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21/08/26

Reciclaje que paga, techos que generan energía y bosques que cotizan: la ciudad que propone Javier Vázquez

El sociólogo y especialista en sostenibilidad urbana planteó en "Mates y Datos" un modelo de ciudad que no pide más subsidios, sino que reordena incentivos: pagarle al vecino que separa residuos, dejar que los consorcios vendan energía solar y crear un mercado de bonos con el arbolado público. La discusión, emitida este miércoles por Jovita Stream, derivó también en un repaso crítico de por qué la Argentina llega tarde a cada revolución tecnológica desde el siglo XIX.



El diagnóstico: eficiencia antes que tecnología

Javier Vázquez, ex funcionario del gobierno porteño y hoy consultor en proyectos de sostenibilidad urbana, fue entrevistado por Román Reynoso y Denise Dertycia en la emisión de "Mates y Datos" de este miércoles. Su tesis central desplaza el eje de la discusión habitual sobre "ciudades inteligentes": una smart city, sostuvo, "más allá de la tecnología, es una ciudad eficiente", y el desafío no pasa por sumar sensores sino por aprovechar la infraestructura ya construida.

Consultado por casos concretos de digitalización en la Ciudad de Buenos Aires, mencionó el asistente virtual Boti como ejemplo de un servicio que resuelve trámites en tiempo real dentro de WhatsApp, y la migración a iluminación LED como una mejora que combina menor consumo con mejor calidad lumínica. Pero el diagnóstico más duro llegó cuando la conversación giró hacia la basura en las calles porteñas: para Vázquez, el problema no es solo social —la proliferación de gente que revuelve contenedores en busca de materiales para vender—, sino de diseño de política pública. "La estrategia que tiene hoy la ciudad para contrarrestar eso es aumentar servicios: más limpieza, más recolección. Pero no se soluciona el problema, porque el residuo sigue estando en la calle", explicó.



Pagarle al vecino para que separe

La propuesta más desarrollada de la entrevista fue un esquema de incentivo económico directo a la separación domiciliaria de residuos. El mecanismo: el vecino que se registre con su número de ABL entrega bolsas estandarizadas de material reciclable —entre 2 y 4 kilos, según el promedio que arrojan las estadísticas de generación domiciliaria—, recibe un pago mediante un código QR y ese material va directo a una cooperativa de recuperadores urbanos.

El financiamiento no requeriría partidas nuevas. Vázquez calculó que si la ciudad reduce de siete a cinco los días semanales de recolección —posible, según su planteo, si se incorporan sensores de llenado en los contenedores para que los camiones no circulen con cargas parciales—, se liberarían entre 7 y 8 millones de dólares actualmente destinados a servicios de recolección y barrido redundantes. Ese ahorro financiaría el pago a los vecinos.

Reynoso planteó el punto más sensible del esquema: la capacidad de presión de las empresas recolectoras y los sindicatos del sector frente a una reducción de servicios contratados. Vázquez no eludió el planteo: "Que venga otra empresa recolectora que tenga ganas de cumplir el servicio", respondió, apostando a la licitación como mecanismo de disciplina de mercado antes que a la negociación directa.

El especialista también recordó que la ciudad llegó a tener una participación ciudadana en la separación de residuos de entre 40% y 50%, frente al 60-70% de otras ciudades comparables, un nivel que hoy se perdió por la falta de contenedores verdes accesibles.



Techos que pagan expensas

El segundo eje de la entrevista fue la generación de energía fotovoltaica distribuida en edificios de propiedad horizontal, en un contexto de consorcios con dificultades crecientes para cobrar expensas. La propuesta requiere dos cambios: modificar la reglamentación para que un consorcio pueda vender la energía que genera en su techo, y abrir una línea de crédito a tasa mínima o cero —Vázquez mencionó al Banco Ciudad como opción, aunque aclaró que podría instrumentarse con cualquier banco público o privado— para financiar la instalación de los paneles.

El argumento de bajo riesgo crediticio se apoya en la vida útil de los equipos: un panel solar produce energía durante treinta años, lo que permite repagar la inversión inicial en cuatro o cinco años y dejar veinticinco años de ganancia neta para el consorcio, ya sea mediante la venta a la distribuidora, la reducción directa de expensas entre las unidades funcionales, o la venta a un privado cercano.

Vázquez citó antecedentes concretos: la provincia de Buenos Aires y Santa Fe ya cuentan con legislación de comunidades energéticas que habilita la venta entre privados; San Juan permite contabilizar la energía generada en una vivienda particular bajo el CUIT de un comercio distinto del mismo propietario; y en Mendoza existe la posibilidad de vender excedentes de una casa de fin de semana a un tercero. El mismo esquema, planteó, podría aplicarse a los clubes de barrio, que hoy enfrentan facturas de luz que —según coincidieron ambos periodistas en base a su experiencia en gestión municipal— llegaron a rondar entre 4 y 6 millones de pesos y pusieron en riesgo su continuidad.

Como referencia de escala, Vázquez comparó a la Argentina con Brasil: un país con un territorio y una población entre tres y cuatro veces mayores, pero con una capacidad instalada de energía fotovoltaica distribuida diez veces superior a la argentina. "No es una cuestión ni de territorio ni de población, sino de incentivos", resumió.

Compost para gastronómicos y bonos de carbono urbano

El tercer componente del esquema apunta al sector gastronómico, hoy obligado a contratar recolección diferenciada de residuos reciclables. Vázquez propuso extender la separación en origen al residuo orgánico —responsable de buena parte de las emisiones de metano del CEAMSE, que según citó es uno de los principales focos de este gas de efecto invernadero a nivel global— con recolección gratuita mediante vehículos eléctricos en horarios específicos, y compostaje en infraestructura ya existente en el sur de la ciudad, pendiente aún de certificación de Senasa para su uso comercial pleno.

El cierre de la entrevista incluyó una propuesta menos convencional: un mercado de bonos de carbono urbano, distinto de los que ya operan en el Chaco o Misiones, basado en los servicios ecosistémicos del arbolado público porteño —absorción de CO2, reducción de temperatura, prevención de inundaciones, mejora de la calidad del aire—. Según los cálculos que presentó, la venta de estos bonos a empresas podría generar entre 1,5 y 2 millones de dólares destinados a un fideicomiso para mantener y ampliar el bosque urbano.



De Roca al litio: por qué la Argentina llega tarde

La segunda mitad del programa derivó hacia un análisis histórico-económico de más largo aliento. Vázquez trazó una línea desde el gobierno de Julio Argentino Roca —que permitió a la Argentina subirse a tiempo a la primera revolución industrial gracias a los barcos frigoríficos, pasando de exportar charqui a carne fresca— hasta las dos revoluciones tecnológicas posteriores, a las que el país llegó tarde: la industrialización sustitutiva forzada por la crisis de 1929, y la revolución de la informática y las telecomunicaciones de los años setenta y ochenta, retrasada por la conflictividad política e ideológica de esa década.

Sobre la explotación actual de litio, cobre e hidrocarburos, Vázquez introdujo el concepto de "trampa de Hartwick" —en referencia al economista John Hartwick—: una vez que se pone en marcha la explotación de un recurso no renovable, resulta económicamente inviable frenarla antes de su agotamiento, dado el volumen de inversión ya comprometido. El riesgo que planteó no es la extracción en sí, sino el destino de la renta que genera: "Los recursos que genera eso no se reinvierten, se gastan", sostuvo, y recomendó el libro ¿Por qué fracasan los países?, de Daron Acemoglu y James Robinson, como marco para pensar la diferencia entre instituciones extractivas e instituciones que reinvierten en su base productiva.



El cierre: la grieta como freno a la innovación

Los tres participantes coincidieron en que la principal barrera para este tipo de propuestas no es técnica ni presupuestaria, sino política: la polarización impide evaluar iniciativas por sus resultados en lugar de por su origen partidario. Vázquez lo sintetizó apelando a la promesa fundacional de la democracia argentina: "El mito de la democracia argentina lo plantó Raúl Alfonsín cuando dijo 'con la democracia se come, se cura y se educa'. Esa promesa de un futuro deseable es lo que fracasó. Hoy no tenemos una propuesta de un futuro deseable."


Sobre el entrevistado: Javier Vázquez es sociólogo, especialista en sostenibilidad urbana y se desempeñó como funcionario del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Trabaja actualmente en el desarrollo de propuestas de política pública vinculadas a economía circular, energía distribuida y gestión de residuos, con vistas a su presentación durante 2027.

"Mates y Datos" se emite los miércoles de 18 a 19 horas por Jovita Stream, conducido por Román Reynoso y Denise Dertycia.

 

Roman Reynoso 2026

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