Por Román Osvaldo Reynoso
El sistema previsional argentino se encuentra frente a un desafío
ineludible: el acelerado envejecimiento de la población y la caída de la
natalidad. Las reglas que rigen las jubilaciones y la cobertura médica de los
adultos mayores, diseñadas en un contexto demográfico radicalmente distinto, se
vuelven insostenibles si no se adaptan a esta nueva realidad, advirtió un
informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).
Según el INDEC, en 1914, año en que nacieron las primeras cajas
jubilatorias, apenas el 4% de la población superaba los 60 años. En 2026, esa
proporción alcanzó el 16%, y las proyecciones indican que para 2050 ascenderá
al 26%. Es decir, si a principios del siglo pasado había un mayor de 60 años
por cada 25 personas, hoy la relación es de uno cada 6, y en dos décadas será
de uno cada 4.
Este fenómeno se explica no solo por el aumento en la expectativa de
vida (quienes llegan a los 60 años viven hoy unos 25 años más en promedio,
frente a los 15 de 1914), sino también por la sostenida caída en la tasa de
natalidad.
A pesar de la contundencia de estos datos, el informe de IDESA señala un
preocupante "inmovilismo" en las políticas públicas. Las edades
jubilatorias del régimen general (60 para mujeres, 65 para hombres) se
mantienen en niveles similares a los de hace más de un siglo, cuando la
expectativa de vida era significativamente menor. A esto se suma un complejo
entramado de regímenes especiales y diferenciales que, en general, otorgan
condiciones más beneficiosas.
La situación se repite en el ámbito de la salud. El PAMI, creado en
1971, conserva su principal fuente de financiamiento: un aporte del 5% del
salario de los trabajadores activos, una proporción que resulta insuficiente
frente al aumento sustancial de adultos mayores.
La resistencia a adaptar el sistema previsional y de salud tiene
consecuencias negativas palpables: aceleración de crisis financieras, licuación
de las jubilaciones por la inflación y limitaciones en el acceso a servicios
médicos. Confiar en que la reducción de la informalidad laboral solucionará el
problema resulta "ingenuo", según IDESA, ya que ni siquiera la
estrategia más exitosa podría compensar el impacto del cambio demográfico.
Frente a este panorama, el informe propone medidas disruptivas pero
ineludibles:
- En el
sistema previsional:
Implementar un sistema de cuentas nocionales, donde el haber se calcule en
función de la expectativa de vida al momento del retiro y los aportes
acumulados. A mayor demora en el retiro y más aportes, mayor sería el
haber.
- En el
sistema de salud:
Migrar hacia un esquema donde la persona mantenga la cobertura médica que
tenía como trabajador activo al momento de jubilarse.
