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14/08/26

EL PEREGRINO PÁLIDO Y LA REINA DORADA (UN KÄMI DEL UNIVERSO 13) por Vartan Gómez



–Aun no soy digno de ti, Oh, ¡Gran Reina Dorada! –sentenció, compungido, el Peregrino Pálido.

         –Vete entonces, Peregrino Pálido, y vuelve cuando creas estar listo –le dijo ella con una sonrisa aprobatoria.

         Y emprendió entonces un viaje por el mundo para adquirir la dignidad necesaria y de esa manera obtener los favores de la fría, hermosa y pluscuamperfecta Reina Dorada.

         El Peregrino Pálido fatigó todas las ciudades y villas, aldeas y pueblos del mundo de Läuria. Buscó a sabios y maestros, filósofos y eruditos para pedir sus consejos y aprender de su sabiduría. El Peregrino Pálido escuchó y aprendió, reflexionó y meditó, y supo reconocer su falta de sabiduría.

         Los años pasaban raudamente y el Peregrino Pálido no cejaba en su viaje, infatigable, aprendiendo y aprendiendo, combatiendo contra la Ignorancia que lo acosaba, en busca perpetua de una Dignidad a la altura de Su Reina Dorada

Y así, finalmente, el Peregrino Pálido regresó a su país y llegó ante el trono de su adorada Reina Dorada, para quien parecía no haber pasado el tiempo, porque seguía joven y radiante como la última vez que la había visto tantos años atrás.

         –¡Oh, Mi Amada Reina Dorada! ¡Después de tantos años al fin creo que soy digno de tu Amor! –sentenció el cansado Peregrino Pálido.

         –¡Ay, Mi Pequeño Peregrino Pálido! ¿Crees ser digno de mi Amor ahora?

         –Hoy me siento digno de ti, Amada Reina Dorada.

         –Siempre tuviste mi Amor, Peregrino Pálido.

         –¿Y por qué no me lo dijiste antes, Reina Dorada?

         –Porque nunca me lo preguntaste.

         –¿Entonces al fin podremos estar juntos?

         –No.

         –¿Por qué?

         –Porque ya no me atraen los hombres. He tenido tantos a lo largo de mi vida que ya me he cansado de estar con ellos.

         El Peregrino Pálido entrecerró los ojos.

         La Reina Dorada le sonrió con sorna.

         –Tu viaje ha sido en vano, Peregrino Pálido. Márchate de una vez. Estoy cansada. El tedio del trono agota mis fuerzas. Me voy a dormir con mis esclavas amantes.

         Y habiendo dicho esto, la Reina Dorada se marchó a sus aposentos.

         El Peregrino Pálido se quedó en silencio mientras veía marcharse a la reina de sus sueños y obsesiones.

         –¡Rayos! –exclamó el Peregrino Pálido riendo a carcajadas.

         Los guardias reales pusieron las manos en sus lanzas, por las dudas.

         Entonces, el Peregrino Pálido salió del palacio, salió de la ciudad mientras cantaba, alegremente:

 

         “Peregrino no hay Camino,

         Se hace camino al andar.

         Si tú buscas tu Destino,

         Solo así lo has de encontrar.                                                                                       

         Caminando, caminando…”

 

         Y así, el Peregrino Pálido se perdió en el horizonte, donde el Sol se ocultaba entre las tinieblas de la noche…

 

 

 

VARTAN GÓMEZ

                                                                                          Miércoles 12 de Agosto de 2026 

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