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24/06/26

"A la gente no le va bien": el diagnóstico del economista Juan Manuel Pichetto sobre la Argentina de dos velocidades

Por Román Reynoso para Mundo Norte

La economía argentina marcha partida en dos. De un lado, los sectores que exportan y facturan en dólares vuelan; del otro, la industria, el comercio y el empleo urbano siguen ahogados. Ese es el corazón del análisis que el economista y agente de bolsa Juan Manuel Pichetto compartió este martes 24 de junio en Mundo Norte Magazine, por Radio Simphony 91.3, en una entrevista que recorrió la inflación, el dólar, la deuda, el campo y el futuro del trabajo.



"Hay sectores que les va bien, pero a la gente no les va bien", resumió Pichetto, y ahí ubicó el problema central de la gestión económica. Para el especialista —licenciado en Economía por la UADE, magíster en Finanzas y agente de bolsa— la Argentina convive con dos realidades que casi no se tocan.

Los que ganan y los que pierden

Pichetto trazó una línea nítida. Del lado de los ganadores ubicó a los sectores transables: gas, petróleo, minería, agro, pesca, intermediación financiera y comunicaciones. "Esos sectores, la energía, son las estrellas", afirmó. El problema es dónde están esos empleos: lejos de los centros urbanos, donde están los recursos naturales, y reservados a perfiles muy calificados.

Del lado de los perdedores, en cambio, puso a los no transables: la industria, el comercio, la pyme y la administración pública. "La industria está mal", planteó, y aportó un dato que pinta el cuadro: la capacidad instalada industrial ronda el 59%, cuando en los buenos momentos la Argentina opera cerca del 70% y llegó a superar el 80%. El gran conurbano, el gran Rosario y el gran Córdoba —dijo— son los territorios que más sufren, golpeados por la importación de maquinaria y equipos que antes se fabricaban en el país.

Inflación que baja, supermercados vacíos

Sobre el dato que el Gobierno exhibe como su mayor logro, Pichetto fue cauto. Reconoció el número oficial de inflación en torno al 2,1% mensual, aunque señaló que las consultoras la ven algo más alta, cerca del 3%. Su termómetro, sin embargo, no son los índices sino las góndolas: "Los supermercados están vacíos".

La comparación que eligió fue con los años 90, cuando las cajas de los supermercados estaban repletas de familias comprando. Hoy, advirtió, el cuadro es otro. Y agregó un matiz geográfico interesante: en las grandes ciudades, donde pesan más las prepagas, la educación privada y los servicios arancelados, la inflación se siente con más fuerza que en localidades donde la salud y la educación son mayormente públicas. El trasfondo es el poder adquisitivo licuado mes a mes y un consumo que no levanta.

Dólar atrasado, tasas altas y una deuda que asfixia

Pichetto reconoció la gestión del ministro Luis Caputo —"un tipo muy formado y con mucha llegada"— pero marcó la contradicción de fondo: un dólar bajo abarata las importaciones y nos vuelve caros en pesos, lo que asfixia cualquier posibilidad de desarrollar industria o comercio.

Detrás de esa decisión, la deuda. El economista estimó el pasivo argentino en torno a los 480.000 millones de dólares, cerca del 66% o 67% del PBI, y precisó que el año próximo habrá que afrontar vencimientos por unos 37.000 millones de dólares. Cada dólar que va a pagar deuda afuera —razonó— es un dólar que no va a rutas, puertos, salud ni infraestructura. "Las rutas están destrozadas, los puertos son los mismos de hace 100 años", graficó.

Las tasas altas, en ese esquema, cumplen una función: mantener los pesos dentro de los bancos para que no corran al dólar. El costo lo pagan las pymes, que necesitan crédito para renovar maquinaria y competir frente a la apertura importadora, y no lo consiguen.

Bonos: poco recorrido, mejor cautela

Como agente de bolsa, Pichetto bajó las expectativas sobre la deuda soberana. Mencionó paridades altas en los Globales —citó el GD30 en torno a 91,5 y otros tramos más largos por encima del 77%— y advirtió que a esos precios queda poco margen de suba: a los bonos cortos casi nada, a los largos quizás un 10% o 15%. "Si uno compra hoy, solo se va a llevar los intereses y muy poquito de capital", resumió. La gran ganancia de capital, la de las subas asombrosas, ya quedó atrás, en la etapa previa.

Su preferencia se inclinó hacia la deuda privada de empresas sólidas que pagan buenas tasas, y hacia las acciones de los sectores energético y financiero, que según su lectura seguirán andando bien.

El superávit y su letra chica

Pichetto puso la lupa sobre la calidad del ajuste fiscal. El superávit, planteó, se construyó congelando jubilaciones y salarios públicos —con sectores como seguridad y defensa especialmente atrasados— y, sobre todo, recortando la obra pública. Ahí encendió una alarma: la infraestructura que la Argentina necesita para sacar su producción de energía, minería y alimentos siempre la financió el Estado. El Gobierno apuesta a que esa inversión llegue del sector privado, pero —recordó— ese capital exige seguros de cambio y garantías de salida en dólares que el Banco Central no está en condiciones de asegurar. El antecedente de las PPP del gobierno de Macri, que no prosperaron, le sirvió de advertencia.

El campo, los oligopolios y las retenciones

El productor agropecuario, sostuvo Pichetto, es dueño de la tierra pero no del cereal. Con números: de unos 58.000 productores de soja concentrados en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, alrededor de 31.000 son pequeños, unos 20.900 medianos y unos 5.800 grandes. Pero casi todos terminan trabajando "a cuenta y orden" de las exportadoras, que les proveen insumos y semillas dolarizados a través de un puñado de grandes empresas con posición dominante. A eso sumó el viejo problema de las retenciones, que cobran lo mismo al pequeño que al gran terrateniente, y reclamó que algún día se discuta en serio.

El contexto global y un consejo para el oyente

Para Pichetto, el mundo jugó a favor en energía: el conflicto en el Estrecho de Ormuz empujó el precio y volvió más rentables las inversiones en yacimientos alejados. Recordó, además, que el desarrollo de Vaca Muerta lo iniciaron capitales argentinos —YPF durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y Techint, con más de 3.000 millones de dólares de Tecpetrol—, lo que hoy le da visibilidad al país ante la mirada internacional.

A un oyente que preguntó cómo defender unos pesos ociosos frente a un plazo fijo que no alcanza y un dólar planchado, le recomendó la industria de los fondos comunes de inversión que ofrecen los bancos: carteras diversificadas con rendimiento superior al plazo fijo y rescate del dinero en 48 horas.

El frente más frágil: el trabajo

Al cierre, Pichetto eligió el desafío que considera más urgente. No está en el campo, ni en la energía, ni en la minería. Está en el empleo. "Si seguimos con este esquema de apertura total de importaciones, no va a haber industria posible y no va a existir el trabajo en las grandes ciudades", advirtió. La salida que le ofrecen desde la política económica —migrar al sector transable— choca con un límite concreto: un trabajador con familia no puede mudarse a 1.300 kilómetros, a Neuquén, donde la vivienda es carísima y faltan escuelas. "Si no protegés la industria y no das trabajo en Argentina, no hay manera de que las grandes ciudades y la integración del país generen crecimiento para todos."

Su conclusión fue tan política como económica: la Argentina necesita un proyecto económico que genere trabajo. "Hace 40 años no podemos resolver cómo darle trabajo a la gente y cómo expandir la población a todos los rincones del país. Estamos todos concentrados en la capital y la Patagonia está vacía." 



Roman Reynoso 2026

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