Por Román Reynoso para Mundo
Norte
El mercado de trabajo argentino
transita una transformación demográfica y cultural sin precedentes. Por primera
vez conviven de forma simultánea en las organizaciones hasta cuatro y cinco
generaciones distintas: desde los baby boomers y la Generación X, hasta
los millennials y los primeros contingentes de la Generación Z. Lo que
tradicionalmente solía gestionarse como un foco de fricción o choque de
estilos, hoy comienza a definirse como una variable estratégica para la
competitividad de las empresas, según reveló un reciente informe de Adecco
Argentina.
El diagnóstico, sin embargo,
expone tensiones estructurales. Pese a que la extensión de la expectativa de
vida proyecta carreras laborales más prolongadas y retiros tardíos, las
barreras de contratación siguen pesando fuerte sobre el segmento sénior. Según
los datos del relevamiento, el 45% de los profesionales mayores de 45 años
identifica a la edad como el principal obstáculo a la hora de reinsertarse en
el mercado, seguido de cerca por la falta general de vacantes y oportunidades
(43%).
Frente a los prejuicios
habituales, el factor formativo digital no aparece como el escollo central:
apenas un 3% de los encuestados señala a la tecnología como un impedimento
insalvable. El conflicto radica más en los sesgos del reclutamiento que en la capacidad
de reconversión de los perfiles consolidados, aunque el impacto subjetivo es
notorio: solo un 9% de los trabajadores sénior se percibe plenamente
competitivo en el escenario actual.
A la hora de ponderar las
fortalezas del talento maduro, el mercado reconoce ventajas claras pero poco
capitalizadas de manera sistemática. La experiencia acumulada lidera las
valoraciones con el 49%, seguida por la responsabilidad en el cumplimiento de objetivos
(28%), la capacidad de adaptación a escenarios adversos (13%) y el compromiso
institucional (10%).
La integración inteligente de
estos atributos con la agilidad, la afinidad digital nativa y la búsqueda de
propósito que caracterizan a los perfiles más jóvenes marca el verdadero
desafío de la gestión de recursos humanos en la Argentina. La convivencia intergeneracional
no se resuelve únicamente mediante normativas laborales, sino a través de un
cambio cultural en las estructuras corporativas: habilitar esquemas de mentoría
cruzada, flexibilizar dinámicas de comunicación y desarticular los prejuicios etarios
para convertir la diversidad en rendimiento operativo real.
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