Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La estructura tributaria
argentina asfixia la competitividad. El debate sobre la eliminación del
impuesto a los Ingresos Brutos y las tasas municipales a las ventas volvió a la
agenda, pero repetir fórmulas fracasadas como el Consenso Fiscal de 2017 es un
error de diagnóstico. La evidencia técnica del Instituto para el Desarrollo
Social Argentino (IDESA) demuestra que una reducción gradual de alícuotas
resulta insuficiente. La salida viable para desarmar esta trampa impositiva es
la creación de un súper IVA que absorba ambos tributos.
El problema central de Ingresos
Brutos y las tasas municipales excede su costo directo; radica en el efecto
cascada y la extrema carga burocrática. En una cadena de producción de tres
eslabones, una alícuota del 3% de Ingresos Brutos y 1% municipal encarece el
precio final del producto en un 8%. Incluso si las provincias aplicaran una
rebaja agresiva del 33% en sus alícuotas, el impacto negativo se mantendría en
un piso del 5%. A este encarecimiento constante se suman los regímenes de
retención y percepción adelantada, un entramado normativo de interpretación
ambigua que genera saldos a favor irrecuperables y licúa el capital de trabajo
de las empresas argentinas.
Avanzar hacia un súper IVA
implica unificar tributos bajo una alícuota superior al 21% actual, pero
drásticamente inferior a la carga efectiva final que hoy asumen los
contribuyentes. Al gravar el valor agregado y no las ventas acumuladas, este
esquema elimina el sesgo antiexportador, neutraliza las maniobras contables de
los gobiernos locales para eludir compromisos de baja impositiva y permite el
reintegro automático a los sectores de menores ingresos.
La discusión de fondo no pasa por desfinanciar las arcas provinciales ni quebrar los presupuestos de distritos como Tigre, Vicente López o San Isidro, sino por transparentar un sistema diseñado para la opacidad y el sobrecosto. En términos macroeconómicos, desarmar esta telaraña fiscal es un paso técnico ineludible si se busca un impacto estructural que logre desacelerar el Índice de Precios al Consumidor y fomente un repunte genuino del PBI.
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