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13/10/26

Por qué la privatización de AySA será un fracaso si la Nación no transfiere el control a CABA y Provincia

Por Román Reynoso para Mundo Norte.

La decisión de avanzar hacia la privatización de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) ataca apenas una fracción del problema estructural de la empresa. El principal déficit no radica exclusivamente en su administración estatal, sino en una anomalía federal prolongada: el esquema que obliga a los contribuyentes de todas las provincias a subsidiar el agua y las cloacas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y el conurbano bonaerense. Para desarmar esta inequidad, la regulación y el control de la compañía deben transferirse de manera directa y urgente a las jurisdicciones locales involucradas.



El último diagnóstico del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) desnuda la magnitud de esta asimetría. Entre 2006 y 2025, el Tesoro nacional inyectó en AySA subsidios equivalentes al 2% del Producto Bruto Interno. Durante ese mismo lapso, las provincias y los municipios del interior debieron sostener sus propias prestadoras de servicios, desembolsando un 5,8% del PBI. En la práctica, el habitante de Córdoba, Salta o Chubut tributa por partida doble: paga los costos operativos de su infraestructura local y aporta sus impuestos nacionales para financiar la tarifa de los usuarios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la región con mayor concentración de riqueza del país.

Esta matriz de subsidios cruzados no logró siquiera unificar los estándares de calidad dentro del propio territorio operado por AySA. Las disparidades de cobertura son extremas. Mientras CABA exhibe un acceso casi universal a la red de agua y saneamiento, los cordones del conurbano bonaerense apenas alcanzan un 73% en agua y un crítico 55% en cloacas. El financiamiento nacional irrestricto no revirtió la deficiencia del servicio; funcionó simplemente como un mecanismo para licuar el déficit operativo constante de la compañía en las últimas dos décadas.

Concesionar el servicio al capital privado mientras el Estado Nacional retiene la facultad regulatoria significa dejar el proceso a mitad de camino. La provisión y el control de los servicios públicos constituyen competencias exclusivas de los estados provinciales. Corregir el solapamiento de responsabilidades exige un nuevo acuerdo de coordinación fiscal donde la Nación se retire definitivamente de la administración sanitaria del AMBA. Entregar el poder de policía y el control tarifario a los gobiernos de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires es el paso técnico e institucional ineludible para sanear un régimen federal que hoy penaliza el desarrollo del interior para sostener artificialmente los costos operativos de la capital y sus alrededores.


Roman Reynoso 2026

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