Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La competitividad de la
economía argentina no se encuentra bajo amenaza únicamente por variables
externas o tipos de cambio atrasados, sino por una patología interna de larga
data: la anarquía tributaria del sistema federal. Un reciente informe del Instituto
para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone el foco en cómo la falta de
coordinación entre la Nación, las provincias y los municipios ha generado un
entramado de impuestos superpuestos que encarece los costos de producción y
deja al país en desventaja frente a sus principales competidores.
El diagnóstico es contundente.
Mientras que en los países desarrollados el federalismo no es una traba para la
competitividad —de hecho, la presión tributaria en países federales de la OCDE
(32,1% del PBI) es ligeramente menor que en los unitarios (34,5%)—, en la
Argentina se convierte en una "maldición" por la falta de acuerdos de
coordinación. El ejemplo más crítico es el impuesto a las ventas. Mientras el
mundo tiende hacia un IVA único, en nuestro país conviven el IVA nacional con
el impuesto sobre los Ingresos Brutos provincial y las tasas de seguridad e
higiene municipales, que funcionan en los hechos como un "Ingresos Brutos
local".
Esta triple imposición
descoordinada no es solo un problema de carga administrativa. Es una barrera
que expulsa inversiones. Casos recientes, como la derrota de empresas locales
frente a competidoras internacionales en licitaciones estratégicas o el avance
de productos extranjeros sobre la industria local, demuestran que el
proteccionismo tradicional ya no es una respuesta válida. La solución, según el
análisis, no pasa por cerrar fronteras, sino por limpiar de obstáculos el
camino de los productores nacionales.
La propuesta de fondo es
ambiciosa: la creación de un "Súper IVA" que absorba a Ingresos
Brutos y a las tasas municipales. Este sistema, que ya ha sido implementado con
éxito por potencias emergentes como la India y que Brasil ya ha comenzado a
transitar este año, permitiría reducir la evasión y unificar la seguridad
jurídica. Si bien la alícuota de este nuevo tributo debería ser superior a la
actual para compensar la eliminación de los otros dos, la carga real para la
empresa —la "alícuota implícita"— terminaría siendo menor al
eliminarse las distorsiones de la acumulación de cascadas tributarias.
En definitiva, la modernización de la estructura fiscal es una urgencia que no admite más dilaciones. Con Brasil ya en marcha, Argentina se arriesga a quedar aislada en su propio laberinto impositivo, castigando a quien produce y exporta mientras los vecinos regionales coordinan sus recursos para ganar el mercado global.
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