Me dejó los “te quiero” en el
borde de la cama.
Se guardó en el bolso,
las caricias caducas, que
encontró en la mesa.
Fue juntando, una por una,
las palabras cursis que había en
los rincones,
verbo amar, pretérito imperfecto.
Halló las semillas,
que celosamente, yo tenía
guardadas,
las que se caían de su risa loca,
de sus ojos tristes,
del mar de su boca cuando
blasfemaba.
Juntó los recuerdos,
los planes futuros,
las buenas palabras.
Y sin darse vuelta para ver mis
ojos,
sin pedir permiso para la osadía,
cargó las valijas,
y se fue con mi alma.
Hugo Rossi
