Por Román Reynoso para Mundo Norte
La discusión pública suele
concentrarse en la carrera nominal entre precios y paritarias, pero el
verdadero cepo a la capacidad de compra de las familias argentinas es
estructural: el colapso sistemático de la productividad. Un reciente informe
del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), apoyado en series
oficiales del INDEC, revela una paradoja demoledora: el país requiere cada vez
más esfuerzo productivo e inversión para generar prácticamente la misma
riqueza.
Los números entre 2016 y 2025
exponen el agotamiento del esquema: mientras que la inversión en maquinaria y
equipos creció un 15% y las horas trabajadas aumentaron un 11%, el Producto
Bruto Interno apenas avanzó un 5%. En términos económicos simples, la economía
consume más capital físico y más tiempo de trabajo para obtener un volumen casi
idéntico de bienes y servicios. Sin saltos de eficiencia, el margen para
recomponer ingresos reales resulta matemáticamente nulo.
Este cuadro no es un fenómeno
aislado de la coyuntura, sino la profundización de un declive que lleva más de
una década. Desde 2012, el sendero productivo transita una meseta marcada por
ciclos espasmódicos y aceleraciones inflacionarias que erosionaron el poder
adquisitivo. Hoy, el salario real promedio del empleo formal se ubica un 25%
por debajo de los registros de aquel año. A este deterioro se añade la
metamorfosis del mercado laboral, donde el freno en la actividad y la
adaptación de las empresas derivan en la destrucción continua de puestos
asalariados registrados, desplazados progresivamente hacia la informalidad y la
precarización.
El cuello de botella no radica en
la voluntad de las empresas ni de los trabajadores, sino en un ecosistema
hostil que premia la ineficiencia. Entre los factores determinantes se
destacan:
- Trabas burocráticas y cambiarias: el
laberinto normativo para importar insumos y acceder a divisas distorsiona
la cadena de suministros y encarece los costos de operación.
- Litigiosidad y asfixia tributaria: el
desgaste de recursos administrativos y judiciales dedicados exclusivamente
a liquidar impuestos y litigar contra arbitrariedades fiscales supera con
creces el promedio regional.
- Marcos laborales obsoletos: convenios
colectivos redactados en las décadas del 70 y 80 rigen actividades en
plena era digital, condicionando la adopción de esquemas modernos de
organización laboral.
- Déficit de bienes públicos: el deterioro de
la infraestructura vial y logística, la degradación educativa y la falta
de previsibilidad jurídica encarecen el costo argentino en cada eslabón
productivo.
El análisis de IDESA subraya una
advertencia central para la política económica: el equilibrio financiero del
Estado es un punto de partida insoslayable, pero de ningún modo suficiente. Sin
una modernización integral del sector público en sus tres niveles —Nación,
provincias y municipios— articulada mediante una coordinación tributaria que
simplifique impuestos y optimice servicios, la economía continuará atrapada en
un juego de suma cero donde el salario es la principal variable de ajuste.
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