Por Román Reynoso para Mundo
Norte.
Las vacaciones de invierno
arrancaron y los bonaerenses no necesitan subirse a un avión para meterse en
agua caliente. La provincia tiene nueve complejos termales repartidos de punta
a punta, algunos a menos de dos horas de la Ciudad de Buenos Aires, otros
escondidos en el sudoeste donde el viento corta la cara y el agua brota a 74
grados del subsuelo.
Carhué: el agua que flota sola
A 520 kilómetros de la Capital,
en el distrito de Adolfo Alsina, el Lago Epecuén tiene más sal que el Mar
Muerto. Treinta mil años de mineralización hacen que un tipo se quede flotando
sin mover un dedo. Los complejos hoteleros de Carhué aprovechan esa agua para
piletas termales, fangoterapia y masajes. A la tarde, los turistas caminan
entre las ruinas de Villa Epecuén, la ciudad que el agua se tragó en 1985 y que
ahora emerge como un paisaje de cemento podrido y árboles blanqueados por la
sal.
General Belgrano: la más
cercana
A 160 kilómetros de CABA, las
Termas del Salado son la opción para quien no quiere manejar toda la noche.
Piletas cubiertas y semicubiertas entre 34 y 40 grados, spa, juegos para los
pibes y en verano un parque acuático. El agua tiene sodio, azufre y sales. Los
vecinos de la zona la usan para dolores de espalda y para olvidarse del laburo.
También hay cabañas, camping y parrillas para quien se queda el finde.
Dolores: el complejo nuevo
Sobre la Ruta 63, a dos horas de
Buenos Aires, el Parque Termal Dolores tiene siete piletas, algunas bajo
cúpulas de vidrio para que el frío no moleste. Spa, masajes, yoga, centro
comercial, restaurantes y un lago ornamental. Es el lugar para la pareja que
quiere escaparse un sábado y volver el domingo con la espalda relajada y la
tarjeta un poco más liviana.
Médanos: el extremo
En el sudoeste, a 45 kilómetros
de Bahía Blanca, el agua brota a 74 grados desde un pozo surgente. El predio
tiene 18 hectáreas, lago artificial para kayak, senderos entre el monte y la
estepa, y pileta cubierta para cuando el viento patagónico no deja respirar.
Acá no hay lujo. Hay tierra, agua caliente y silencio.
Tapalqué: lo de la comunidad
A 51 kilómetros de Azul, sobre la
Ruta 51, las Termas Tapalqué las maneja la municipalidad. Diecisiete hectáreas
con piletas cubiertas y al aire libre, plaza de aguas con juegos para los
chicos, paseo comercial y bosques nativos. Es la opción para la familia que no
quiere gastar lo de un viaje al exterior en un fin de semana de agua caliente.
Las otras cuatro
Patagones tiene las Termas Los
Gauchos, con agua a 80 grados y concentración de bromo e yodo. Pedro Luro,
sobre la Ruta 3, tiene siete piletas y agua que nace a casi mil metros de
profundidad. Necochea tiene Médano Blanco, con hidromasajes y restaurante. Y
San Clemente del Tuyú tiene el Termas Marinas Park, dentro del predio del Faro
San Antonio, con ocho piletas y agua que sube desde 1.500 metros bajo tierra.
El dato del bolsillo
Mientras el turismo interno atraviesa un año complicado por la caída del poder adquisitivo, las termas bonaerenses se consolidan como la alternativa accesible. No hace falta pasaporte ni reserva en dólares. Hace falta tanque lleno, una muda de ropa y ganas de no hacer nada durante cuarenta y ocho horas.
Instagram: @mundonorte
