Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La fotografía macroeconómica que
exhibe el Palacio de Hacienda muestra claroscuros cada vez más marcados. Aunque
el ancla del superávit fiscal y el ingreso de divisas constituyen los pilares
del programa actual, la economía real transita por un carril dispar: mientras
las colocaciones al exterior marcan récords impulsadas por los recursos
naturales, la inversión productiva no despega y el mercado de trabajo formal
continúa contrayéndose.
De acuerdo con el último informe
elaborado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), basado
en estadísticas del Ministerio de Economía, el Producto Bruto Interno del
segundo trimestre del año retrocedió un 0,6% respecto del período anterior. Si
bien la comparación frente al cierre de 2023 acumula una mejora del 6%, las
proyecciones anuales debieron corregirse a la baja, recortando las expectativas
iniciales de hasta un 5% a una tasa cercana al 2%.
El desglose de los componentes de
la actividad explica la raíz de esta divergencia:
- Exportaciones en alza: Registraron una suba
del 38% acumulada desde fines de 2023. El salto estuvo traccionado por el
sector energético y de combustibles (que duplicó sus despachos), los
productos primarios (+74%) y, en menor medida, las manufacturas
industriales (+30%).
- Consumo acotado: El consumo privado avanzó
apenas un 8% en el mismo lapso, condicionado por la recomposición gradual
del ingreso y la falta de crédito accesible.
- Inversión en terreno negativo: La formación
bruta de capital cayó un 4%, ratificando la cautela de las empresas a la
hora de hundir capital en proyectos de largo plazo.
El canal de ajuste: menos
empleo registrado y más cuentapropismo informal
El correlato directo de este
esquema productivo —concentrado en sectores de capital intensivo y con bajo
requerimiento de mano de obra urbana— se evidencia en el empleo. Según datos
del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), entre el cuarto trimestre
de 2023 y el segundo trimestre de este año se destruyeron 260.000 puestos
asalariados en el sector privado formal y 150.000 empleos públicos en sus tres
niveles de administración.
La contención parcial se dio por
la adhesión de unas 150.000 personas al régimen del Monotributo. No obstante,
las mediciones de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC revelan que
la masa laboral expulsada no fue absorbida por el empleo asalariado en negro,
sino por el cuentapropismo informal, que sumó 250.000 trabajadores abocados a
tareas de mera subsistencia.
Los desafíos del corsé
monetario
El diagnóstico de IDESA subraya
que la estabilidad lograda sobre la base del orden de las cuentas públicas y la
balanza comercial enfrenta límites operativos. El sesgo restrictivo de la
política monetaria y el encorsetamiento del crédito, sumados a la persistencia
del cepo cambiario y a un esquema tributario con tasas distorsivas, actúan como
freno de mano para la reactivación del mercado interno.
El informe concluye que, para consolidar la desinflación sin comprometer la sostenibilidad social y política del plan, resulta indispensable eliminar las restricciones cambiarias hacia un mercado único y libre, desobstruir el crédito y articular una reforma integral de coordinación impositiva entre la Nación y las provincias. De lo contrario, la falta de derrame hacia la economía de a pie amenaza con mantener a la producción estancada en un rebote estadístico que la mayoría de los ciudadanos no percibe en su bolsillo.
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