Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La escena teatral argentina se
prepara para celebrar una marca histórica. El próximo miércoles 25 de marzo, a
las 20 horas, la sala Picasso del Paseo La Plaza será el escenario de un
acontecimiento poco frecuente en la cartelera porteña: el thriller psicológico
"El cuarto de Verónica" cumplirá sus primeras 1000 funciones.
La obra, escrita por Ira Levin
—el recordado autor de El bebé de Rosemary—, se ha consolidado como una
pieza de culto dentro del género de suspenso. Bajo la dirección y producción de
Adrián Lázare, esta puesta ha logrado algo inusual para el género en el país:
una permanencia ininterrumpida que no solo recorrió los escenarios más
importantes de Buenos Aires, sino que también se extendió con éxito por el
interior de Argentina, Uruguay y que próximamente desembarcará en Madrid.
Un fenómeno que rompe récords
Argentina ha logrado posicionarse
como el país con mayor número de representaciones de esta obra a nivel mundial.
El éxito de "El cuarto de Verónica" no es casual; la pieza ofrece una
atmósfera asfixiante y una experiencia que muchos críticos han definido como
cinematográfica sobre las tablas. Este reconocimiento se tradujo también en
distinciones de la industria, con cinco nominaciones a los Premios Estrella de
Mar, resultando ganadora en los rubros de Mejor obra y Mejor actriz.
El elenco, encabezado por Silvia
Kutika en una interpretación consagratoria, se completa con las actuaciones de
Fabio Aste, Tania Marioni y Luis Porzio. La solidez interpretativa es, sin
dudas, el pilar que sostiene esta trama inquietante sobre una joven que, tras
un encuentro fortuito en un restaurante, se ve envuelta en una pesadilla de
identidad y secretos familiares en una mansión alejada.
Excelencia técnica detrás del
misterio
El impacto que genera la obra en
el público, que suele quedarse inmóvil en sus butacas hasta el inesperado
desenlace, se apoya en un cuidado equipo creativo. La música original de Martín
Bianchedi y el vestuario de Fernando Cuellar contribuyen a construir ese clima
de época y tensión que la historia demanda. La traducción de Adrián Lázare ha
sabido adaptar el texto original manteniendo la esencia del suspenso
anglosajón, pero con una cadencia que resuena profundamente en el espectador
local.
La función del 25 de marzo no será una más; representa la vigencia del teatro de texto y la confirmación de que el suspenso, cuando está ejecutado con rigor profesional, tiene un público fiel que llena las salas de la mítica calle Corrientes.
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