Por Román Reynoso para Mundo
Norte
Una investigación liderada por
científicos de la Universidad Austral, el Hospital Universitario Austral y el
CONICET determinó que las mujeres que atravesaron y superaron un cáncer de mama
presentan una rigidez arterial significativamente mayor que aquellas que nunca
tuvieron la enfermedad. La alteración persiste al menos un lustro después de
concluido el tratamiento oncológico, un factor que eleva el riesgo de sufrir
infartos o accidentes cerebrovasculares (ACV) y que obliga a reformular los
protocolos de seguimiento clínico preventivo.
El trabajo, publicado en la
revista internacional Cardio-Oncology, analizó a más de 2.300 mujeres de
entre 35 y 65 años sin antecedentes de patologías cardíacas. Para aislar de
forma precisa el impacto del tumor y sus terapias, los investigadores
recurrieron a un emparejamiento estadístico por puntaje de propensión (propensity
score matching). Este método contrastó a pacientes oncológicas curadas con
pares casi idénticas en edad, peso, presión arterial, niveles de colesterol,
glucemia, tabaquismo y sedentarismo.
Aun compartiendo los mismos
factores de riesgo convencionales, la velocidad de la onda de pulso —estudio no
invasivo que mide la elasticidad de los vasos sanguíneos— arrojó un
envejecimiento vascular acelerado en el grupo de sobrevivientes. Cuando las arterias
pierden elasticidad, el corazón debe imprimir mayor presión en cada bombeo, lo
que desgasta prematuramente el endotelio y el músculo cardíaco.
El origen de este deterioro
responde a un mecanismo multifactorial:
- La toxicidad residual sobre el endotelio provocada
por determinados esquemas de quimioterapia.
- Procesos de inflamación sistémica de bajo grado que
persisten activos tiempo después de la remisión tumoral.
- Cambios metabólicos y celulares que alteran la
respuesta vasomotora y aceleran la degradación de la elastina en las
paredes arteriales.
El equipo multidisciplinario
estuvo encabezado por los especialistas Renzo Melchiori, Manglio Miguel Rizzo,
Noelia Brenzoni, Héctor González Alemán, Pamela Alarcón, Guido García,
Alejandro Hita y Sergio González, pertenecientes a las áreas de Cardio-Oncología,
Cardiometabolismo y Oncología Clínica del Hospital Austral junto al Instituto
de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT CONICET-UA).
Los autores remarcaron que este grupo suele quedar desatendido en las tablas tradicionales de riesgo cardiovascular, donde únicamente se computan indicadores clásicos. La incorporación de la medición de rigidez arterial mediante métodos simples y no invasivos permitiría aplicar intervenciones terapéuticas tempranas —reajuste de medicación, actividad física dirigida y pautas nutricionales específicas— antes de la aparición de cualquier síntoma coronario o vascular.
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