Por Román Reynoso para Mundo Norte
La presión tributaria en la Argentina no solo asfixia por el volumen de lo que recauda, sino por la anarquía con la que opera. La superposición de tributos sobre las ventas en los tres niveles de gobierno —el IVA nacional, los regímenes provinciales de Ingresos Brutos y las tasas municipales— conforma una maraña administrativa que drena competitividad, traba la inversión y premia la informalidad.
Frente a este cuadro, un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) plantea una salida concreta inspirada en procesos de ordenamiento regional: la creación de un "Súper IVA" que absorba las cargas subnacionales sobre las ventas. La premisa central del análisis desafía una creencia arraigada en el debate económico local: no es imperativo supeditar la reforma impositiva a una reducción previa del gasto público para obtener mejoras sustanciales en el producto bruto interno.
El laberinto de las retenciones y la asfixia judicial
Los ejemplos sobran y escalan periódicamente a los despachos judiciales. La yerbatera Las Marías, radicada en Corrientes, debió recurrir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación ante retenciones anticipadas de Ingresos Brutos aplicadas por la provincia de Misiones que equivalían a 307 años de su obligación anual. En simultáneo, los laboratorios farmacéuticos mantienen litigios contra la municipalidad de San Miguel de Tucumán por el cobro de tasas de comercio e industria en una jurisdicción donde no poseen sucursales ni personal en relación de dependencia, un esquema análogo al reclamo de la refinadora Refinor contra el municipio de Banda del Río Salí.
Estos episodios reflejan una práctica generalizada de recaudación en origen y aduanas internas que castiga a los contribuyentes que operan a escala interjurisdiccional. Ingresos Brutos y las tasas comunales funcionan en los hechos como impuestos en cascada, acumulativos y rudimentarios, que distorsionan los precios relativos a lo largo de toda la cadena de valor.
El espejo de Brasil: crecimiento sin resignar recaudación
El informe de IDESA toma como referencia empírica la transición fiscal de Brasil, un régimen federal que optó por simplificar su estructura unificando sus gravámenes indirectos en un impuesto de tipo valor agregado. Las proyecciones de impacto sobre la actividad brasileña justifican el interés:
• El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que la reforma impulsará una expansión del PBI brasileño de entre el 6% y el 11%.
• Estimaciones del Centro de Ciudadanía Fiscal de Brasil proyectan una suba del producto de entre el 4% y el 12%, mientras que otros cálculos del mismo organismo estiran el efecto acumulado hasta un 20% en un lapso de 15 años (un ritmo promedio de 1,2% anual).
La clave del modelo radica en mantener la recaudación constante mejorando el vehículo técnico con el que se percibe. Al eliminar las retenciones cruzadas, los regímenes de percepción provinciales y los costos de cumplimiento que insumen batallones de contadores y abogados, el sistema productivo recupera márgenes de eficiencia operativa. Asimismo, la simplificación del esquema achica la brecha de evasión, lo que permite fijar una alícuota única que, si bien resultaría superior al 21% actual del IVA, terminaría siendo inferior a la sumatoria efectiva de las tres cargas hoy superpuestas.
Coordinación política antes que tijera fiscal
La instrumentación de un tributo de estas características exige un pacto federal de coparticipación automática entre la Casa Rosada, las provincias y los municipios para garantizar el flujo de fondos sin intermediaciones discrecionales.
Con Brasil avanzando en su propia modernización tributaria, el costo de mantener el statu quo en la Argentina se vuelve más oneroso frente a su principal socio del Mercosur. Sanear la arquitectura impositiva a través de un esquema único no implica desfinanciar al Estado en el corto plazo; implica despejar un andamiaje burocrático que hoy funciona como un freno de mano a la expansión del sector privado.
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