podría saber qué estaba pasando por la cabeza de la chica. Era tan fácil… un simple gesto…

         Ulises se levantó de golpe.

         –Marissa, me encantaría saber por qué estabas llorando –los latidos de su corazón aumentaban–, y me gustaría decirte que…

         “Te amo”, pensaba el muchacho, “te amo desde la primera vez que te vi, con todo mi corazón. ¡Sos la mujer de mis sueños!

         Marissa se quedó mirándolo, esperando a ver qué decía.

         –¿Qué me querés decir?

         La Runa de Káthy le daría la posibilidad de hipnotizar a la chica. Podría besarla y ella se enamoraría de él… un símbolo y Marissa Andino sería suya para siempre…

         Ulises la miró: era su Musa. No una Esclava.

         –¡TE QUIERO!

         –¿Qué? –exclamó Marissa abriendo los ojos como huevos fritos.

         –¡Digo que te quiero!… te quiero decir que espero que cualquier cosa que te haya hecho llorar, cualquier problema que tengas, lo puedas solucionar –Ulises suspiró profundamente–. No está bueno que una chica tan linda como vos ande llorando. En el colegio siempre sos súper alegre. Me gusta verte así. Alegre sos muy hermosa. 

         La chica lo miró con seriedad. Luego esbozó una tenue sonrisa.

         –¿Gracias?

         Marissa vio que Ulises se había puesto todo colorado.

         –¡Me tengo que ir, Marissa! –dijo el muchacho levantándose y poniéndose la mochila en la espalda–. Si llego tarde a cenar después La Julia me caga a pedos. ¡Y no ha que hacer enojar a La Julia!

         Marissa lanzó una carcajada al ver la cara de miedo de Ulises al pensar en La Julia enojada.

         Ulises se dio vuelta y comenzó a correr por el pasto.

         –¡ULISES!

         Ulises Oliva se detuvo, asombrado. Era la primera vez, en casi tres años, que Marissa Andino lo llamaba por su nombre. ¡Y sonaba tan genial!

         –¡Qué? –gritó el chico, que estaba a unos cien metros.

         –¡Gracias! –sacó el pañuelo, lo levantó y lo agitó a modo de saludo–. ¡Gracias por el pañuelo! ¡Y gracias por la charla!

         Ulises sintió una enorme felicidad. ¿Qué clase de Magia era esa? Miró por última vez a la chica de sus sueños, se giró y siguió corriendo.

         Antes de perderse por la loma, escucho:

         –¡Y saludos a La Julia!

         Ulises sonrió de oreja a oreja.

         Por primera vez, Ulises Oliva sintió La Magia del Amor.

 

Continuará…

 

 

VARTAN GÓMEZ

Sábado 22 de Agosto de 2026

 

 

NOTA: Son las 2:59 de la madrugada del sábado 22 de Agosto de 2026. Acabo de terminar este capítulo y, a pesar de que corrijo varias veces los textos y les introduzco miles de cambios con cada relectura, este ni lo voy a revisar. Va así tal cual, en crudo, con todos los errores posibles. En este caso, la Magia es la de la primera versión. Quizás en algún futuro cuando compile toda esta historia le agregue todas las correcciones y cambios correspondientes, pero hoy… hoy no será ese día.

Imagen: Meta IA. 

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