Por Román Reynoso para Mundo
Norte
La premisa tradicional asocia
crecimiento productivo con generación de empleo. Los datos actuales la
desmienten. Según el último informe de IDESA (julio de 2026), basado en cifras
del INDEC y la Secretaría de Trabajo, la economía argentina exhibe una paradoja
estructural: los sectores de mayor expansión son, a la vez, los que más puestos
de trabajo formal eliminan.
Entre noviembre de 2023 y mayo de
2026, la industria, la construcción y el comercio contrajeron su producción un
9% y su empleo formal un 6%. Pero el dato más revelador ocurre en los sectores
dinámicos. Petróleo, gas y minería expandieron su actividad un 37%, mientras
destruyeron el 9% de sus puestos. La actividad financiera creció un 12%, con
una caída del 6% en la ocupación.
Solo el sector agropecuario
mantiene una correlación positiva entre actividad y empleo. En el resto, la
reconversión tecnológica y la búsqueda de eficiencia operan como factores de
destrucción neta de trabajo registrado. Como consecuencia, en los últimos dos
años prácticamente toda la ocupación generada provino del cuentapropismo no
registrado, mientras los salarios reales se mantienen estancados en niveles
similares a fines de 2023, sin recuperar el poder adquisitivo perdido desde
2018.
El equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria, aunque necesarios, resultan insuficientes para amortiguar esta alarma laboral. IDESA advierte que revertir esta dinámica exige desmantelar trabas estructurales: la eliminación definitiva del cepo cambiario, la independencia del Banco Central y, crucialmente, un acuerdo de coordinación fiscal Nación-provincias. Reemplazar impuestos distorsivos como Ingresos Brutos por un sistema de Super IVA aparece no como una opción técnica, sino como un requisito para evitar que la erosión del empleo formal termine por socavar la sustentación política de las reformas en curso.
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