Por Román Reynoso para Mundo
Norte
El "edadismo" —la
discriminación o el prejuicio por motivos de edad— se consolidó como una de las
problemáticas sociales más preocupantes y menos visibilizadas en el país. En el
marco del Día Mundial de la Población, un nuevo relevamiento internacional de
la red WIN y la consultora Voices! reveló que el 79% de los argentinos
considera que la discriminación por edad es un problema serio en nuestra
sociedad. De ese total, un 45% lo califica como "muy serio" y un
33% como "algo serio", cifras que superan con holgura el promedio
global del 66%.
El diagnóstico local expone una
fuerte demanda colectiva respecto de la desprotección estatal y social. El 54%
de los encuestados afirma que en el país no se cuida adecuadamente a ninguno de
los tres grupos más vulnerables analizados: adultos mayores, jóvenes y personas
con discapacidad. Esta percepción de desamparo es 10 puntos porcentuales
superior a la media internacional.
El 74% de los argentinos sostiene
que las personas mayores no reciben el cuidado suficiente por parte de la
sociedad, ubicando a la Argentina entre los diez países más críticos del mundo
en esta materia.
La brecha de percepción: la
mirada según los años
La sensibilidad frente al
edadismo no se distribuye de manera uniforme. El estudio evidencia una marcada
fractura generacional cuando se analiza el impacto emocional y social de
envejecer en Argentina:
- Adultos de 50 años o más: La preocupación
por la discriminación por edad escala al 88%, y un contundente 87%
considera insuficiente el cuidado destinado a la vejez.
- Jóvenes de 18 a 24 años: El rechazo a esta
discriminación se ubica en el 62%, mientras que un 63% evalúa de
forma negativa el nivel de protección social hacia la población mayor.
La percepción de vulnerabilidad
también se profundiza entre las mujeres (59% frente al 49% de los hombres), los
sectores de menores recursos económicos (58%) y los habitantes del Gran Buenos
Aires (61%).
El peso del edadismo en el
mercado laboral argentino
La discriminación por edad en el
país no es un debate meramente filosófico; golpea directamente la supervivencia
económica. El mercado laboral actúa como el principal catalizador del edadismo.
La barrera de los 45 años se ha transformado en un límite invisible pero
implacable para la reinserción en empleos formales, forzando a miles de
profesionales activos a la informalidad o al autoempleo como única vía de
sustento.
La contradicción es evidente: mientras la expectativa de vida avanza y las personas de mediana edad demuestran plena vigencia técnica y física, las búsquedas laborales tradicionales continúan excluyendo sistemáticamente a perfiles que superen la cuarta década de vida, desaprovechando experiencia y capital humano clave.
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