“–Hay cosas peores que La Muerte,
¡Oh, impasible Poeta Peregrino!
–Y qué puede ser más terrible que La Muerte
¡Oh, susurrante Escarlata Musa!
–El Olvido, Peregrino, ¡El Olvido!”
El Cantar del Poeta Peregrino
4 – Máscaras
–Óinkk na grúk (8)
–dijo Ulises sonriendo.
–Ka múmu (9) –le
respondió el Rinöko frunciendo el hocico en un gesto parecido a una sonrisa.
–Creo que es suficiente
por hoy, Ulises –le dijo Khârmy al muchacho.
–El Nariz de Cuerno
estuve resistente hoy –dijo Ulises, mientras se sacaba la remera sucia, sudada
y rota, para ir a bañarse.
–Chógg (10) –hizo
el homúnculo una reverencia inclinando la cabeza. Luego emitió un resplandor
dorado y, tras un tenue sonido de trueno, cayó sobre la cama transformado en un
peluche con forma de rinoceronte de ojos grandes, de cuerpo rechoncho y bonito,
y con un enorme cuernito amarillo en el hocico.
–Levantá la barrera,
Khârmy –le dijo el muchacho al viejo en el espejo mientras tomaba su toallón de
Boca Juniors.
Khârmy hizo el cuarto
gesto de Dhünn y la barrera que sellaba la habitación de Ulises del exterior
fue desapareciendo con un leve zumbido, no audible para el humano común.
Los entrenamientos de
Ulises llevaban semanas. El muchacho aprendía con mucha rapidez, en una mezcla
de recuerdos y el aprendizaje de nuevos hechizos.
Khârmy Bân Qâi suspiró
con resignación y tristeza.
“¿Se acerca el momento,
no, Viejo?”, pensó el rinoceronte de peluche.
El anciano no dijo nada,
pero sus ojos se llenaron de lágrimas.
*
Ulises leía con pasión el
Le Compendium du mal de Louis Phillipe Deja Vù, en una mala traducción
de Jorge Burgos. Estaba bajo el amparo de un enorme sauce llorón de la Plaza
Ubaldo Whipmann. El día estaba fresco y nublado. Había algo de viento, pero el
muchacho estaba tan compenetrado en la lectura que eso no le molestaba para
nada. La lectura era interesante. Deja
Vù escribía sobre los “Parásitos Abisales”.
Los Parásitos Abisales o Al
Gadhûl son entidades incorpóreas que habitan en una dimensión
particular, que algunos identifican como Nervâth. Acostumbran a alimentarse de las personas con
personalidades débiles, o de personas enfermas, o en estado comatoso. A lo
largo de la historia, existen muchos registros de los Al Gadhûl, principalmente
entre los cronistas del Cercano y Medio Oriente, quienes realizaron exhaustivos
rituales con el fin de combatir a estos parásitos invisibles. Dentro de las
crónicas arábigas, se han mencionado la existencia de una jerarquía de los Al
Gadhûl, cuyos jefes principales han recibido nombres variados, pero, cotejando
docenas de documentos y superando ciertas contradicciones, se ha podido
establecer una nomenclatura regular para ellos. Uno de los Parásitos Abisales más conocidos
es
En ese momento, su
lectura fue interrumpida por un fuerte sollozo. Ulises reconoció un aroma que
le había encantado desde la primera vez que había entrado por sus fosas
nasales, casi tres años atrás.
Ulises cerró el libro, lo
guardó en su mochila, se levantó y caminó unos cuantos metros hasta llegar al
origen del sollozo.
Ahí estaba ella, sola,
sentada en un banco de madera, con las manos en la cara. Estaba hermosa como
siempre. Era elegante. Se acercó a ella y se sentó a su lado.
–Marissa, ¿qué te pasa?
–le preguntó con timidez.
Marissa Andino apartó sus
manos para ver a su interlocutor. Lo miró de reojo, con sus ojos rojos y llenos
de lágrimas.
–¿Qué te importa?
–respondió bruscamente y volvió a taparse la cara con las manos.
A pesar de tener la nariz llena de mocos, a Ulises
ella le seguía pareciendo humanamente divina. Se quedó un rato más en silencio,
sin sabe qué decir, mientras veía que Marissa esnifaba conteniendo el llanto.
Entonces sacó un pañuelo que tenía en el bolsillo y se lo pasó a la chica.
–Tomá, Marissa.
–¡Me querés dejar de molestar, chabón! –arremetió la
chica tomando el pañuelo, lo arrugó y lo lanzó bien lejos.
–Quería ayudarte.
–¡No quiero tu ayuda, tarado! ¡Andate de acá!
Ulises se paró, caminó hasta el pañuelo, lo levantó, lo
sacudió un poco para sacarle la tierra, lo limpió con la mano, lo dobló, volvió
a acercarse a la chica, se paró frente a ella y le ofreció el pañuelo una vez
más.
–No sé por qué sos tan maleducada conmigo. Yo nunca te
hice nada. Es más, ni siquiera hablamos, y eso que somos compañeros desde hace
tres años. ¿Por qué me tratás mal?
La chica lo miró con sus ojos llorosos.
Ulises le sonrió. Era un sueño. Ella era su sueño.
Marissa le arrebató de las manos el pañuelo y se sonó
la nariz.
Ulises volvió a sentarse junto a ella.
–No hace falta que me cuentes nada, Marissa. Tenés
razón, ni siquiera me conocés. Yo no te conozco tampoco. No me debés nada. Mala
mía por intentar ser agradable.
Marissa volvió a sonarse la nariz, se limpió bien y le
ofreció de nuevo el pañuelo al chico.
–Gracias –le dijo casi en un susurro.
Ulises la miró, le sonrió de manera tonta y le dijo:
–¡De nada! Quedátelo. Siempre llevo al menos tres
pañuelos en la mochila. Mi mamá siempre me dice que no salga de casa sin
pañuelos.
–Bueno, gracias de nuevo – Marissa se guardó el
pañuelo en el bolsillo de su jean –. Tu mamá parece una mujer interesante. Así
debe ser con todos tus hermanos, ¿no?
Ulises suspiró.
–Soy hijo único. Aunque siempre me hubiera gustado
tener un hermanito. Alguien con quien compartir las cosas y pelearnos un poco.
–Te puedo asegurar que te envidio. Tener hermanos es
un infierno.
–¿Por? ¿Cuántos hermanos tenés?
–Soy la mayor de cinco hermanos. Primera y única
mujer.
–Terminás siendo la madre de todos, ¿no?
–Mi mamá es la mayor de once. Y tuvo que cuidar a la
gran mayoría. Por algo se casó joven.
–¡Pobrecita! Ahora creo que tu mamá me cae mejor.
–Deberías conocerla a La Julia. Es la mejor mamá del
mundo.
–¿La Julia? ¿Por qué la llamás así a tu mamá? Parece
que fuera una vecina chusma en vez de tu mamá.
–Así la llama mi papá y a mí se me pegó. A ella no le
molesta, no te preocupes.
–A ustedes les parece que no les molesta. ¿Le
preguntaste alguna vez? ¿O asumís que sólo por ser su hijo te perdona todo?
Ulises se quedó pensando.
–Nunca se me hubiera
ocurrido pensar eso. ¿Vos creés que le moleste?
–A las mujeres nos
molestan muchísimas cosas, pero acostumbramos a callarnos la boca. Nadie nos
escucha. Nadie nos entiende. Y callar nos evita más problemas.
Ulises pensó que ese era
el momento justo para usar su telepatía recién aprendida. Era cuestión de hacer
el Sexto Gesto de Barnás. Así podría saber qué estaba pasando por la cabeza de
la chica. Era tan fácil… un simple gesto…
Ulises se levantó de
golpe.
–Marissa, me encantaría
saber por qué estabas llorando –los latidos de su corazón aumentaban–, y me
gustaría decirte que…
“Te amo”, pensaba el
muchacho, “te amo desde la primera vez que te vi, con todo mi corazón. ¡Sos
la mujer de mis sueños!”
Marissa se quedó
mirándolo, esperando a ver qué decía.
–¿Qué me querés decir?
La Runa de Káthy le daría
la posibilidad de hipnotizar a la chica. Podría besarla y ella se enamoraría de
él… un símbolo y Marissa Andino sería suya para siempre…
Ulises la miró: era su
Musa. No una Esclava.
–¡TE QUIERO!
–¿Qué? –exclamó Marissa
abriendo los ojos como huevos fritos.
–¡Digo que te quiero!… te
quiero decir que espero que cualquier cosa que te haya hecho llorar, cualquier
problema que tengas, lo puedas solucionar –Ulises suspiró profundamente–. No
está bueno que una chica tan linda como vos ande llorando. En el colegio
siempre sos súper alegre. Me gusta verte así. Alegre sos muy hermosa.
La chica lo miró con
seriedad. Luego esbozó una tenue sonrisa.
–¿Gracias?
Marissa vio que Ulises se
había puesto todo colorado.
–¡Me tengo que ir,
Marissa! –dijo el muchacho levantándose y poniéndose la mochila en la espalda–.
Si llego tarde a cenar después La Julia me caga a pedos. ¡Y no ha que hacer
enojar a La Julia!
Marissa lanzó una
carcajada al ver la cara de miedo de Ulises al pensar en La Julia enojada.
Ulises se dio vuelta y
comenzó a correr por el pasto.
–¡ULISES!
Ulises Oliva se detuvo,
asombrado. Era la primera vez, en casi tres años, que Marissa Andino lo llamaba
por su nombre. ¡Y sonaba tan genial!
–¡Qué? –gritó el chico,
que estaba a unos cien metros.
–¡Gracias! –sacó el
pañuelo, lo levantó y lo agitó a modo de saludo–. ¡Gracias por el pañuelo! ¡Y
gracias por la charla!
Ulises sintió una enorme
felicidad. ¿Qué clase de Magia era esa? Miró por última vez a la chica de sus
sueños, se giró y siguió corriendo.
Antes de perderse por la
loma, escucho:
–¡Y saludos a La Julia!
Ulises sonrió de oreja a
oreja.
Por primera vez, Ulises
Oliva sintió La Magia del Amor.
Continuará…
VARTAN GÓMEZ
Sábado 22 de Agosto de 2026
NOTA: Son las 2:59
de la madrugada del sábado 22 de Agosto de 2026. Acabo de terminar este
capítulo y, a pesar de que corrijo varias veces los textos y les introduzco
miles de cambios con cada relectura, este ni lo voy a revisar. Va así tal cual,
en crudo, con todos los errores posibles. En este caso, la Magia es la de la
primera versión. Quizás en algún futuro cuando compile toda esta historia le
agregue todas las correcciones y cambios correspondientes, pero hoy… hoy no
será ese día.
Imagen: Meta IA.
