Por Román Reynoso Análisis
Editorial
La Argentina de 2026 no está
partida solo por sus ciclos productivos: está partida por su mercado laboral.
Y esa fractura, que se extiende como una grieta silenciosa entre regiones, se
vuelve cada vez más evidente en los datos más recientes de la Universidad
Austral.
Mientras los indicadores
nacionales parecen sugerir estabilidad —“la tasa de empleo se ubicó en 45,0%
y la de desempleo en 7,9%, prácticamente sin cambios”, señala el informe—
la realidad territorial muestra otra historia: una historia de retrocesos,
tensiones y desigualdades que se profundizan.
El centro del país: cuando la
economía se desacelera, el desempleo golpea primero
La Región Centro,
históricamente el corazón productivo del país, atraviesa su peor momento
laboral en años. El desempleo trepó a 10,0%, la cifra más alta entre
todas las regiones. Pero el dato más alarmante no es el número: es la velocidad
del deterioro.
Gran Rosario se convirtió en el
epicentro de la crisis. Su desempleo escaló a 11,5%, tras un salto de 3,8
puntos porcentuales en apenas un año. El informe lo describe con claridad: “Gran
Rosario es el caso más notorio: su desempleo pasó a 11,5% y se convirtió en el
más alto de los 31 aglomerados urbanos”.
Gran Córdoba (10,5%) y
Gran Santa Fe (8,6%) acompañan la tendencia. La región que debería estar
liderando la recuperación es, paradójicamente, la que más empleo pierde.
La actividad económica, aunque
muestra un leve crecimiento acumulado (1,5%), no logra sostener puestos
de trabajo. Las variaciones mensuales del ILCE —entre 0,02% y 0,05%—
revelan una región que apenas respira.
El Sur: pleno empleo en la
Argentina que sí crece
En contraste brutal, la Región
Sur vive otra realidad. El desempleo cayó a 2,5%, el nivel más bajo
del país. Neuquén-Plottier, impulsada por la expansión hidrocarburífera,
registró un salto de 3,8 p.p. en su tasa de empleo.
La actividad económica crece 2,1%
en el año y su tendencia mensual se mantiene firme, entre 0,53% y 0,63%.
Es la única región donde la economía y el empleo avanzan al mismo ritmo.
La Argentina energética funciona
como un país aparte: pleno empleo, consumo en alza, recaudación robusta. Una
isla de dinamismo en un mapa que muestra más sombras que luces.
La Región Andina: estabilidad
que esconde precariedad
La Región Andina parece
estable en la superficie: el desempleo apenas varía (5,7%). Pero la
subocupación —la otra cara del problema— se dispara a 13,5%, la más alta
del país.
El informe advierte que “la
subocupación aumentó casi un punto porcentual y se ubicó en 13,5%”. Es el
síntoma de una región donde el empleo existe, pero no alcanza: trabajos de
pocas horas, ingresos insuficientes, ocupaciones informales que sostienen
economías familiares al borde.
La actividad económica retrocede 2,4%
en el año. La minería, motor histórico, no logra compensar la desaceleración
general.
Un país que crece sin crear
empleo
El EMAE nacional muestra una
expansión de 1,5%, pero la tendencia revela una moderación clara: “la
tendencia se ubicó 1,4% por encima de diciembre de 2025, lo que sugiere una
moderación del ritmo de crecimiento”.
La economía crece, sí. Pero crece
sin generar empleo en vastas zonas del país. Y cuando el crecimiento no
derrama, el desempleo se convierte en el indicador más honesto de la realidad.
El desempleo como termómetro
social
La Argentina de 2026 no enfrenta
una crisis homogénea. En algunos lugares, el empleo se expande con fuerza; en
otros, se derrumba. Pero el dato que debería encender todas las alarmas es
este: las regiones más pobladas y productivas son las que más empleo pierden.
El desempleo ya no es solo un
indicador económico: es un termómetro social. Y hoy marca fiebre en el
centro del país.
La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿Puede una economía sostener su recuperación si deja atrás a millones de trabajadores?
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