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01/09/26

El riesgo de tercerizar el pensamiento: por qué el uso excesivo de inteligencia artificial amenaza el aprendizaje

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La promesa de resolver tareas complejas en cuestión de segundos transformó la rutina laboral y académica, pero abrió un frente crítico: el impacto directo sobre el funcionamiento cerebral y la retención del conocimiento. La delegación sistemática de procesos mentales en modelos de inteligencia artificial no solo reduce el esfuerzo inmediato, sino que comienza a consolidar un fenómeno que los especialistas definen como sedentarismo cognitivo.



El investigador Diego Fernández Slezak, integrante del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y del CONICET, advirtió en diálogo con Infobae sobre las consecuencias de esta dinámica. Según explicó el científico, la creencia de que ceder tareas a la tecnología solo incrementa la productividad omite un principio biológico básico: las habilidades que no se ejercitan tienden a atrofiarse. Mediciones de actividad cerebral revelan que, ante el uso continuo de estas herramientas, los patrones de ondas cerebrales disminuyen su intensidad, lo que evidencia una menor exigencia cognitiva.

La problemática adquiere un cariz más complejo en las etapas formativas. Mientras que un adulto recurre a la asistencia técnica sobre competencias previamente consolidadas, un estudiante en etapa escolar o universitaria corre el riesgo de tercerizar la instancia misma en la que debería estructurar su razonamiento. Pruebas pedagógicas citadas por el investigador demuestran que, si bien el rendimiento en evaluaciones inmediatas puede ser parejo entre quienes utilizan inteligencia artificial y quienes no, la brecha de retención se amplía de forma negativa con el paso de las semanas en aquellos que delegaron el proceso. Se genera así una "deuda cognitiva": la tarea se entrega resuelta, pero la capacidad analítica no se incorpora.

A este escenario se suma la naturaleza probabilística de herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude. Al estructurarse sobre patrones de lenguaje y no sobre verificación documental directa —a diferencia de los motores de búsqueda tradicionales—, estos sistemas pueden presentar respuestas verosímiles pero conceptualmente erróneas o con fuentes inventadas.

Frente a esto, el debate pedagógico no apunta a la prohibición, sino a redefinir el rol de la tecnología en el aula. La recomendación de los especialistas establece una clara diferenciación por etapas: consolidar destrezas básicas y memorización en la escuela primaria sin mediación digital, e introducir en el nivel secundario instancias críticas de validación, donde el estudiante esté obligado a contrastar fuentes, detectar inconsistencias y reconstruir activamente el razonamiento detrás de cada respuesta automatizada. 


Roman Reynoso 2026

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