Por Román Reynoso para Mundo
Norte
Un reciente informe de Idesa pone
de manifiesto una paradoja preocupante en la economía argentina actual. A pesar
de que el país está registrando ingresos significativos de divisas a través del
superávit comercial y de préstamos internacionales, estos fondos no se están
volcando a la inversión productiva ni al consumo, sino que están siendo
absorbidos por el atesoramiento privado.
De acuerdo con los datos del
balance cambiario correspondientes al primer bimestre de 2026, la balanza
comercial de bienes arrojó un saldo positivo de 4.000 millones de dólares,
mientras que los préstamos a empresas privadas sumaron otros 3.800 millones.
Sin embargo, en ese mismo período, el atesoramiento por parte de personas
físicas alcanzó los 4.900 millones de dólares. En términos llanos, la mayor
parte de las divisas que entran por exportaciones y deuda terminan resguardadas
"bajo el colchón".
Esta tendencia se ve alimentada
por una apreciación cambiaria sostenida. Con una inflación que persiste en el
orden del 3% mensual y un dólar que se mantiene estable —e incluso retrocedió
nominalmente desde los 1.400 pesos en octubre de 2025 hasta los 1.370 pesos en
marzo de 2026—, el tipo de cambio real se ha encarecido. Este escenario genera
un entorno adverso para sectores clave como la industria, el comercio y la
hotelería, que muestran signos de retroceso frente a la expansión de rubros
extractivos como el agro, la energía y la minería.
El análisis advierte que este
esquema, basado en cubrir la demanda de atesoramiento con divisas provenientes
de la contracción de importaciones y el endeudamiento, no es sostenible en el
largo plazo. Mientras los sectores urbanos, que son los principales generadores
de empleo, sufren una caída en la actividad, el mercado laboral refleja un
aumento de la desocupación y una precarización del trabajo a través del
cuentapropismo informal.
Para revertir esta dinámica, resulta imperativo acelerar la normalización del esquema cambiario. La eliminación definitiva de los restos del cepo y la libre circulación del dólar son pasos necesarios para que el mercado determine las tasas y los precios de manera transparente. Si bien este proceso puede generar turbulencias inflacionarias transitorias, es el camino para que el crédito fluya nuevamente y los dólares dejen de ser un refugio de valor para convertirse en el motor de la reactivación económica.
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