Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La actividad económica vuelve a
encender luces rojas en el tablero de control del Gobierno nacional. Un informe
del Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios (CECN) de la Universidad de
San Andrés (UdeSA) proyectó una caída del 2,66% desestacionalizada del Producto
Bruto Interno (PBI) para el tercer trimestre de 2026. Si el Indec confirma este
guarismo el próximo 16 de diciembre, el país habrá ingresado formalmente en
recesión técnica tras encadenar dos trimestres consecutivos en terreno
negativo, luego de la baja del 0,59% registrada entre abril y junio.
El cálculo del modelo Nowcast
de la casa de estudios —que monitorea 29 variables de alta frecuencia— quebró
las expectativas del consenso del mercado. El último Relevamiento de
Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectaba para el mismo
período una baja del 0,95%: la estimación académica amplía esa contracción en
1,71 puntos porcentuales y acumula cinco correcciones a la baja consecutivas.
El punto de inflexión estuvo en
la dinámica mensual del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Tras
el derrumbe del 2,8% en julio, agosto mostró un magro avance del 0,07%, cuando
los modelos privados esperaban un repunte cercano al 1%. Pese a señales de
alivio parciales en despachos de cemento, importaciones y aportes reales a la
seguridad social, el estancamiento de la economía real terminó por opacar el
desempeño general.
Para la administración de Javier
Milei, el dato toca el nervio más sensible de su programa. Si bien el Ejecutivo
exhibe como banderas el ancla fiscal y la desaceleración inflacionaria, la
postergación del rebote en "V" y el enfriamiento del consumo tensan
el clima social y político a un año de las elecciones presidenciales de 2027.
La brecha entre el orden macrofinanciero y el pulso de la calle vuelve a situar
a la reactivación productiva en el centro del debate.
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