Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La economía argentina marcha
partida en dos. De un lado, los sectores que exportan y facturan en dólares
vuelan; del otro, la industria, el comercio y el empleo urbano siguen ahogados.
Ese es el corazón del análisis que el economista y agente de bolsa Juan Manuel
Pichetto compartió este martes 24 de junio en Mundo Norte Magazine, por Radio
Simphony 91.3, en una entrevista que recorrió la inflación, el dólar, la deuda,
el campo y el futuro del trabajo.
"Hay sectores que les va
bien, pero a la gente no les va bien", resumió Pichetto, y ahí ubicó el
problema central de la gestión económica. Para el especialista —licenciado en
Economía por la UADE, magíster en Finanzas y agente de bolsa— la Argentina
convive con dos realidades que casi no se tocan.
Los que ganan y los que
pierden
Pichetto trazó una línea nítida.
Del lado de los ganadores ubicó a los sectores transables: gas, petróleo,
minería, agro, pesca, intermediación financiera y comunicaciones. "Esos
sectores, la energía, son las estrellas", afirmó. El problema es dónde
están esos empleos: lejos de los centros urbanos, donde están los recursos
naturales, y reservados a perfiles muy calificados.
Del lado de los perdedores, en
cambio, puso a los no transables: la industria, el comercio, la pyme y la
administración pública. "La industria está mal", planteó, y aportó un
dato que pinta el cuadro: la capacidad instalada industrial ronda el 59%,
cuando en los buenos momentos la Argentina opera cerca del 70% y llegó a
superar el 80%. El gran conurbano, el gran Rosario y el gran Córdoba —dijo— son
los territorios que más sufren, golpeados por la importación de maquinaria y
equipos que antes se fabricaban en el país.
Inflación que baja,
supermercados vacíos
Sobre el dato que el Gobierno
exhibe como su mayor logro, Pichetto fue cauto. Reconoció el número oficial de
inflación en torno al 2,1% mensual, aunque señaló que las consultoras la ven
algo más alta, cerca del 3%. Su termómetro, sin embargo, no son los índices
sino las góndolas: "Los supermercados están vacíos".
La comparación que eligió fue con
los años 90, cuando las cajas de los supermercados estaban repletas de familias
comprando. Hoy, advirtió, el cuadro es otro. Y agregó un matiz geográfico
interesante: en las grandes ciudades, donde pesan más las prepagas, la
educación privada y los servicios arancelados, la inflación se siente con más
fuerza que en localidades donde la salud y la educación son mayormente
públicas. El trasfondo es el poder adquisitivo licuado mes a mes y un consumo
que no levanta.
Dólar atrasado, tasas altas y
una deuda que asfixia
Pichetto reconoció la gestión del
ministro Luis Caputo —"un tipo muy formado y con mucha llegada"— pero
marcó la contradicción de fondo: un dólar bajo abarata las importaciones y nos
vuelve caros en pesos, lo que asfixia cualquier posibilidad de desarrollar
industria o comercio.
Detrás de esa decisión, la deuda.
El economista estimó el pasivo argentino en torno a los 480.000 millones de
dólares, cerca del 66% o 67% del PBI, y precisó que el año próximo habrá que
afrontar vencimientos por unos 37.000 millones de dólares. Cada dólar que va a pagar deuda
afuera —razonó— es un dólar que no va a rutas, puertos, salud ni
infraestructura. "Las rutas están destrozadas, los puertos son los mismos
de hace 100 años", graficó.
Las tasas altas, en ese esquema,
cumplen una función: mantener los pesos dentro de los bancos para que no corran
al dólar. El costo lo pagan las pymes, que necesitan crédito para renovar
maquinaria y competir frente a la apertura importadora, y no lo consiguen.
Bonos: poco recorrido, mejor
cautela
Como agente de bolsa, Pichetto
bajó las expectativas sobre la deuda soberana. Mencionó paridades altas en los
Globales —citó el GD30 en torno a 91,5 y otros tramos más largos por encima del
77%— y advirtió que a esos precios queda poco margen de suba: a los bonos
cortos casi nada, a los largos quizás un 10% o 15%. "Si uno compra hoy,
solo se va a llevar los intereses y muy poquito de capital", resumió. La
gran ganancia de capital, la de las subas asombrosas, ya quedó atrás, en la
etapa previa.
Su preferencia se inclinó hacia
la deuda privada de empresas sólidas que pagan buenas tasas, y hacia las
acciones de los sectores energético y financiero, que según su lectura seguirán
andando bien.
El superávit y su letra chica
Pichetto puso la lupa sobre la
calidad del ajuste fiscal. El superávit, planteó, se construyó congelando
jubilaciones y salarios públicos —con sectores como seguridad y defensa
especialmente atrasados— y, sobre todo, recortando la obra pública. Ahí encendió
una alarma: la infraestructura que la Argentina necesita para sacar su
producción de energía, minería y alimentos siempre la financió el Estado. El
Gobierno apuesta a que esa inversión llegue del sector privado, pero —recordó—
ese capital exige seguros de cambio y garantías de salida en dólares que el
Banco Central no está en condiciones de asegurar. El antecedente de las PPP del
gobierno de Macri, que no prosperaron, le sirvió de advertencia.
El campo, los oligopolios y
las retenciones
El productor agropecuario,
sostuvo Pichetto, es dueño de la tierra pero no del cereal. Con números: de
unos 58.000 productores de soja concentrados en Buenos Aires, Córdoba y Santa
Fe, alrededor de 31.000 son pequeños, unos 20.900 medianos y unos 5.800 grandes.
Pero casi todos terminan trabajando "a cuenta y orden" de las
exportadoras, que les proveen insumos y semillas dolarizados a través de un
puñado de grandes empresas con posición dominante. A eso sumó el viejo problema
de las retenciones, que cobran lo mismo al pequeño que al gran terrateniente, y
reclamó que algún día se discuta en serio.
El contexto global y un
consejo para el oyente
Para Pichetto, el mundo jugó a
favor en energía: el conflicto en el Estrecho de Ormuz empujó el precio y
volvió más rentables las inversiones en yacimientos alejados. Recordó, además,
que el desarrollo de Vaca Muerta lo iniciaron capitales argentinos —YPF durante
el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y Techint, con más de 3.000
millones de dólares de Tecpetrol—, lo que hoy le da visibilidad al país ante la
mirada internacional.
A un oyente que preguntó cómo
defender unos pesos ociosos frente a un plazo fijo que no alcanza y un dólar
planchado, le recomendó la industria de los fondos comunes de inversión que
ofrecen los bancos: carteras diversificadas con rendimiento superior al plazo
fijo y rescate del dinero en 48 horas.
El frente más frágil: el
trabajo
Al cierre, Pichetto eligió el
desafío que considera más urgente. No está en el campo, ni en la energía, ni en
la minería. Está en el empleo. "Si seguimos con este esquema de apertura
total de importaciones, no va a haber industria posible y no va a existir el
trabajo en las grandes ciudades", advirtió. La salida que le ofrecen desde
la política económica —migrar al sector transable— choca con un límite
concreto: un trabajador con familia no puede mudarse a 1.300 kilómetros, a
Neuquén, donde la vivienda es carísima y faltan escuelas. "Si no protegés
la industria y no das trabajo en Argentina, no hay manera de que las grandes
ciudades y la integración del país generen crecimiento para todos."
Su conclusión fue tan política como económica: la Argentina necesita un proyecto económico que genere trabajo. "Hace 40 años no podemos resolver cómo darle trabajo a la gente y cómo expandir la población a todos los rincones del país. Estamos todos concentrados en la capital y la Patagonia está vacía."
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