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21/01/26

"Tengo hambre": la dramática historia de Alan "Trapo" Lugones, el peleador de Tigre que busca la gloria a puño limpio

  


Por Román Reynoso para Mundo Norte

Su grito se volvió viral, pero detrás de los millones de reproducciones hay una realidad que duele y una voluntad inquebrantable. Desde el barrio Ricardo Rojas en Tigre, Alan Lugones transforma la desesperación en disciplina deportiva, mientras lucha por un trabajo fijo y el sustento para su hija.

A principios de 2024, Alan Lugones tocó fondo. Con una familia fracturada, hermanos perdidos en las adicciones y una heladera vacía, la desesperación lo empujó a una decisión límite: aceptar una pelea por dinero en una plataforma de streaming. No tenía técnica, ni escuela de boxeo, ni equipo. Solo tenía urgencia. Aquella noche, tras destrozar a su rival, su festejo no fue una celebración, sino un desahogo visceral que recorrió las redes sociales. "¡Tengo hambre!", gritó ante la cámara. Ese video acumuló cinco millones de visualizaciones y marcó el nacimiento de "Trapo", el peleador callejero que hoy busca profesionalizarse contra todo pronóstico.



"No me importaba perder la vida, porque me sentía acabado, sin nada más que perder", confiesa Lugones al recordar sus inicios. Aquel debut improvisado le abrió las puertas a un circuito más exigente y brutal: las peleas a puño limpio, sin guantes, que se transmiten por Canal 9. Allí, "Trapo" encontró no solo una fuente de ingresos, sino una identidad y una reputación forjada a base de coraje. Sin embargo, la fama en redes —donde lo siguen más de 15.000 personas— contrasta con su realidad cotidiana en el conurbano bonaerense.



Alan vive solo, pero su motor es su hija de 10 años. A pesar de ser reconocido en la calle y considerado un "ejemplo de superación", la economía diaria es un combate que todavía no ha ganado por nocaut. Actualmente entrena de lunes a viernes en la escuela de boxeo "Pigu Garay" en Tigre, buscando pulir con técnica profesional ese instinto de supervivencia. Pero las mañanas son inciertas: vive de "changas", trabajos temporales de tres meses que no le permiten proyectar una estabilidad para ayudar a su hija como él quisiera.

Su lucha trasciende el octágono. Lugones lleva con orgullo el nombre de su origen: una villa en Ricardo Rojas, Tigre, donde el paco y la marginalidad amenazan el futuro de los más jóvenes. "Trato de ser lo que no hay: luz, esperanza de que sí se puede", afirma. Cuando el dinero de las peleas o las changas lo permite, Alan compra alimentos y ropa para repartir entre sus vecinos, devolviendo al barrio lo poco que tiene, intentando marcar un camino distinto para los chicos que lo ven como un referente.



El próximo 21 de marzo, Alan "Trapo" Lugones volverá a pelear. Se prepara con lo que tiene, pero las carencias son materiales y urgentes. Necesita indumentaria básica —guantes, vendas, ropa deportiva—, suplementos como proteínas y creatina para soportar el desgaste físico de alto rendimiento, y algo tan elemental como una bicicleta para poder ir a entrenar sin gastar en transporte. Pero su pedido más fuerte es la dignidad del trabajo: busca un empleo fijo por la mañana que le permita sostener a su familia y liberar sus tardes para dedicarse al deporte que le salvó la vida.

Alan Lugones es la prueba viviente de que el hambre de gloria puede más que el hambre física, pero también es un recordatorio de que el talento y el coraje necesitan oportunidades reales para no quedar a mitad de camino.


Roman Reynoso 2026

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