Por Román Reynoso para Mundo
Norte.
La educación secundaria en
Argentina enfrenta un síntoma alarmante que trasciende la crisis de contenidos:
la ausencia física de los estudiantes en las aulas. Según el último informe del
Observatorio de Argentinos por la Educación, basado en datos de las pruebas
Aprender 2024, el 51% de los alumnos de nivel medio falta al menos 15 días al
año. Este fenómeno, que especialistas califican como una
"polarización" de la asistencia, evidencia una desconexión creciente
entre los jóvenes y la institución escolar.
El informe revela un agravamiento
sustancial en los últimos dos años, con un incremento de 7 puntos porcentuales
respecto a 2022. La distribución de estas inasistencias muestra una tendencia
preocupante: el 21% de los estudiantes faltó entre 15 y 19 días, el 20% acumuló
entre 20 y 29 faltas, y un 10% superó las 30 inasistencias anuales. Lo que
resulta más llamativo es que el grupo de "asistencia moderada"
(quienes faltan entre 5 y 14 días) se redujo, lo que sugiere que los alumnos
están migrando hacia patrones de ausentismo más severos.
A nivel federal, las disparidades
son marcadas. La Provincia de Buenos Aires lidera el ranking negativo con un
66% de alumnos que acumulan 15 o más faltas, seguida por la Ciudad de Buenos
Aires (59%) y Tierra del Fuego (55%). En el otro extremo, provincias como
Santiago del Estero y San Juan presentan niveles significativamente menores
(28% y 29% respectivamente), aunque la tendencia al alza es generalizada en
todo el territorio nacional.
Las causas declaradas por los
propios protagonistas exponen una falta de sentido y motivación: mientras que
los sectores más vulnerables citan problemas de salud (54%) o dificultades de
acceso por clima y transporte (30%), en los estratos más altos predomina la
falta de "ganas" (48%) y la impuntualidad. Para los directores de
escuelas, el ausentismo ya es el principal obstáculo para el aprendizaje,
superando por primera vez a los problemas de infraestructura y a los bajos
logros educativos.
Sin un sistema de información pública que permita monitorear los días efectivos de clase de manera precisa, el sistema educativo argentino navega a ciegas frente a una realidad donde las aulas, aun con las puertas abiertas, se encuentran cada vez más vacías.
