Era una noche oscura,
oscura como el demonio
y entre los lazos tenues del laberinto
un sonido despertó su alma
Era un sonido oscuro,
oscuro como el instinto
En aquel laberinto del túnel
estaba desamparada,
con sogas colgantes
Distante de la tormenta que la agobiaba
apareció su alma atormentada
Era una noche oscura, oscura como su alma
El lodo afloró prontamente
la grieta de la piedra se hizo más profunda
la luz difusa, escuchaba hábilmente
Junto a su alma había un lecho
Hecho de junco y madera
que arrastraba su cuerpo
hasta la embriagante caldera
El frio comenzó a hacer de su piel
un doloroso pastel de frutas secas
Pero el olor del arder, resultó ser
más amargo que el pastel
Los monstruos salieron, aquella noche,
la noche oscura, como el demonio
Vinieron por ella y su alma
Vinieron para abandonarla
Su cuerpo y su alma seguían absortos
se sacudían ante aquel espanto
Era la muerte que se acercaba
y fácilmente la acorralaba
Las sogas no estaban ahí por coincidencia
Ni su alma había llegado repentinamente
La invitó a atar las
sogas, con impertinencia
La invitó sonriente, satírica e hiriente
Se colgó de la soga, el aire comenzó a faltar
Quiso salir del nudo, pero su alma insistía
Entonces, se dejó caer, como para saltar
Se abrieron sus alas
oscuras, mientras sonreía
Hoy sigue allí, pero
sin vida
Olvidada, solitaria e
inerte
se encienden sus ojos
grises, aún perdida
Tal vez un día...
alguien la encuentre
Claudia Mammolite (CLODE)
