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26/10/26

Radiografía del derrumbe salarial: por qué trabajar e invertir más ya no alcanza para ganarle al estancamiento

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La discusión pública suele concentrarse en la carrera nominal entre precios y paritarias, pero el verdadero cepo a la capacidad de compra de las familias argentinas es estructural: el colapso sistemático de la productividad. Un reciente informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), apoyado en series oficiales del INDEC, revela una paradoja demoledora: el país requiere cada vez más esfuerzo productivo e inversión para generar prácticamente la misma riqueza.



Los números entre 2016 y 2025 exponen el agotamiento del esquema: mientras que la inversión en maquinaria y equipos creció un 15% y las horas trabajadas aumentaron un 11%, el Producto Bruto Interno apenas avanzó un 5%. En términos económicos simples, la economía consume más capital físico y más tiempo de trabajo para obtener un volumen casi idéntico de bienes y servicios. Sin saltos de eficiencia, el margen para recomponer ingresos reales resulta matemáticamente nulo.

Este cuadro no es un fenómeno aislado de la coyuntura, sino la profundización de un declive que lleva más de una década. Desde 2012, el sendero productivo transita una meseta marcada por ciclos espasmódicos y aceleraciones inflacionarias que erosionaron el poder adquisitivo. Hoy, el salario real promedio del empleo formal se ubica un 25% por debajo de los registros de aquel año. A este deterioro se añade la metamorfosis del mercado laboral, donde el freno en la actividad y la adaptación de las empresas derivan en la destrucción continua de puestos asalariados registrados, desplazados progresivamente hacia la informalidad y la precarización.

El cuello de botella no radica en la voluntad de las empresas ni de los trabajadores, sino en un ecosistema hostil que premia la ineficiencia. Entre los factores determinantes se destacan:

  • Trabas burocráticas y cambiarias: el laberinto normativo para importar insumos y acceder a divisas distorsiona la cadena de suministros y encarece los costos de operación.
  • Litigiosidad y asfixia tributaria: el desgaste de recursos administrativos y judiciales dedicados exclusivamente a liquidar impuestos y litigar contra arbitrariedades fiscales supera con creces el promedio regional.
  • Marcos laborales obsoletos: convenios colectivos redactados en las décadas del 70 y 80 rigen actividades en plena era digital, condicionando la adopción de esquemas modernos de organización laboral.
  • Déficit de bienes públicos: el deterioro de la infraestructura vial y logística, la degradación educativa y la falta de previsibilidad jurídica encarecen el costo argentino en cada eslabón productivo.

El análisis de IDESA subraya una advertencia central para la política económica: el equilibrio financiero del Estado es un punto de partida insoslayable, pero de ningún modo suficiente. Sin una modernización integral del sector público en sus tres niveles —Nación, provincias y municipios— articulada mediante una coordinación tributaria que simplifique impuestos y optimice servicios, la economía continuará atrapada en un juego de suma cero donde el salario es la principal variable de ajuste.


Roman Reynoso 2026

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