Vivimos en una época en la que
hablamos constantemente de libertad, para elegir, para pensar, para
expresarnos.
Sin embargo, todavía existen
personas que sienten que deben pedir permiso para amar, que esconden sus
sentimientos o que necesitan reunir valor para contar algo tan sencillo y
profundo como de quién se enamoraron.
Y entonces me pregunto: ¿cuánto
hemos avanzado realmente si todavía hay amores que necesitan explicarse?.
Durante mucho tiempo, las
historias que llegaban a los libros, al cine o a la televisión respondían, en
su mayoría, a un mismo modelo. Afortunadamente, muchas cosas comenzaron a
cambiar. La comunidad LGBT+ conquistó derechos fundamentales y ganó espacios de
representación. Pero los derechos conquistados no significan que los prejuicios
hayan desaparecido.
En una sociedad donde la
diversidad y los derechos siguen siendo parte del debate público, considero que
la literatura puede convertirse en una herramienta para generar empatía,
acercarnos a otras realidades y comprender que, detrás de cualquier historia,
existen emociones profundamente humanas.
Cuando escribí En otro tiempo,
nosotras, mi primera novela, no quise contar simplemente una historia de
amor entre dos mujeres. Quise contar una historia de amor.
Clara y Abril, son dos mujeres
que se encuentran en momentos diferentes de sus vidas, las separan la edad, las
experiencias de vida y determinadas circunstancias, pero las une algo que
ninguna había previsto. A través de ellas, busqué explorar esa lucha entre lo
que sentimos y lo que nos animamos a vivir.
Porque el amor no siempre llega
cuando estamos preparados, ni de la manera en que nos enseñaron a esperarlo.
Con mi segunda novela, De Positano a vos, que estaré lanzando a la
brevedad, decidí continuar explorando el amor entre mujeres, pero desde otros
personajes, escenarios y conflictos.
Mi deseo es seguir ampliando ese
universo literario, incluyendo también historias de amor entre hombres y entre
personas de diferentes identidades, dando visibilidad a la diversidad de
vínculos que existen dentro de la comunidad LGBT+.
Como escritora, siento la
necesidad de aportar, desde mi pequeño lugar, a esa visibilidad. Durante
demasiado tiempo, muchas historias de amor fueron silenciadas, escondidas o
contadas desde el prejuicio. Creo que la literatura puede ayudarnos a cambiar esa
mirada. No escribo para imponer una manera de pensar, sino para mostrar que
existen tantas formas de amar como personas en el mundo.
No quiero que mis novelas sean
leídas únicamente por personas de la comunidad. Me gustaría que cualquier
lector pudiera reconocerse en ellas, porque el miedo, el deseo, las pérdidas,
las contradicciones y la necesidad de sentirse amado no tienen orientación
sexual.
Escribir también es mi manera de
acompañar. Me gusta imaginar que alguien puede encontrar en mis páginas una
historia que lo emocione, una frase que lo represente o un personaje que le
haga sentir que no está solo.
No pretendo cambiar el mundo con
una novela. Pero sí creo que una historia puede abrir una pregunta, derribar un
prejuicio o generar una conversación.
Y mientras existan historias que
necesiten ser contadas, voy a seguir escribiendo.
Porque, después de todo, el
amor no debería necesitar permiso para existir. Y mucho menos para ser contado.
Coqui Arau
Escritora
