Por Román Reynoso para Mundo
Norte
El peso de las coberturas
previsionales y asistenciales destinadas a los adultos mayores condiciona de
manera crítica la sustentabilidad del Estado. El último informe del Instituto
para el Desarrollo Social Argentino (IDESA, N° 1.196) advierte que la postergación
sistemática de reformas estructurales frente a la transición demográfica
termina asfixiando áreas clave de la inversión pública.
La experiencia internacional
ofrece un espejo incómodo: países como Francia atraviesan crisis fiscales con
deudas que superan el 100% de su PBI, impulsadas principalmente por el desborde
del régimen de pensiones. En la Argentina, la inercia del gasto previsional y
de salud para la tercera edad replica ese mismo patrón de arrastre.
La evolución histórica elaborada
por IDESA muestra una brecha constante entre las erogaciones destinadas a la
vejez y las demás funciones estatales:
- En 1995, tomando como base 100 el promedio de la
década del '80, las erogaciones destinadas a la vejez treparon a 163,
mientras que el resto de las partidas estatales retrocedió a 94.
- Para 2017, la erogación previsional trepó a 220,
duplicando holgadamente el crecimiento del resto del gasto, que llegó a
137.
- Hacia 2024, en un contexto de fuerte contracción
generalizada, el resto del gasto cayó a 105, pero las coberturas de vejez
se mantuvieron elevadas en 173 puntos.
El diagnóstico de la entidad
subraya una trampa técnica y política frecuente: sostener que la reactivación
económica o una reforma laboral resolverán por sí solas el descalce
demográfico. Los números indican que el envejecimiento poblacional incrementa los
costos a una velocidad que supera cualquier recuperación de recaudación
proyectada.
La propuesta de fondo exige revisar de raíz tanto el esquema previsional como el sistema de salud. Entre los puntos neurálgicos, IDESA plantea que los trabajadores conserven su cobertura de salud de la etapa activa al momento de jubilarse, al tiempo que sugiere readecuar las prestaciones del Programa Médico Obligatorio (PMO) a los fondos efectivamente disponibles. Sin estas medidas, la absorción de recursos por la dinámica etaria continuará postergando el financiamiento en educación, infraestructura y desarrollo social.
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